La odisea diaria de limpiar a Cali, una ciudad que cada vez se ensucia más

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La odisea diaria de limpiar a Cali, una ciudad que cada vez se ensucia más

Febrero 11, 2018 - 07:55 a. m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / El País

Haga memoria: tal vez se levantó esta mañana y fue al baño. Allí utilizó papel higiénico que depósito en la basura. Enseguida se dirigió a la cocina. Hizo café – botó los residuos que habían quedado en la cafetera desde la noche anterior – exprimió naranjas, partió algunos huevos, tomó una bolsa para echar todo eso. Desayunó. En la bolsa echó también un par de servilletas y a lo mejor un pedazo de arepa quemado.

Después fue a la sala y se dispuso a leer este diario. Quizá habían publicidades que no le interesaron y las dejó a un lado para botarlas más tarde. Leyó un rato. Se le ocurrió que hacía un buen día para caminar y en el parque, ya sudoroso, compró un jugo de mandarina. El vaso, por supuesto, con el respectivo pitillo, lo lanzó al costal del vendedor.

Llegó a su apartamento sin demasiadas ganas de preparar el almuerzo, así que pidió comida oriental a domicilio, todo perfectamente empacado en desechables que terminaron en la basura, como muchas cosas más durante el día: las boletas de cine, el recibo del cajero, un par de latas de cerveza, el volante que le entregaron en el centro comercial, el arrume de periódicos de la semana.

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Generalmente no pensamos en ello, pero todo el tiempo producimos basura: 0.75 kilogramos al día en promedio en los países no desarrollados, según un estudio del Banco Mundial.

Algo así como imaginar el peso de dos bolsas de arroz diarias, solo que con residuos, 14 semanales, 56 al mes, 672 al año. Si aquello se multiplicara por los tres millones de habitantes que tendría la ciudad en este momento, la cifra es tan excesiva que en la calculadora aparece un número difícil de entender.

Cali, según la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, es la segunda ciudad de Colombia que más residuos está trasladando a los sitios de disposición final (Yotoco en este caso), después de Bogotá y por encima de Medellín.

Eso propiamente no quiere decir que seamos la segunda ciudad del país que más basura genera (aunque quizá) pues una cosa es la basura que se produce y otra la que se lleva al relleno sanitario (los residuos que son aprovechados, reciclados, no aparecen en las estadísticas). Pero en todo caso estamos produciendo montañas de desperdicios.

En 2017 solo entre los 4 operadores principales que cubren la ciudad recogieron 645 mil toneladas.

Basuras Escombros

Una buena parte de quienes se encargan de recoger la basura de Cali son campesinos. Silvio Túquerres es del municipio de Bolívar, Cauca. El miércoles pasado se encontraba en la calle 14 con carreras 10 y 11 de El Calvario, en el centro, donde hay tanta basura y escombros a lado y lado que no se ve el pavimento.

Los escombros corresponden a las demoliciones que se están haciendo en la zona para el proyecto de renovación urbana Ciudad Paraíso (algunas personas llegan allí a sacar hierro) mientras que la basura, especialmente desechables de almuerzos para llevar, le pertenece a comerciantes del sector que les pagan a recicladores para que se encarguen de sus residuos. Es tanta la basura, que algunos habitantes de calle hacen de ese montón de desechos su colchón; duermen sobre ellos.

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Silvio llegó allí a eso de las 10:00 a.m. y ya completaba varias horas despierto. A la base de Ciudad Limpia en Acopi, el operador donde trabaja, arribó a las 5:00 a.m. Se puso sus respectivos guantes, un overol verde, una gorra para el sol, un tapabocas, y más tarde David Díaz, el coordinador operativo de recolección, lo estaba llamando a lista para ajustar la avanzada de 18 carros monitoreados por GPS que se encargarían de los desperdicios de las comunas 1, 3, 9, 19 y 20.

Para levantar todo lo que botamos, Cali está dividida en 4 zonas: sur, norte, oriente y occidente. A cada uno de los 4 operadores principales de recolección (Ciudad Limpia, Emas, Promoambiental Cali, Promoambiental Valle) les corresponden unas comunas determinadas, incluyendo la zona rural. El 94.5% de Cali está cubierta por estas empresas, que son contratistas de Emsirva – en liquidación– y por ello deben trasladarle un porcentaje de sus ganancias para que Emsirva cubra su pasivo pensional.

El resto de Cali le corresponde a otros 5 operadores más pequeños que por lo general se encargan de la basura de grandes generadores: universidades, unidades residenciales, edificios.

Cali, dice Catherine Arteaga, Jefe de Comunicaciones y Relaciones Públicas de Ciudad Limpia, aplica el modelo de libre competencia en cuanto a la recolección de basuras, lo que significa que cualquier empresa que cumpla los requisitos puede encargarse de los residuos. En otras ciudades se utiliza un modelo de servicio exclusivo, así que solo pueden recoger las basuras unas determinadas empresas.

En El Calvario, a Silvio Túquerres no le interesaban esos asuntos. Sudaba. La basura de Cali se recoge corriendo o barriendo muy rápido, no vaya a ser que no se alcancen a cubrir a tiempo todos los puntos durante el turno, lo que retrasaría la operación. Eso hace que toparse con un ayudante de recolección con sobrepeso sea bastante extraño.
Solo los que cubren la zona rural pueden lucir cachetes más generosos. Los encargados de la basura de La Elvira, por ejemplo, desayunan entre tres y cinco veces debido a que en las casas del corregimiento les ofrecen comida como agradecimiento por su labor. La comida siempre será un símbolo de cariño.

Incluso en El Calvario, un reciclador le entregó al compañero de Silvio un litro de gaseosa y un pan para agradecerles que se hayan encargado de toda la basura que no les sirvió para vender. Aunque también era una manera de reconocer el difícil pero imprescindible oficio de recoger los desperdicios de una capital.

Hay dos peligros inminentes: el vidrio y las jeringas. Muchos de los ayudantes de recolección se cortan a la altura de la pantorrilla porque las bolsas con vidrio descubierto, mientras trotan, rozan justo ahí. (Nadie revisa qué hay en las bolsas, no hay tiempo).


Otros se chuzan con las jeringas que algunos meten en empaques en los que también va todo lo demás: cáscaras de banano, residuos de tomate, copitos usados. Desconocen que ese tipo de residuos - los hospitalarios– requieren de un manejo especial. (Hay empresas dedicadas a ello. Estos desechos se incineran en un sitio especializado ubicado en Terrón Colorado. No hay emisiones, según lo explicó Diego Benavides, Jefe del Grupo de Residuos Sólidos del Dagma. Es como quemar basura dentro de una olla pitadora).

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Las fronteras invisibles y la guerra de pandillas en algunos barrios también representan un riesgo para los recolectores. Sin embargo la comunidad termina protegiéndolos. Nadie quiere vivir en una calle llena de basura, así que el día que a unos operarios de recolección los intimidaron en Siloé, la comunidad se organizó para recibirlos a la mañana siguiente en medio de aplausos. Los escoltaron durante el recorrido.

El miércoles pasado sucedió que en Terrón Colorado unas volquetas que estaban llevando material para una obra impedían el paso del carro compactador de basura, y cuando este estaba a punto de dar reversa para irse, los vecinos salieron a exigir que quitaran las volquetas “inmediatamente”.

Recoger la basura no da espera y por eso los restaurantes y bares de zonas como El Peñón, San Antonio y el Parque del Perro, una vez cierran sus puertas, tienen una tarea más: entregar sus desperdicios. El carro recolector pasa por estos barrios a las 3:00 a.m., y han sucedido casos como que dejan junto a la basura una bolsa con manteles sucios o con radios de los empleados que terminaron en el compactador.

En Siloé una señora que estaba a punto de entrar a su casa dejó su mercado dentro de un costal al lado de la basura, y cuando se dispuso a recogerlo después de abrir la puerta ya no había nada.

En zonas como Granada el operador – Promoambiental - igualmente diseñó unas rutas a las que llamó ‘gastronómicas’ para ajustarse a las necesidades y horarios de los restaurantes y discotecas, así que el carro pasa a la madrugada.

En Cali el oficio de recoger basura debe ser permanente, aunque a David Díaz, el coordinador operativo de recolección de Ciudad Limpia, se le hace que debe ser el trabajo más desagradecido que existe. Por más que se recoja, siempre habrá alguien dejando una nueva bolsa y las quejas recaen en los operadores.

Además, comentó Tomás Mendoza, el gerente de Promoambiental Cali y Valle, la ciudad ha venido aumentando su población y eso explica en parte el incremento de las estadísticas: al día se recogen en promedio 1600 toneladas de basura, aunque en diciembre, con la Feria, y en temporadas de grandes eventos, la cifra puede llegar a 2500.

Todo ello llega primero a una estación de transferencia ubicada en Palmaseca, y de allí se lleva hasta el relleno sanitario de Yotoco, por lo que el servicio de recolección nos cuesta a todos un 20% más según cálculos de Rubén Olarte, el director de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos Municipales.

Olarte tiene otras sospechas del por qué Cali viene generando más basura. Entre otras cosas cambiamos los hábitos de consumo. Cada vez compramos más productos empacados. La vianda que se usaba para llevar alimentos al trabajo o al estudio, que luego se lavaba, es un asunto del pasado.

La vocación de muchas zonas de la ciudad también ha cambiado y eso igualmente se refleja en las estadísticas; pasaron de ser residenciales a comerciales o gastronómicas. Una casa en Granada donde vivían 6 personas a lo mucho, ahora la pueden utilizar 70 al día entre comensales y trabajadores, lo que por supuesto multiplica la basura.

Por cierto: casi el 60% de lo que botamos en Cali es comida; el 6,54% corresponde a residuos de jardín; 0,3% huesos; 7,73% higiénicos; 3,84% papel; 2,39% cartón; 6,93% bolsas y empaques; 3,21% plástico soplado; 1,06% metales; 2,56% vidrio; 0,98% cuero; 1,98%; textiles, 0,62% madera y un 1,34 % materiales cerámicos, según los datos de un estudio: la caracterización de residuos sólidos del Municipio desarrollada en 2006 en convenio con la Universidad del Valle.

Según Rubén Olarte, de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos Municipales, su despacho se encargará de actualizar estos datos “en la actual vigencia”.

Pero hay otros problemas que explican por qué Cali está llevando tanta basura a Yotoco: la ciudad carece de mecanismos para aprovechar los residuos. Rubén Olarte aseguró que la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos Municipales está trabajando para dar celeridad al proceso de adecuación de las estaciones de clasificación y aprovechamiento – ECA - las cuales son infraestructuras tecnificadas donde llegan los materiales que son recolectados por los recicladores de oficio.

Sin embargo estas estaciones aún no están listas, así que los casi 3500 recicladores de la ciudad, agremiados en 27 organizaciones, están llevando los materiales a bodegas independientes que no siempre compran todo lo que se puede recuperar, por lo que una buena parte del material reciclable termina en el relleno sanitario de Yotoco.

Los lunes y martes son, a propósito, los días ‘pico’ de las basuras en Cali. Quien se queda en casa el fin de semana por lo regular genera más desperdicios.

Y ha sucedido que algunas empresas, como les cobran la tarifa de acuerdo a los metros cúbicos de basura que generan, aprovechan días solitarios como los domingos para llevar sus desperdicios a botaderos clandestinos y evadir el pago. Por ese motivo, el Dagma ya abrió cinco procesos sancionatorios en lo que va del año.

La Policía, por su parte, impuso el año anterior 221 comparendos por infringir el nuevo Código de Policía; gente que llevó sus residuos a donde no debía, como el separador vial de la Avenida Simón Bolívar. En los primeros 7 días de febrero de este año los comparendos ya sumaban 25, y sin embargo Silvio, en El Calvario, seguía de un lado a otro recogiendo basura, con el apoyo incluso de un carro equipado con una gran pala.
Es tal el consumo de cosas que se desechan rápidamente, que en los últimos dos siglos la humanidad ha generado más basura que en toda su historia.

El relleno de Yotoco atiende 13 municipios y tiene una vida útil según su licencia hasta el año 2039.

‘Top’ de infracciones

Incum- plimiento de los ciudadanos de entregar los residuos los días de las frecuencias y horarios de recolección establecidos, y ubicarlos en zonas públicas a cualquier hora y día de la semana.

Comerciantes que por no pagar la tarifa que les corresponde por su generación de residuos, los depositan de manera clandestina sobre los separadores viales y canales o los entregan a quienes manejan carretas.
Depósito de inservibles (colchones, muebles) en diferentes puntos de la ciudad o dejarlos sobre lechos de fuentes hídricas o canales de aguas lluvias, y no solicitar el servicio para su recolección sin costo alguno a la línea de atención 110.

Arrojo clandestino de residuos de construcción sobre el espacio público por no cancelar el costo a un vehículo autorizado para su disposición final. Línea 110.

"Escombrera de la 50 sigue funcionando"

La Contraloría de Cali viene realizando recorridos para verificar la situación actual de las escombreras y el cierre definitivo del sitio provisional de transferencia de escombros ubicado en la Autopista Simón Bolívar con Carrera 50, y denunció que este lugar continúa operando.

Según un informe del ente de control, a la escombrera de la 50 aún “llegan carretillas y vehículos que fueron entregados por las dos últimas Administraciones en cumplimiento del proyecto de sustitución de vehículos de tracción animal. El sitio se encuentra a punto de colapsar por la cantidad de residuos de construcción y demolición que se depositan diariamente por aproximadamente 200 chanas (camionetas) y 40 carretilleros”.

La Contraloría agregó que la escombrara de la 50 “sufrió una reducción del área para la operación por las obras de reforzamiento ejecutadas en el talud sobre el Canal Sur por el Proyecto Plan Jarillón, que disminuyó ostensiblemente su capacidad”.

Actualmente en Cali no hay un sitio para la disposición de escombros, por lo menos oficial, por lo que los operadores de recolección los trasladan a las escombreras de Candelaria, Puerto Tejada y Villa Rica.

Parque Ambiental y Tecnológico

De otro lado, y precisamente sobre el tema de los escombros, Rubén Olarte, director de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos Municipales, aseguró en entrevista con El País que “las oportunidades para el reciclaje de los residuos de construcción y demolición – también llamados RCD - son enormes”, y por ello su entidad realizó, mediante un convenio con la Asociación de Ingenieros Sanitarios y Ambientales, Acodal, la caracterización de los residuos de la estación de transferencia de la carrera 50, “para reconocer su valor como recurso y cumplir con los objetivos de reciclaje. Los residuos deben reincorporarse a la cadena productiva dentro del marco de la economía circular, aunque para ello es necesario desarrollar la infraestructura correspondiente”.

Según Olarte, precisamente en este momento se encuentra en estudio de factibilidad los diseños del que sería el Parque Ambiental y Tecnológico de Cali, “que permitirá reciclar los residuos de construcción y demolición para la creación de una industria local y regional de ecoproductos de construcción competitivos, y por consiguiente de un nuevo mercado que genere nuevos empleos”.

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