La historia del bebé que fue abandonado en un balde en el centro de Cali

Febrero 18, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-18 Por:
Redacción de El País

Diego Fernando fue llamado el recién nacido encontrado en el centro. Le gana la batalla a la vida.

¿Qué viene después? ¿Qué sigue en la lista de cosas que le pasan a un ser humano dejado en un balde de plástico con una escasa hora de vida? Al menos en lo que respecta a las respuestas más inmediatas, intentaremos contar en qué va Diego Fernando. Lea también: Bebé abandonado en un balde se recupera satisfactoriamente en el HUV

Así decidieron llamarlo las enfermeras de la Sala Cirena del HUV para dejar de reconocerlo como  “el niño que encontraron el domingo pasado por el Palacio de Justicia”. 

La enfermera Janeth Varela hace notar lo rosadito que se ve y la perfección de los diminutos pies. Abre la incubadora para acomodarlo mejor y una mano le es suficiente para manipular ese cuerpo de 35 centímetros de largo y 1400 gramos. Ya no tiene más que las canalizaciones por las que le suministran los  líquidos y las gafitas de tela negra para protegerle la retina de la luz. 

Es pequeño, pero incluso sus vecinos de incubadora en la unidad de cuidados intensivos lo son más. Al frente tiene uno de 500 gramos y diagonal, uno de 900 que necesita respirador. La Sala Cirena del HUV es cónclave de luchadores chiquiticos guerreando la más intensa batalla. 

Dice el médico Javier Torres, jefe de área, que estará en la UCI hasta que alcance los 1800 gramos, lo que puede pasar en tres semanas. Luego irá a cuidados intermedios. 

Llegó con hipotermia, pero no está desnutrido, por lo que el pediatra estima que algún tipo de cuidado prenatal pudo tener la madre, porque nació en muy buenas condiciones para las 32 semanas con las que llegó al mundo. Al menos, la embarazada  comía lo suficiente. También dio negativo a VIH y no se le  encontraron evidencias de drogas. 

La clave de su sobrevivencia y de haber escapado de una severa infección estuvo en que cuando lo encontraron aún estaba con el cordón umbilical unido a la placenta. 

El subintendente James Prieto, quien lo halló en la calle y empezó a gritar por su radio “¡un carro, un carro! ¡hay un feto  con vida!”, dice que no entendía  qué era aquella masa roja oscura que rodeaba al bebé.  Era, explica ahora el doctor Torres, su salvavidas, pues amortiguó su contacto con el balde y le permitió tener un adecuado flujo sanguíneo. Un corte con cualquier cuchilla en el cordón umbilical habría sido desastroso.

El agente Prieto lo visitó el martes. “¿Cierto que es muy bonito?”,  pregunta dando la respuesta, porque tienen toda la razón. “Yo tengo una  hija de cinco años”, añade y luego viene un silencio que no necesita mucha explicación.

Bolsas con pañales, pañitos húmedos y algo de ropa que aún no necesita están al lado de su incubadora, hay otras chuspas en la oficina de pediatría. La solidaridad de algunos desconocidos, de otras madres de la UCI y del personal del HUV que se asoma para ver  qué se necesita han hecho presencia estos cuatro días. “Ojalá no fuera solo cuestión del ‘boom’ de la noticia, porque es mucho lo que va a necesitar”, sentencia  una enfermera que a través de la pared de acrílico le regala a Diego Fernando una caricia. 

El Icbf ya tiene en sus manos el caso, explica la trabajadora social del HUV, Esmeralda Pereira, quien dice que  “cuando su salud lo permita, será entregado al instituto para protección”. Esa es la ruta que se sigue con los niños que dejan en el hospital. 

Ella cita  un caso del año pasado, de un bebé prematuro que estuvo dos meses hospitalizado. Su madre, de 15 años, que aún estaba en el colegio, iba a verlo una o dos veces por semana, pero no volvió. Los datos de la historia clínica permitieron dar con ella y la abuela, quienes decidieron no permanecer con el niño argumentando, entre otras cosas, escasos recursos. Esmeralda acompañó a la madre en el momento de la entrega al bienestar familiar.  Así, cuando Diego Fernando esté listo, tal vez sean los brazos de Esmeralda los que lo entreguen al Icbf. Eso puede ocurrir en dos meses, calcula el cuerpo médico. 

Será un defensor de familia, quien se convertirá en su representante legal, el que  decida si  se va para uno de los hogares, como Casita de Belén, Bambi  Chiquitines u Oscar Escarpeta  o si tendrá una madre sustituta. Esto, mientras se da el proceso de búsqueda de familiares (hasta un sexto grado de consanguinidad), lo que obliga la ley. Jhon Arley Murillo, director regional del Icbf,  dice que en este caso este paso puede agotarse muy rápido, pues no hay indicio alguno de familia, por lo cual, en mes y medio o dos meses el bebé sería declarado en condición de adoptabilidad. Esto, aclara, a no ser que alguien se presente, un tío, un primo, algún pariente que pueda demostrar que tiene nexos con este angelito pelinegro.

     Luego vendría la búsqueda de una familia adoptante. En el Valle hay una lista de espera de 55 familias. Cada una, cuenta Murillo,   plantea unas  condiciones de edad, etnia o salud del niño a recibir, así que esto, en ocasiones, hace que a los trámites (que no son pocos), se sume más tiempo.  

Aunque hay quienes se preguntan  porqué no entregan a Diego Fernando a una de las familias de los policías que lo hallaron y que tanto cariño le demuestran, eso no es posible. El director regional del Icbf asegura  que eso sería una adopción direccionada, lo que no es legal. El caso de este niño, como los de los demás, pasará  al Comité de Adopciones y si hay una  familia aprobada en espera que busca un pequeño de condiciones similares a las suyas, puede ser asignado. Ayer, por ejemplo, el comité dio el visto bueno a tres casos, según Murillo.   

Así las cosas, y para intentar, con todas las probabilidades de error, contestar a la pregunta inicial de este texto, para el niño valiente del cubículo 6 de la Sala Cirena viene una lucha por fortalecer su cuerpo y abrir por fin los ojitos, para lo que tiene a su servicio a los héroes del HUV.

Y si el vaticinio del jefe del Icbf en el Valle se cumple, Diego Fernando llegará a ocupar el lugar de un anhelado hijo en alguna familia colombiana o extranjera.

Cuatro días después de aquel hecho del que no es posible (y  tal vez sea inútil)  encontrar explicación, la vida es la que gana la partida.

VER COMENTARIOS