Padres de niños quemados con pólvora en Cali temen perder a sus hijos

Padres de niños quemados con pólvora en Cali temen perder a sus hijos

Enero 11, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, Reportera de El País
Padres de niños quemados con pólvora en Cali  temen perder a sus hijos

Alvida Araújo (izq) dice que jamás ha comprado pólvora, menos en sus condiciones de familia desplazada de Buenaventura. Al niño de Paula Andrea González (der) le reconstruyeron el dedo, con un clavo metálico, que se deberá retirar en otra cirugía.

Progenitores sí conocían la ley y las campañas de prevención, pero piden control a fabricación y venta de pólvora.

El 31 de diciembre un artista casi pierde una mano. O varios dedos. Tiene 11 años y todos lo conocen en Decepaz, su barrio. Hace presentaciones musicales y de baile y hasta ayuda en la casa con lo que le pagan. Ha salido en el Canal RCN y en el Canal Caracol. Y hace cinco meses grabó ‘Cholito, nueva salsa urbana’, un CD de salsa choke. Ya es famoso. Los ojos negros de ‘El cholito’ brillan como chispas, pero se apagan al mostrar su índice izquierdo vendado. En un estrecho piso alquilado, Jenny Yolanda, su hermana mayor, cuenta que sus papás, Melanio Palacio y Alvida Araújo, fueron a dar el feliz año “a un tío que vive ahí no más” –5 cuadras–, pero él no quiso ir. Le aconsejaron: “No vaya a salir de la cuadra”.Pero la pólvora volaba en la calle y ‘El Cholito’, muy inquieto él, recogió una culebra que creyó muerta, pero estaba viva y le estalló. Sintió temor y se acostó calladito. Al otro día, sus hermanas llegaron a darle el feliz año, pero ‘El Cholito’ no se quería levantar: al descobijarlo vieron su dedo rojo, una gran ampolla en el hombro y tres marcas blanca en su carita morena.Jenny lo llevó al Centro de Salud Decepaz, cuyo reporte dice que en el patio cayó una petaca y el niño se puso a jugar con ella con un amiguito, quien la prendió y corrió, pero ‘El Cholito’ se cayó y “se quebró los dedos”. Habla de amputación, pero la familia dice que no fue grave y que está sanando bien.Las cifras de menores de edad quemados por pólvora en el fin de año tienen alarmado al director del ICBF, Jhon Arley Murillo. Sobre todo si es el año en el que más se invirtió recursos en campañas de prevención en radio, prensa y televisión y madrugó a publicarlas en septiembre.47 menores –un salón de clase en colegio oficial– en 15 de los 42 municipios del Valle del Cauca, 17 de ellos en Cali y 5 que requieren cirugías y amputaciones por su gravedad, las interpreta Murillo como una gran falla en los controles de las autoridades al expendio y quema de pólvora, combinada con la negligencia de los padres en el cuidado de sus hijos.Lea aquí: En Colombia, ya van 79 amputados por uso inadecuado de la pólvoraNegligencia forzada como la de Paula Andrea González, una joven que deja a sus tres hijos al cuidado de su mamá mientras vende fritanga en una calle de Alfonso López. Para aprovechar la temporada decembrina, sus hijos pasaron el 24 y el 31 con su abuela en Marroquín, barrio donde la pólvora ardió en cantidades industriales. Al otro día del año nuevo, la abuela mandó al niño de 10 años a barrer afuera. Pero lo atrajo un paquetico de los que él había visto que salían luces de colores e ingenuamente lo alzó: la papeleta le explotó como una granada en la mano y “le abrió el dedo del corazón como un banano”.Paula Andrea estaba en casa de sus suegros con su compañero Laurentino Jiménez. Una versión es que cuidaba a su suegra enferma. Otra es que iban a preparar un sancocho de año nuevo... hasta que su mamá la llamó del Hospital Carlos Holmes. Allí, entró en pánico: su hijo podría perder el brazo.No fue así, pero Paula Andrea teme ahora perder a su hijo. Como lo temen otros de los 27 padres de familia del Valle que viven igual situación. Laurentino, técnico en telecomunicaciones desempleado, reclama que “porqué el Estado, en vez de acabar con el negocio de la polvorería, ataca a los padres de familia que ni han comprado pólvora ni la han quemado ni se la han dado a sus hijos, pero sí permite la venta y quema en barrios donde niños como su hijastro, quedan expuestos a accidentes como el que le ocurrió”.En medio del reguero de pólvora y de niños quemados, Murillo denuncia “que nunca había visto tanta pólvora en Cali como este año. Había tanta gente quemando tal cantidad, que no sé qué pasó con el control de las autoridades y mucha pólvora quedó en manos de ciudadanos del común”.De los 47 casos, 38 fueron en vía pública y 9 en la casa: les tiraron una petaca desde la calle, estaba en el balcón y le cayó un tote o algo así. Leonor Estrada, coordinadora de Protección al Menor del Icbf, se mostró preocupada de que en los 31 días de diciembre Cali tuviera 8 menores quemados con pólvora y en los 7 primeros días de enero, es decir, en una semana, se quemaron más: 9 niños. “Lo grave es que la mayoría (27) fue por manipulación directa de totes, papeletas y volcanes –no eran chispitas–, pero también por petacas y voladores. Los otros (20) niños eran observadores mientras los adultos la quemaban”, resaltó la funcionaria.La trabajadora social del HUV, Ana Cecilia Pérez dice que ni el 8 ni el 24 de diciembre recibieron allí niños quemados por pólvora. “Llegaron fue en la madrugada del primero de enero, en su mayoría niños que quedaron buscando en los restos de los años viejos que queman los adultos”, confirma.Lo que significa, para el Director del ICFB, “que sí hubo negligencia de los padres, no hubo el suficiente cuidado y supervisión, es su responsabilidad estar pendientes de sus hijos”.Estefanía Rojas, psicóloga del HUV, comenta que estos padres conocían la ley que responsabiliza a los adultos por esta causa, habían visto las campañas de televisión y sabían las consecuencias de manipular pólvora, pero... “Vemos patrones de crianza muy flexibles en los que niños no respetan las normas ni los límites, son inquietos y el día de Año Nuevo salen a buscar restos de pólvora y juegan con ellos aún calientes o si quedan mal quemados, les explotan”, dice.“No hemos encontrado que los padres quemen pólvora, pero esos niños sí ven a los vecinos quemarla y a sus amiguitos de su edad cómo juegan con eso o están observando cerca”, añade.Por ello considera que a pesar de las campañas educativas realizadas, en casa faltan normas más estrictas. Salvo excepciones como el de una mamá muy centrada y un hijo difícil de controlar. “Son menores a los que se les dificulta respetar los límites y es a los que les suceden los accidentes”, dice.También inquieta que haya incluso niños de 2 años afectados, como uno de Palmira. Y otro de 3 años en Cali, que iba por la calle con la mamá y lo alcanzó un tote que quemaban otras personas. “Aquí no hay lugar a abrir un proceso, la madre no tiene ninguna responsabilidad porque fue accidental, pero se debió llamar a la Policía del Cuadrante que sí puede establecer quién lo quemó”, apostó Murillo.La trabajadora social sugiere que si los adultos van a quemar pólvora, se comprometan a barrer y a recoger los residuos de inmediato porque los niños son curiosos. “Entonces todos los casos no son irresponsabilidad de los padres”, puntualiza Pérez. Lucero Rodríguez, mamá de un niño de Yumbo, dice que el 31 estaban en su casa, sin mayor celebración porque su familia es cristiana. “La cuadra sí estaba enfiestada, normal, se le prendió fuego a los muñecos viejos y me quedé afuera con mi esposo, mis hijos, mi hermana y mi papá en el andén. Ya nos íbamos a entrar y cuando pregunté dónde está el niño, sus hermanos dijeron: ‘Mírelo ahí en la esquina’, a una casa de donde vivimos”. Lo llamó, pero su voz fue apagada por una explosión ensordecedora. No creyó que era en las manos de su hijo de 10 años: un amiguito le dio pólvora, él la prendió y le explotó. Su caso está reportado como grave, pero ella dice que gracias a Dios, las quemaduras no fueron ni de segundo grado y le afectó “solo piel” de tres dedos de la mano izquierda, se está recuperando bien y ya los mueve. Acorde con la investigación del Icbf, acepta que el 14 de enero se presentará a la Defensoría del Pueblo, no sin antes aconsejar: “A los padres de familia les digo que tenemos que ponerles más cuidado a los niños los días de fiesta. Hoy me tocó a mí, espero que el día de mañana no le toque a nadie”, concluyó.El proceso que les espera a los padresEl director del ICBF, John Arley Murillo, destaca que la cifra creció porque cada día se reportan más casos que no son de mucha complejidad, sino heridas superficiales que antes los adultos cuidaban con remedios caseros. “Eso significa que los padres ya están más afinados con el sistema de reporte y esas lesiones sencillas como las quemaduras de primer grado ya son reportadas, porque hemos indicado que el padre de familia que no lo haga será sancionado”, dijo Murillo.Los padres de 28 de los 47 niños quemados con pólvora en el Valle del Cauca, debieron firmar su acta de compromiso de que seguirán el proceso, presentarse a las jornadas pedagógicas en la Defensoría del Pueblo y estar pendientes de las visitas de los defensores de familia, sicólogos y otros funcionarios del ICBF que harán las investigaciones del proceso administrativo de restablecimiento de derechos. “El defensor de familia entra a verificar y a contrastar la información y tiene de 4 a 6 meses para emitir un concepto”, dice Murillo. Si este comisario de familia encuentra méritos para abrir un proceso de responsabilidad de los padres, se hace una denuncia ante la Fiscalía y empieza el proceso que definirá si los niños quedan con sus padres o si pasan a protección del Estado a través de la institución.

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