¿Qué hay detrás del 'dogging', la práctica de tener sexo en sitios públicos?

¿Qué hay detrás del 'dogging', la práctica de tener sexo en sitios públicos?

Septiembre 28, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Miguel Castro y Stephanie Holguín*
¿Qué hay detrás del 'dogging', la práctica de tener sexo en sitios públicos?

El acto sexual en público, aunque censurado, tiene sus reglas.

Pese a que cada vez toma más fuerza, el 'dogging' escandaliza a muchos. Tener sexo en lugares públicos o en espacios prohibidos hace parte del universo de las parafilias. Panorama.

Cuando faltan pocos minutos para que sean las 7:00 de la noche, Martín, un estudiante de medicina de 21 años, prepara su indumentaria deportiva para salir a trotar... al menos eso piensan en su casa. Él es uno de los centenares de hombres que esperan con impaciencia la oscuridad, como vampiros que se refugian en la parte más oscura del parque de El Ingenio, y cuyas orgías no son de sangre, sino de anonimato. El joven revela que no poder ver bien la cara del desconocido con el que tendrá una relación íntima en ese oscuro lugar lo emociona, pero mucho más, pensar que puede tener una vida paralela.Siempre ha existido la tendencia a encontrar excitación en actividades u objetos que son atípicos o extremos; a estas conductas se les conoce como parafilias. En Cali hay una parafilia en auge: la agorafilia o gusto por tener sexo en sitios públicos y espacios abiertos. Esta se practica de dos formas: teniendo encuentros casuales con desconocidos o haciendo el amor furtivamente.¿Qué motiva a alguien a cambiar la comodidad de una cama mullida por una relación apurada e ilícita? Según la sicóloga Angélica Rebolledo, la respuesta es simple: el aburrimiento sexual. “En nuestra época ya lo hemos visto todo y hecho todo... el sexo en su forma más ortodoxa ya no resulta excitante para muchas parejas, la gente busca nuevas formas de explorar su sexualidad... en terapia de parejas en crisis es aconsejable probar cosas distintas, siempre y cuando no afecte la integridad personal”.Son las 11:00 p.m. de una calurosa noche caleña en el barrio Tequendama. En una pequeña zona industrial, un carro permanece parqueado frente a una bodega. Lucy, empleada bancaria de 28 años, mira con nerviosismo desde el interior del vehículo de su esposo. Esta noche, por fin, van a tener sexo en la calle. Aunque buscan evitar el peligro a toda costa, una dosis de riesgo es requerida; el sitio que escogieron, aunque poco transitado y oscuro, es iluminado por las farolas de automóviles que pasan frente a ellos, y cuyos conductores probablemente creerán haber visto dos siluetas en una posición comprometedora, así como también lo creerán el celador de la cuadra y algún incauto transeúnte. “Rico hacer algo distinto... llegó un punto en la relación en que nos aburrimos de lo mismo, entonces andamos buscando cosas diferentes”.Gais y heterosexuales tienen formas distintas de referirse a la práctica del sexo con desconocidos “en la calle”: ‘cruising’ y ‘dogging’. La primera, es usada por la comunidad gay desde los años 70 y tiene un significado que se puede interpretar como “hacer patrullaje”. El ‘dogging’ o cancaneo es una palabra que nace de la excusa que usaban los que acudían a parques a tener sexo: pasear al perro.Como Martín, son muchos los que disfrutan tener sexo en el Parque del Ingenio. Durante una hora nocturna se pueden contabilizar 35 personas caminando por el jarillón del río que lo atraviesa. La zona se convierte en escenario de masivas actividades sexuales entre personas que no se conocen. La luz del día revela el desenfreno nocturno: docenas de condones y botellas de licor cubren las orillas del río Meléndez.Al parecer, los parques son los espacios predilectos de quienes disfrutan la furtiva actividad: El Parque del Ingenio, el Humedal de la Babilla, el Ecoparque Río Pance, el Parque de las Garzas, el Parque del Acueducto y la Colina de San Antonio son algunos... Otros lugares reconocidos por ‘cruisers’ y ‘doggers’ incluyen baños de universidades, hospitales y centros comerciales; el exterior de espacios como el Coliseo del Pueblo, el Estadio Pascual Guerrero y el CAM. Cualquier sitio público le puede resultar útil a un agorafílico, siempre y cuando le ofrezca una dosis mínima de peligro. De acuerdo con la sexóloga Frauky Jiménez, lo característico de esta parafilia es que, quienes la practican, encuentran placer en el peligro de ser descubiertos o vistos por otros, la excitación tiene su raíz en el exhibicionismo.Una comunidad que se suma a la práctica del ‘cruising’ son las prostitutas trans, cuyo oficio se ha trasladado de zonas céntricas a sectores residenciales, ante la impotencia de sus habitantes, aprovechan los espacios públicos para vender su cuerpo o entregarlo al placer.Mariana es una sexo-servidora transgénero de 19 años, trabaja en las calles desde los 16 y en la autopista Simón Bolívar con Carrera 80 desde hace 4 meses, estratégicamente cerca al polémico parque de El Ingenio, por lo que la joven aprovecha para usarlo con sus clientes o para tener un rato de placer con alguno de los hombres que hacen ‘cruising’ en el área. “Acá vienen y nos recogen, nos llevan a moteles...si el cliente quiere, deja el carro parqueado por acá cerca y lo hacemos en el parque... de vez en cuando es bueno uno gratis, siempre y cuando sea un pollo bien lindo”.Los vecinos del sector están preocupados por la situación. Guillermo Vargas, miembro de la asociación de vecinos de El Ingenio, comenta que, en reuniones con la Policía, se ha descubierto algo que llama la atención: los dueños de lujosos automóviles a los que las prostitutas se acercan a negociar tarifas y condiciones, son hombres casados y reconocidos profesionales de la ciudad.A pesar del disgusto de los residentes y de que la policía ya está enterada del hecho, no hay mucho que se pueda hacer. Lo único castigable en la conducta de las acompañantes es que utilicen el parque para actos sexuales; que ellas ejerzan su oficio en la calle no es ilegal.Desde el punto de vista sociológico, el malestar que los actos agorafílicos causan en quienes los presencian o los saben cerca, tiene dos explicaciones. Orfa Margarita Giraldo, autora del artículo académico ‘Multiculturalidad y sana convivencia’, manifiesta que la sexualidad en espacio público choca porque es un acto consagrado a la esfera privada, llevado al escenario donde conviven todos. “En la esfera privada están permitidos todos los comportamientos, así sean dañinos para mí... en la esfera pública hay muchas más restricciones, pues lo que hago, directa o indirectamente, afecta a todos”. Por otra parte, el hecho de que la sociedad colombiana sea tan conservadora en aspectos políticos y religiosos, también incide, pues la moderación de los conservadores no admite la lujuria y menos en público.A pesar de esto y las posibles consecuencias legales, de exponerse a robos, violación u otro ataque, Martín, Lucy, Mariana y cientos de caleños, seguirán entregándose a los deseos de vivir una experiencia sexual diferente.* Estudiantes Sala de Periodismo, Universidad Autónoma de Occidente, especial para El País.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad