Los sorprendentes secretos que los arqueológos han encontrado bajo el suelo de Cali

Los sorprendentes secretos que los arqueológos han encontrado bajo el suelo de Cali

Mayo 19, 2019 - 07:50 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / Editor de Crónicas y Reportajes
Los sorprendentes secretos que los arqueológos han encontrado bajo el suelo de Cali

La arqueóloga Natalia Robayo trabaja desde hace 8 años en el Inciva. Nació en Bogotá, en una familia cuyos pasatiempos incluían la visita a los museos. Su madre era historiadora de arte. En la foto aparece con la tumba hallada en la vía a Yumbo.

Bernardo Peña / El País

La tumba fue encontrada en abril en las obras de ampliación de la antigua vía Cali – Yumbo, exactamente en el tramo entre Gecolsa y Dapa. Dispuestos sobre un lecho de piedras, a 2.50 metros de profundidad, estaban los restos de un adolescente. Los arqueólogos del Instituto para la Investigación y la Preservación del Patrimonio Cultural y Natural del Valle, Inciva, determinaron ello por el tamaño de los huesos.

El joven estaba en posición de cúbito, como acurrucado, y con el rostro enterrado en el suelo. Al lado había dos vasijas de cerámica. La tierra estaba mojada por la lluvia.

Los arqueólogos procedieron a sacar todo con una técnica que llaman “pedestal”. Excavaron a más profundidad, cortaron el suelo en forma de óvalo y, con suma delicadeza, retiraron el trozo completo de tierra.
Ahora la tumba se encuentra en la oficina de la arqueóloga Natalia Robayo, donde se le realiza un proceso de “climatización”: que la tierra se seque para hacer micro excavaciones en laboratorio y estudiar los restos.

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De momento se sospecha que la tumba corresponde a sociedades que vivieron hace 2000 años. Puede ser de los Yotoco de la región Calima, o de los indígenas Malagana que habitaron entre los años 800 a.c. y 600 d.c.

Eso significa que algunos datos de la historia deben reescribirse. Los arqueólogos suponían que el límite donde habitaron los indígenas Malagana llegaba hasta Rozo, pero la tumba encontrada en inmediaciones de Cali podría desvirtuarlo.

También, dice desde Bogotá el investigador Luis Francisco López, del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, se creía que en la zona plana del Valle del Cauca – según una investigación realizada por el arqueólogo Julio César Cubillos – era inviable que antes del Siglo XIII hubiesen existido grupos humanos, lo que se descartó con los hallazgos de la cultura Malagana y este nuevo descubrimiento.

En su oficina, la arqueóloga Natalia Robayo dice:

– La arqueología lo que busca es aportar a nuestra historia sin un límite de tiempo; desde nuestros abuelos hasta los antepasados más lejanos.
Cada objeto que encontramos es valioso, no por el material con el que está hecho, sino por la historia que contiene. Y como al leer esa historia puedo entender quiénes lo usaron. La arqueología es una ventana al pasado, un pasado que se debe estudiar minuciosamente. Con la información que se está recuperando en Cali y el Valle aportamos a la memoria histórica de las poblaciones, a la reconstrucción de nuestro pasado. Eso está directamente vinculado a la identidad y al sentirnos de un lugar, de un territorio, poder decir “yo soy vallecaucano”, “yo soy caleño” y acá habitaron unas personas hace tanto tiempo que vivían de cierta manera.

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Bajo la Cali que recorremos todos los días hay una ciudad enterrada que apenas se está descubriendo. Uno de los hallazgos más emocionantes para los arqueólogos fue el encontrado en el hundimiento de la Avenida Colombia, por allá en el año 2011: vestigios de lo que era Cali durante La Colonia y los inicios de la época republicana. Como los muros originales del Puente Ortiz que permanecían intactos bajo tierra.

El puente que atravesamos a pie en el centro es apenas un fragmento de lo que en realidad era en sus inicios, cuenta el investigador Luis Francisco López.

Recién construido, el puente Ortiz se extendía desde el Paseo Bolívar hasta más o menos el teatro Jorge Isaacs. El viajero norteamericano Isaac Holton lo llamó “el puente más largo de la Nueva Granada”. Su construcción comenzó en La Colonia, por petición de los comerciantes.
Se les hacía complicado atravesar el río Cali con sus mercancías por puentes de madera, por lo que se pensó en hacer uno en mampostería. El ingeniero fue el fraile franciscano José Ignacio Ortiz. De ahí el nombre del puente.

– Lo que se estudió del Puente Ortiz en el hundimiento de la Avenida Colombia es apenas la parte central. Pero los extremos están todavía por explorar. Siguen enterrados – dice al teléfono Luis Francisco López.
En su oficina del Inciva, donde hay estanterías atestadas con bolsas y cajas repletas de cerámica, vidrio, piedras, ladrillos, huesos, la arqueóloga Natalia Robayo asegura que la Cali que están encontrando en las profundidades es muy distinta a la de hoy. En la Cali bajo tierra, “el río Cali es el elemento principal de configuración de la ciudad”.

– Y a su alrededor el edificio Coltabaco, de estilo renacentista, el hotel Alférez Real, el batallón Pichincha en el centro, el Puente Ortiz… una ciudad más europea.

En la ciudad enterrada, barrios que están siendo demolidos, como El Calvario, eran protagonistas de la vida cotidiana. El Calvario era el barrio de los artesanos, los obreros, y donde comenzaron a asentarse las pequeñas industrias. Su plaza de mercado era el sitio donde todo el mundo compraba, incluso las familias adineradas que vivían alrededor de la Plaza de Cayzedo en casas que hoy son edificios de oficinas.

De a poco esas familias se fueron alejando hacia Granada y Centenario, donde construyeron casas de veraneo, y luego, cuando la ciudad siguió creciendo, se alejaron hacia Pance, mientras el centro comenzó a ser habitado por la población de estrato medio, algo que se “lee” en los basureros públicos y privados que los arqueólogos encontraron en el hundimiento de la Avenida Colombia.

Los basureros públicos estaban en inmediaciones del Puente Ortiz y los privados más hacia la Plaza de Cayzedo, pues pertenecían a las casas de los pudientes.

Entre la “basura” encontrada había cepillos de dientes elaborados con marfil y hueso, que da cuenta de cómo la higiene se iba introduciendo en la vida cotidiana, y envases de vidrio de productos importados como la Flor de Jamaica, que prometía curar la artritis o rejuvenecer la piel. Las preocupaciones del pasado siguen siendo las mismas.

Los arqueólogos también encontraron botellas de emulsión de Scott (la primera fórmula salió al mercado en 1876 en Estados Unidos) con lo que la gente intentaba defenderse de las gripas. Por su cercanía a Buenaventura, los pobladores de Cali disfrutaban primero de las novedades del mundo que los pobladores de la capital.

Mientras todo ello ocurría, se iban conformando barrios aledaños al Batallón Pichincha, en el centro, o la Cervecería Los Andes, frente al Conservatorio, una de las primeras grandes empresas que tuvo Cali.

– Debajo de nosotros hay una ciudad que nos permite entender el crecimiento de Cali de otra manera. Tenemos evidencias desde La Colonia, hasta hace 50 años. Lo que buscamos es encontrar la historia de la vida común, del poblador normal, de nosotros mismos, pero en el pasado. El imaginario que tenemos de la ciudad es este que viene después de los Juegos Panamericanos en el que Cali se renueva totalmente, se comienza a construir el CAM, demuelen el hotel Alférez Real, y cambian las dinámicas urbanas. Pero debemos conservar el relato de lo que sucedió antes – dice Natalia.

Piedras, figuras de ajedrez en hueso, botellas, dan cuenta los hábitos de quienes vivieron en la Cali que está bajo tierra.

Los sorprendentes secretos que los arqueológos han encontrado bajo el suelo de Cali
Los sorprendentes secretos que los arqueológos han encontrado bajo el suelo de Cali
Los sorprendentes secretos que los arqueológos han encontrado bajo el suelo de Cali
Los sorprendentes secretos que los arqueológos han encontrado bajo el suelo de Cali

Otro de los hallazgos importantes son los hornos originales del trapiche de La Hacienda Cañasgordas, ahora abierta al público.

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Natalia aún no olvida la escena: cuando los arqueólogos del Inciva hacían su trabajo en el hundimiento de la Avenida Colombia, algunos caleños les tiraron tomates y mangos podridos mientras les gritaban “que se estaban oponiendo al desarrollo” al retrasar los trabajos de los obreros mientras retiraban los vestigios.

Natalia enseguida cierra los ojos y hace memoria: no recuerda una sola obra en Colombia que haya sido suspendida totalmente por los programas de arqueología preventiva que, por ley, se deben adelantar.
Según la Constitución, el país, y en especial el Valle, tienen un gran potencial arqueológico que se debe cuidar. Entonces, las grandes obras, así como requieren una licencia ambiental, necesitan una licencia arqueológica.

Lo ideal, dice Natalia, es que los estudios que determinan si en un sitio hay o no vestigios deben hacerse mucho antes de que lleguen los obreros. Eso evitaría algunos retrasos.

"Los hornos de Cañas-
gordas cuentan la historia del corazón de la hacienda, pues sin el trapiche no se hubieran generado esas diná-
micas económicas que justifican la hacienda: su extensión, los cultivos de caña",

Natalia Robayo.
Arqueóloga

Pero además, si se llegaran a encontrar vestigios en plena obra, no se suspende en su totalidad, sino en el sitio donde detectaron los hallazgos. En el caso de la tumba hallada en la antigua vía a Yumbo, los trabajos continúan en otros frentes mientras los arqueólogos terminan su investigación donde estaban los restos.

Lo que sucede, entonces, sigue Natalia, es que algunos funcionarios justifican retrasos de otra índole “achacándole” la culpa a los arqueólogos. Y los periodistas a veces reproducimos las declaraciones de los políticos sin verificarlas, entonces el titular es: “por los vestigios arqueológicos retrasan las obras”.

El Secretario de Infraestructura del Valle, Miguel Ángel Muñoz, dice en todo caso que hay obras puntuales en las que los hallazgos arqueológicos “afectan los cronogramas de construcción, pero por encima de eso debemos proteger el patrimonio arqueológico. Las obras que hacemos en el departamento cuentan con los estudios de prospección de estos elementos”.

La Secretaría de Infraestructura de Cali no se pronunció, pese a que los arqueólogos siguen encontrando la ciudad enterrada.

En las obras del Parque Lineal y en la nueva Plazoleta ‘Que viva la música’ que se está construyendo atrás del CAM en honor a Andrés Caicedo, detectaron las cimentaciones de la cervecería Los Andes, “lo que nos amplía aún más el panorama de esa ciudad bajo tierra”, dice Natalia.

Sin embargo, reconoce, aún los arqueólogos tienen una deuda: contarle a Cali cómo es esa ciudad oculta bajo el cemento, explicar para qué sirve el pasado.

Para saldar esa cuenta, en junio el Inciva inaugurará la exposición ‘Cali, revive tu patrimonio’, para recordar la ciudad entre todos, reconstruir ese pasado que, como lo escribió Germán Espinosa, y citado en una columna por el cronista Juan José Hoyos, “contiene nuestras semillas, nuestras raíces, el esplendor de nuestros troncos, lo más vital que poseemos para vivirnos en el presente. En él está lo que realmente somos, brotado de lo que fuimos. En él nació la materia de los ojos con que miramos en el espejo nuestra cara”.

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