Una mujer que halló en la construcción el oficio de su vida

Una mujer que halló en la construcción el oficio de su vida

Junio 19, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Cielo Granados dirigió en los últimos cuatro meses los terminados de la Ciudadela Nuevo Latir.

Con una mezcla de necesidad, decisión y deseo de superación ha construido su gran obra: levantar a su familia y darles buenos cimientos para que sean útiles a la sociedad.Para Cielo Granados, su humilde hogar de una sola planta en el barrio Petecuy, en el Distrito de Aguablanca, con tres hijos de mostrar, es la construcción de su vida.Construcción tan grandiosa para esta maestra de obra como aquellas donde su empresa la manda a dirigir.La necesidad la sacó de su casa y la puso a trabajar, cuando se separó de su esposo y quedó con tres hijos pequeños. Empezó de aseadora en una empresa de construcción. Pero esta madre soltera vio que repellando y estucando le iba mejor, y palustre en mano, comenzó de ayudante de los trabajadores hasta aprender el oficio.La construcción de su nuevo destino en un trabajo hasta entonces exclusivo de hombres, la hizo experta en todo: desde montar estructuras, levantar cimientos, fundir vigas y pegar ladrillos hasta hacer pulidos acabados de obra blanca.Además de arduas jornadas, Cielo a veces se enfrentaba también a compañeros a los que les resultaba incómoda la competencia femenina. Ella no se amilanó, ingresó al Sena y se graduó de técnica en construcción. Todo un reto considerando que había cursado hasta tercero primaria.Así comenzaron a asignarle responsabilidad en trabajos más importantes. Y a devengar mejor salario. Con eso fue educando a sus hijos, un varón y dos niñas. A pesar de la responsabilidad del hogar y de su trabajo, se superó más: volvió al Sena para obtener el título de oficial.Su intuición le dio el secreto para trabajar con “aquellos que no se acoplan a que una mujer los dirija”: tratarlos con respeto y con amor, de un lado. Y del otro, prepararse más. Entonces volvió al Sena y se graduó como maestra de obra.En el camino no faltaron los obreros que quisieron desafiarla. Como aquel que le tiró la brocha y el tarro de pintura a un lado y le dejó la obra a medio terminar, con un “usted friega mucho”. “Yo le dije: ‘Vaya relájese y después hablamos’. Y luego le dije: ‘usted tiene que trabajar como le digo porque yo soy la maestra, y si quiere, lo ayudo a entrar al Sena. Hoy es maestro de construcción también”, cuenta.Dieciséis años han pasado desde que cambió la escoba y el trapeador por un overol y el casco de seguridad industrial. Ahora que es maestra de Sainc Ingenieros, una firma contratista de construcción, ha llegado a dirigir hasta 400 obreros en obras hasta de doce pisos. Y todos siguen sus instrucciones sin chistar.“Le cogí cariño a mi trabajo porque con éste pude criar unos excelentes hijos: una es ingeniera industrial y auxiliar contable y la otra es enfermera y paramédica y aunque mi hijo murió, fue un joven de bien”, dice con sencillez, pero con satisfacción Cielo Granados. La mujer que construyó su vida en un trabajo de hombres.

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