‘Prisioneros de esperanza’, una apuesta para vivir sin violencia en la Comuna 18 de Cali

‘Prisioneros de esperanza’, una apuesta para vivir sin violencia en la Comuna 18 de Cali

Julio 20, 2018 - 11:30 p.m. Por:
Stella Hurtado y Valeria Zúñiga, Semillero UAO-El País
Prisioneros de esperanza

La agrupación Prisioneros de Esperanza durante el rodaje del videoclip Son de Ladera, un proyecto musical que busca enaltecer y resaltar las virtudes de la Comuna 18 y de sus habitantes.

Bless Records, especial para El País

Los ‘Prisioneros de Esperanza’ que van al ritmo de Son de Ladera son una apuesta de inclusión social creada por Andrés Felipe González, un caleño de 26 años que gracias al rap logró cambiar el rumbo de su destino y el de cientos de jóvenes que viven en condición de vulnerabilidad.

‘El Fares’ como le dicen por las calles, pasó por las eternas noches de rumba y los improvisados hurtos en la tienda de su barrio, a ser un líder de intervención social en la comunidad de Las Minas situada en la ladera de la Comuna 18.

Desde hace ocho años inició su proceso de liderazgo en el territorio logrando intervenir a la comunidad en general. Niños, jóvenes y adultos han sido beneficiados por las actividades audiovisuales, musicales y artísticas que permiten distraerlos en su tiempo libre, para poder expresar su inconformidad frente al Estado y la exclusión, en vez de acudir a las armas y riñas que antes permeaban sus días.

“Decían que en la ladera no había calidad, ahora con la familia enseñamos a hacer rap”, es uno de los versos que acompaña el primer sencillo de ‘Son de Ladera’, demostrando que la integración musical puede dar la pelea contra el consumo de sustancias psicoactivas y la violencia.

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En la actualidad, este proyecto alberga más de 25 jóvenes con historias de vida increíbles y forjadas en la resiliencia. Familias desestructuradas, falta de amor, necesidad de aceptación, pobreza y escasez de oportunidades fueron los motivos que en principio los llevaron a tomar los caminos de la delincuencia.

En el 2016 comenzaron 15 jóvenes a resocializarse, pero poco a poco fue disminuyendo el número de participantes, pues muchos decidieron retirarse y otros fueron asesinados.

Viko Rm, Mandy, Arias Rap, Yigi Clack, Yeled, Colunger, Cairos, Ledwin, James, Js Music, El Fares y la única mujer, Black Fania, actuales integrantes del grupo, se reúnen cada jueves de 7:00 a 9:00 de la noche, con lista en mano, para iniciar la clase de música que los saca de su realidad. Aquí no hay filtros, ni castings. Si alguien quiere ser parte del grupo lo único que necesita es voluntad para soñar y cambiar su vida.

Ocupar el tiempo en crear rimas era algo que ni se pensaba por las calles de la ladera, grabar un video musical, menos. Pero la música puede servir de superhéroe cuando de salvar vidas se trata y en la actualidad, esto lo sabe mejor que nadie cada uno de los jóvenes de ‘Prisioneros de esperanza’ cuyo deseo radica en buscar visibilizar el territorio de una manera diferente.

Dignificando el territorio

La primera actividad inició en el año 2016 bajo el nombre de ‘Mi barrio’. El propósito de esta era permitir que los jóvenes del barrio Alto de los Chorros, en el sector de Las Minas, enaltecieran el espacio donde conviven. Es así como a través de las rimas y del sentir de cada uno de ellos, lo que se pretendía era que manifestaran sus necesidades e inconformidades sin necesidad de ser vulgares, ya que desde un principio la idea era hacer música urbana de una manera diferente y atractiva.

Así, cada día los jóvenes crecían y vivían bajo una nueva premisa “Mi barrio, el que quiero y me vio crecer” y con este ideal nació el primer video musical y como escenario principal de su grabación escogieron su propio territorio.

‘Son de ladera’ es el segundo proyecto que se estrenó el pasado 16 de abril; hasta el momento ha sido todo un éxito, ya que la participación no fue solo de los habitantes del barrio, sino de toda la ladera en general y barrios aledaños como Alto Napolés y del Distrito de Aguablanca.

Gracias a esta canción se perdió la percepción de fronteras invisibles entre pandillas, cuya única opción para quien la traspasara era la muerte.
La logística que desplegaron para realizar el video musical esta vez, no tiene nada que envidiarles a las grandes producciones de música urbana.

De grabar en sus propias casas, ahora lo hacen en un estudio que lo tiene todo. “Hay una realidad más allá de lo que el barrio ofrece a primera vista. Sería muy chévere abrir una escuela de cine acá, enseñarles más de producción y los nuevos medios digitales para que los muchachos sustenten su vida”, afirma Giovanny Medina, productor general.

Cuando se hacen este tipo de intervenciones es imposible no tener admiradores y detractores. A favor se encuentra la comunidad, y la ilusión de las familias por ver a sus hijos triunfar. Entre los que no están conformes con el proyecto están aquellos a los que el progreso no les conviene, ya que un chico que se une a este tipo de propuestas es un pandillero menos, un sicario menos, y un consumidor menos que deja de trabajar para los emporios delictivos.

Para saber manejar la situación ‘El Fares’ tiene claro qué está haciendo y dónde está metido. Es por eso que maneja las cosas con prudencia, pues el respaldo de lo que él llama la institucionalidad no está presente. Para conseguir el dinero y pagar cada equipo de producción la tarea no ha sido fácil, pues tocando puertas como dicen, y a punta de rifas y eventos, han conseguido recaudar fondos para seguir apuntándole a este sueño.

A finales de 2017, la Alcaldía junto con la Secretaría de Seguridad y la Policía Metropolitana de Cali, crearon el proyecto ‘TIP – Jóvenes sin fronteras’, cuyo objetivo fue conciliar con 200 jóvenes del sector de la ladera, con el propósito de que abandonaran la delincuencia y transformaran su convivencia. El anterior proyecto es el más reciente que se ha aplicado en la ladera por parte de los entes gubernamentales.

Es así cómo para estos jóvenes, la cuestión económica se ha convertido en un factor de no ignorar. “Lo que hemos estado logrando con este proceso es empoderar a la comunidad. Que puedan entender que no necesariamente tienen que venir personas externas a ayudar en el territorio sino que ellos mismos pueden empoderarse y tratar de buscar las soluciones”, expresa ‘El Fares’.

De esta manera, el mayor respaldo que han tenido ‘Prisioneros de esperanza’ proviene de la misma comunidad y de ONGs que se han unido a su causa.

Al ritmo de la esperanza

Esta reintegración social no solo ha tenido un impacto positivo en cuanto a las personas, sino también en los diferentes espacios que se encuentran en la ladera. ‘El Fares’ es el encargado de algunos espacios comunitarios en el barrio, dentro de ellos se encuentra una escuela que se encontraba abandonada.

Con la ayuda de los habitantes del sector poco a poco esta escuela la han ido convirtiendo en un centro de desarrollo comunitario. Es precisamente ahí, donde para estos jóvenes, el sentido de la vida cobra valor a través de los ensayos de música.

“En algún momento el gobierno mandó a cerrar la escuelita porque, según este, no cumplía con el nivel de educación requerido. Entonces esto se convirtió en uno de los problemas más grandes, porque en lugar de fortalecerla lo que hicieron fue cerrarla y quitarles la oportunidad de educarse a muchos niños. Las paredes estaban cayéndose y los muros ‘soplándose’, por eso nosotros iniciamos un proceso de restauración”.

Uno de los logros más grandes de esta iniciativa es la construcción del único parque infantil en el barrio, pues gracias a la colaboración de todos, convirtieron una esquina llena de basuras y escombros en un espacio de esparcimiento y recreación para los más pequeños del sector.

Además de la pavimentación de calles y el más importante logro: el reclutamiento de todos los jóvenes del barrio, para que a través de la música puedan asesinar la violencia con arte, como lo dice el eslogan de su propuesta.

En este proyecto a quien no le llame la atención la música no se excluye, pues existen otras actividades. Entre ellas, aprender a hacer grafitis, realizar salidas culturales a lugares emblemáticos de la ciudad como museos y la participación en clases de fútbol por parte de un profesor de educación física que de forma voluntaria apoya la iniciativa.

Para este grupo de expandilleros la única manera de hacer las cosas bien es hacerlas con excelencia y si no se hacen así, es mejor no hacerlas. Es por eso que la misión, no es solo aprender de música, lo que les interesa verdaderamente es que exista un legado y lo aprendido se transmita de generación en generación, y así, al final, los agentes de cambio sean muchos, no solo uno.

Borrón y vida nueva

Los jóvenes que dejan atrás la violencia y las drogas en la ladera de la Comuna 18, apuestan por hacer ‘borrón y vida nueva’ convirtiéndose en agentes de paz.

Uno de ellos es Christian David, quien dice que este proceso “me ha cambiado mucho la forma de pensar, antes pensaba solo en mí, ahora pienso por ellos, por mis amigos, trabajamos juntos”.

Este sueño nació para prevenir la violencia, ayudar a jóvenes que abandonan pandillas y borrar las acciones que los estigmatizan e impiden una correcta reinserción social.

Muchos ya se proyectan. “Me gustaría grabar un video y ser productor musical”, dice Kevin Prado, integrante del grupo, quien dice que la idea es “romper toda barrera” que se oponga.

En Prisioneros de Esperanza se trabaja para evitar que los niños y los jóvenes vean en las pandillas una opción para escapar de la pobreza y encontrar aceptación o ganar respeto.

Para estos jóvenes, el hecho de que los quieran y acepten su cambio no solo porque hacen música, sino también porque tienen un sentido de responsabilidad social con la comunidad, hace que la idea de seguir proyectándose en el futuro como grandes artistas, se sustente bajo la premisa de que la única manera de crecer es seguir ayudando
a otros.

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