Porque es mujer y merece respeto

Porque es mujer y merece respeto

Diciembre 23, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Paola Andrea Gómez /  Jefa de Redacción de El País
Paola Andrea Gómez, jefe de Información de El País.

Paola Andrea Gómez, jefe de Información de El País.

El País

Cali tiene nombre de mujer. Es una mulata radiante y fresca. Altiva, frentera, valiente, cálida, desparpajada. De esas que abrigan con facilidad. Que abrazan y entienden la dificultad, porque la vida nunca les ha sido fácil y por eso saben levantarse, siempre, después de la más fuerte tempestad. Cali tiene una belleza legendaria, a la que han comparado con las flores, que vestidas van de mil colores. Han dicho que tiene sabrosura, cuando mueve la cintura, que un buen clásico en el Pascual, va adornado de mujeres sin par. Que su cadencia embruja. Que su alegría contagia.

Ese es parte del encanto que este año inspira el máximo espectáculo de la cultura caleña. Porque el tributo es para esa Cali, mujer divina, una amorosa rebelde que ama sin reservas, porque reconoce en el amor el valor supremo de la vida; el motor que la impulsa todos los días a levantarse a construir mundo, desde cada uno de los rincones que la habitan. Sí, quizás se le acuse de asistencialista, cuando es incapaz de dejar con hambre a un venezolano que duerme junto a su río, o al niño de los malabares en el semáforo. Alguna vez lo hizo con ese puñado de gente del Pacífico, a la que le cedió un pedazo de tierra y en contraprestación recibió toda la cultura y las costumbres de su raza.

Hay tantos motivos para amar a esta mujer que nos parió a muchos y a otros tantos adoptó... Porque es diversa, porque da vida, porque es creadora, porque sus manos tejen lazos duraderos. Porque es baile, es música y es canción.

Pero esa mujer divina, sensible hasta los tuétanos, también se duele de la inequidad, de que haya quienes la discriminen, le cierren las puertas, la utilicen, la golpeen, le arrebaten la vida. Por eso le duelen las más de 30 suyas que este 2018 han sido asesinadas a manos de algún feminicida que se creyó dueño de sus existencias; las 656 que cada mes denuncian que están siendo maltratadas, las que lo callan por temor a la vergüenza.
Las que son acosadas, como apenas hace dos días le pasó a una de las más jóvenes reporteras de esta casa editorial, cuando un enfermo la tocó en la calle y le gritó una obscenidad. Las que sufren el sexismo, en un país que pese a los logros de la justa rebeldía femenina aún tiene que soportar que un troglodita diga que las mujeres en el fútbol son unas tomatrago y que tenerlas en él es un caldo de cultivo de ‘lesbianismo tremendo’, como si ser lesbianas fuera una enfermedad.

Sí. Hay muchas razones por las qué preocuparse. Y ese el clamor que en el tercer bloque del Salsódromo retumbará desde la Autopista a la ciudad entera. Porque nos encantan los tributos, pero más que nos amen y nos respeten. Esa, al final, debe ser la razón de esta rumba con conciencia a la que nos invitan quienes en buena hora idearon este Salsódromo, en homenaje a esta Cali, mujer divina que nos vio nacer.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad