Testimonios de víctimas de contrajeron peligrosa bacteria en una clínica de Cali

Testimonios de víctimas de contrajeron peligrosa bacteria en una clínica de Cali

Enero 25, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Unidad Investigativa de El País
Testimonios de víctimas de contrajeron peligrosa bacteria en una clínica de Cali

Tecnología. Pese al impasse ocurrido, la clínica Sigma cuenta con los equipos suizos y alemanes más avanzados y de alta precisión para diagnóstico y cirugías de ojos.

Lea las historias de los afectados por una peligrosa bacteria, después de ser operados en los ojos en una clínica de la ciudad.

En un hecho insólito en la medicina caleña, el mismo día cinco pacientes fueron operados y adquirieron una bacteria tan agresiva, que en cuestión de horas les estaba devorando el ojo.Estos son los testimonios:"Eso fue como un paseo de la muerte"El 7 de diciembre del 2013, justo cuando la ciudad se aprestaba celebrar el ‘Día de las Velitas’, los médicos de la Clínica Comfenalco de Cali dieron de alta a Roberto, después de que se apagara definitivamente la luz de su ojo izquierdo.Fue más de una semana en la que este padre de familia, pensionado del Seguro Social y dedicado hasta antes de la cirugía a labores de vigilancia, estuvo luchando con un enemigo invencible.“Eso era una cosa estremecedora. Cuando me echaban las gotas para tratar de eliminar la infección, lo que me brotaba era espuma del ojo”, relata Roberto, quien con su esposa y sus hijos recorrió varios centros médicos de Cali esperando que en alguno lograran detenerle un dolor que no había experimentado jamás. “Nosotros llamamos a Sigma porque ya no aguantaba el dolor y me dijeron que eso era normal, pero con semejantes punzadas tuvimos que salir por urgencias. Eso fue como un ‘paseo de la muerte’”, recuerda. Pero su caso reviste un doble drama. El ojo izquierdo, el que perdió, era por el que más veía; él había acudido a una cita de oftalmología pero para que le trataran la embolia que tenía en el ojo derecho. “Yo tenía una gota de sangre en la vista derecha pero como estaba perdiendo cada vez más la visión, entonces decidieron operarme primero la catarata en el ojo izquierdo porque era una cirugía más sencillita; y ya ve usted lo que me pasó”.Aún así, sin que las heridas físicas y sicológicas por la pérdida del ojo hubieran alcanzado a sanar, se vio obligado a someterse de nuevo al quirófano porque la embolia lo estaba dejando ciego por completo.“Para nosotros fue algo muy duro y que afectó muchísimo a la familia. Imagínese yo ver a mi esposo completamente ciego durante seis meses. Y cuando se estaba recuperando le dio otra embolia y solo hace tres meses recuperó la visión en el ojo derecho”, explica su esposa, al recordar que hasta el nieto de dos años y medio le daba la mano para llevarlo al baño, acompañarlo al comedor y volver a llevarlo a la cama, mientras se golpeaba con todo.Pero aunque de nuevo puede valerse por sí solo, a lo que no se logra acostumbrar ni él ni su familia es a convivir con la prótesis que le fabricaron para cubrir el vacío de su lado izquierdo.“Es una prótesis móvil, pero nos da impresión limpiarla; estamos pidiendo cita porque nos da pánico a mi hija o a mí sacar y meter ese ojo. Yo me lavo con el chorro de agua por los lados, pero no me siento capaz de meter el dedo y sacarme el ojo”, dice Roberto.“Durante tres días dormí con el diablo”A Luis * un espejo y la cámara de su celular se encargaban cada hora de hacerle un diagnóstico certero de la gravedad y el daño que la bacteria estaba ocasionando en su ojo derecho.Aunque el desespero y la preocupación eran inexplicables, más allá del drama pensaba en su esposa y en su hija de 14 años, quienes subsisten gracias a sus ingresos como soldador independiente, un oficio que aprendió desde niño y que lógicamente no podrá volver a ejercer.“Desde el primer día de la cirugía fue como si me hubiera acostado con el diablo porque no pude dormir en toda la noche. Yo sentía como si tuviera un taladro en la cabeza y que el ojo entraba y salía”.Y era exactamente eso lo que estaba ocurriendo. Por su condición de diabético la bacteria se multiplicaba a gran velocidad cada segundo. En 24 horas, el ojo era una gran gota de sangre y en 48, la bacteria había logrado desplazar la órbita de su cavidad. El pus salía por cantidades de su lagrimal.“Yo no sabía ni para donde irme. La clínica no tenía urgencias, uno llamaba no le contestaban y después me dieron cita y me dijeron que no tenía nada y que me echara un antibiótico y así estuve tres días, hasta que me entraron el sábado 30 de noviembre para rasparme el ojo”, relata.Por ser el más joven de todas la víctimas, apenas tenía 48 años cuando le hicieron la cirugía, es también quien luce más afectado emocionalmente por esta situación.“El día de la cirugía estaba una señora al lado mío y cuando la revisaron le dijeron que no la podían operar porque tenía la presión muy alta y salió aburrida de allá. Pero cosas de mi Dios; eso la salvó”.Pero en medio de su dolor hace un alto en el camino para hacer un análisis de su situación. “Me da también sentimiento porque el médico después no nos dio la cara y se perdió con el cuento que era que tenía el H1N1”. “Ya después fui por mi historia clínica con una orden de la Fiscalía y me dio un golpecito en el hombro y me dijo que me iba a hacer la prótesis y me prometió el cielo y la tierra. Pero cuando le pregunté cómo iba a hacer para pagarme el ojo, se quedó callado y no supo responder; tal como lo hizo en la audiencia de conciliación.* Luis ha pedido que se cambie su nombre para evitar señalamientos.“Le pedí al médico que me sacara el ojo”Ya había pasado un mes desde la cirugía y una tarde, estando afuera de su casa, Marco* pegó un grito y se llevó la mano al rostro lamentando su suerte al sentir que un chinche le orinó en el ojo. Por instinto entró en su casa para enjuagarse con agua, pero quedó preso del susto porque de inmediato perdió la visión en el ojo derecho y corrió a pedirle a un vecino que lo llevara al médico.“Me fui para la clínica de Comfandi en la Calle 1 con 56 y de un empujón me le metí al vigilante, pero me remitieron a la Oftalmológica y lo primero que me dijo el especialista es que había perdido el ojo”.Marco fue intervenido quirúrgicamente el 30 de diciembre en un esfuerzo por salvarle la vista pero ya el daño era irreversible. “Yo alcance a escuchar cuando el médico le dijo a mi esposa y mi cuñada que ya no había nada que hacer.Aún así, el 6 de enero fue operado de nuevo y el 10 de enero entró por tercera vez al quirófano sin resultados. “Ya en esa situación le dije al médico: si me tiene que sacar el ojo para que esa bacteria no se me vaya al cerebro y me vaya a dejar ciego del todo o enfermo, hágalo porque yo soy una persona muy pobre y uno pobre no puede darse el lujo de quedar ciego del totazo o postrado en una cama”. De repente frena el ímpetu con el que cuenta su historia y hace un largo silencio y evade la realidad. Retoma en otro aspecto más alegre de su vida: “Una vez me fui a bailar, porque fui bailarín de zapato blanco y bailo muy sabroso; yo soy de la época de Amparo Arrebato y estaba bailando con una muchacha y le pegué en una pucheca y el marido o el novio se salió de la ropa; mi señora trataba de explicarle que yo no veía por un ojo, pero él no entendía; por suerte andaba yo con dos sobrinos grandulones”.Otro silencio y de nuevo en su tragedia: “Pienso que al médico le faltó ética porque si sabía lo que les había ocurrido a los primeros tres pacientes por qué no me trató con antibióticos. Él me pudo salvar el ojo. (* nombre cambiado)

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