La caleña que creó el método para sobrevivir al abuso sexual

La caleña que creó el método para sobrevivir al abuso sexual

Abril 29, 2018 - 08:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / editor de Crónicas y reportajes de El País
Claudia Couper, la caleña que creó el método para sobrevivir al abuso sexual.

Claudia Couper nació en Cali pero tiene un acento muy distinto al de estas tierras. El de ella es el tono de una latina en Estados Unidos, mezclado con otros aires. Cuando alguien se lo menciona, Claudia se carcajea. Dice que tal vez perdió la personalidad. Pero no es cierto, por supuesto.

– Viví muchos años en Australia y en mi casa hablamos más inglés que español porque mis hijos son australianos. Eso cambia la lengua, la tuerce un poquito. Y he vivido en varias partes. Un año en Perú, un año en las Guayanas, y ahora vivo en Barranquilla. Pero nací en Cali. A los 25 años me fui a vivir a California y bueno, ya voy a cumplir 53. He estado mucho tiempo por fuera.

Es una mañana de miércoles y Claudia toma aromática junto a la piscina de un hotel del sur de la ciudad. Un par de días después ofrecerá una charla gratuita en la que contará su historia y un método que ella diseñó y que le ha servido a decenas de personas en el mundo, especialmente víctimas del abuso sexual.

Claudia Couper se define así: una sobreviviente del abuso sexual.

– Mi vida en Cali era bastante difícil. Y yo quería un cambio. Se me ofreció esa oportunidad porque mi hermana mayor vive en California. Estando afuera empecé a investigar el abuso sexual más allá de lo que me había pasado. Estudiarlo en otras situaciones, en otras personas, cómo lo manejan en un lugar como Australia, que lo manejan muy bien, aunque el suicidio entre los adolescentes es muy alto. Gran parte de esos suicidios está ligado con el abuso sexual no resuelto y la falta de apoyo.

– ¿Qué sucedió en tu caso?

– Empecé a ser abusada sexualmente desde los 2 ó 3 años, y eso se mantuvo durante 17 años. Se me quitó la oportunidad de vivir mi infancia y mi adolescencia. Debí reinventarme, sacar pedacitos de acá, de acá, de acá, (Claudia se señala diferentes partes de su cuerpo) para crear el ser que soy hoy, reconstruirme.

"Yo también soy escritora, especialmente escribo sobre el abuso. ‘Pequeños héroes’, por ejemplo, es un cuento infantil que habla sin hablar directamente del abuso, y cómo superarlo"
Claudia Couper
Caleña

– ¿Quién abusó de ti?

– Mi padre biológico.

Silencio en la mesa.

– ¿Por qué lo hizo durante 17 años, por qué no se pudo detener?

– Me hago la misma pregunta. No lo sé. Pero te puedo decir que los pedófilos, los agresores sexuales en general, son sumamente astutos. Saben cómo hacer su maldad. Mi padre era muy inteligente. De hecho era un empresario muy capaz, exitoso, y él sabía cómo manipular la situación para encontrar los lugares y los momentos donde él podía hacerlo.

– ¿Te amenazaba para que no lo contaras? ¿Por qué no hablaste?

– Porque es algo que empezó desde que yo tenía dos o tres años.
Imagínate una bebé de dos o tres años que alguien empieza a tocarle sus partes íntimas. Acondicionas a ese ser a esa clase de caricias. Hasta los 12 años creí que eso era normal. Que eso era lo que le pasaba a todos los niños. Cuando me permiten salir de la casa a jugar, lo primero que yo hago es preguntarle a los otros niños: ¿tu papá te hace esto y esto? Yo sí sabía que algo estaba mal, porque físicamente sangraba, me dolía, era horrible.

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En este punto el mesero se acercó a la mesa y llenó de nuevo de café el pocillo del reportero.

– ¿Cómo se entera de esto su familia y cuándo se detiene?

– Ellos se dan cuenta a los 12 años. Ahí intento hablar. Pero desde la confusión. No sabía que eso era abuso sexual, no sabía qué significaba la palabra pedófilo. Lo único que dije fue: mi papá me toca de una forma que no me gusta. “Ay no, eso es que usted se está imaginando cosas”, me decían. No, pero yo sangro, respondía. “Ah, eso debe ser que se peló con algo”. No me creían. Porque es muy duro aceptarlo. Lo primero que todo ser humano hace en estos casos es negar pero no por maldadoso, no porque no quiera ayudar, sino porque no entiende qué está pasando, igual que yo en ese momento. Y porque en esa época no había información suficiente para hablar de algo así. Yo no condeno a mi familia. Sí se me hundió más al no apoyarme, pero no por maldad sino por falta de información.

– ¿Qué pasó con tu papá?

– Ya murió.

– ¿Alguna vez pidió perdón?

– Una vez un día cualquiera, cuando tenía unos 20 años, fui a la casa de un amigo que era psicoanalista, y le dije: “ok, hoy confronto a mi papá. Le voy a decir que no me puede tocar más”. Mi amigo me dijo: “maravilloso Claudita. Pero primero vamos a tomarnos una sopa”. Y yo: “bueno”. Después, en el camino, me iba distrayendo. Porque yo iba con mucha furia. Y pude enfrentar a mi padre y decirle todo el daño que me hizo, todo lo que sufrí, todo lo que me angustió lo que él hizo. Él lo único que hacía era gritar por ayuda. Cómo estaría yo de brava.

"Deseo que las personas encuentren su potencial interior y la conciencia de lo que somos. No tenemos que quedarnos en el dolor, no tenemos que quedarnos en la mediocridad, no tenemos que quedarnos en el trauma. Decidir ser"
Claudia Couper
Caleña

– ¿Tienes hermanos?

– Sí, soy la menor.

– ¿Y fuiste la única víctima?

– Hasta donde yo sé, sí.

– ¿Cómo destruye esto la familia, pero también cómo se reconstruye?

– La destruye y en masa. Para todos ellos fue muy difícil, para mí fue muy difícil, especialmente porque no me creían. El dolor separa a las personas. Solo hasta ahora estamos volviendo a restaurar lazos.

– Su papá era un empresario respetado. ¿El éxito es definitivamente el mejor disfraz de los abusadores?

– Sin duda. Mi padre era generoso, caritativo, la figura perfecta. El hombre amado y maravilloso. Y eso creó mucha más controversia en mi familia. Mi padre era de la clase de gente que tú conoces y amas. Con un carisma, que tú jamás dices: ¿cómo?

Al hotel llega Wirman, el fotógrafo. Claudia recorre la piscina bajo sus indicaciones. Diez minutos después regresa y le da un sorbo a su aromática.

– ¿Cómo empieza la reconstrucción de Claudia?

– Yo estaba muy vulnerable, muy frágil. Sufría de ataques de pánico y ansiedad, no tenía confianza en mí ni en mi entorno, me sentía confundida. Porque de un momento a otro el que creó el problema fue puesto a un lado, y yo comencé a ser el centro de la acusación. Encima de que me violan me hacen la responsable. Entonces cuando salía a recreo en el colegio me escondía detrás de los muros, quería ser invisible.

"Cuando tienes consideración contigo mismo la vida cambia, tu entorno cambia, empiezas a atraer lo que deseas. Los milagros comienzan cuando empezamos a amarnos"
Claudia Couper
Caleña

Pero un día encontré un libro que se llama ‘Nacidos para triunfar’. Me encantó la carátula. Un niño desnudo encima de una montaña abriendo los brazos al sol. Era un libro fantástico que seguí al pie de la letra. El libro decía por ejemplo: ponga una silla delante de usted. Ahora dígase tal cosa, y yo me pasaba al otro lado. Descubrí tiempo después que era un libro de terapias. Siendo una niña me empecé a hacer mis propias terapias. Y descubrí una oportunidad. Pero tenía 12 años y todavía estaba siendo abusada.

– ¿ Y qué pasó con esas terapias?

– Entendí que había alguna puerta de salida. El segundo envión para abrir esa puerta se dio muchos años después. Yo soñaba con tener una fiesta de 15 años. Pero como yo era el problema para algunos, el problema se tiene que tapar, ignorar, echar a un lado. No me ponían atención a mis necesidades de niña. Y como no era popular en el colegio, nadie me invitaba a las fiestas de quince. Entonces una hermana tenía una ropa muy linda y le dije que me prestara un vestido porque me habían invitado a una fiesta. Me lo inventé. Me puse linda y salí a caminar por Vipasa, porque era mi fiesta de 15. Alguien se enteró de eso y sintió tal vez compasión, así que a los 17 años me hicieron una fiesta.

Y esa fiesta me dio la oportunidad de confiar en la persona que había hecho eso, que era una hermana. A ella le conté con lujo de detalles lo del abuso; y a su esposo. Ellos me creyeron, me dijeron que me fuera a vivir con ellos, que me iban a proteger. Yo pensé: esto es un milagro. Pero 15 días después, el esposo de mi hermana falleció en un accidente. Mi hermana quedó en una situación emocional que no estaba para apoyar a nadie, y volví a mi esquina: la casa de mis padres.

– ¿Y entonces?

– Empiezo a trabajar, a sobrevivir, a encontrar caminos. Fui mesera de Primos, me metí en el Coro Polifónico de Cali. Intentaba construirme. Y de repente llega el viaje a California. La situación era muy difícil para mí y yo quería salir. Sentía que tenía que irme, dejar todo esto atrás, quería ser algo más que una abusada sexualmente, algo más que un problema para mi familia. Quería ser yo. Y me fui a California.

Junto a Claudia está Pablo Lopera, el gerente de Alopolis, una empresa que se dedica a hacer realidad las ideas de los emprendedores. Con Claudia está trabajando para que el método que ella creó llegue a millones de personas. Él la escucha en silencio.

– ¿Qué pasó en California?

– A los dos meses conocí al padre de mis hijos. Me casé y me fui a vivir a Australia. Mi pareja fue muy generoso porque yo le conté mi historia. Fue muy paciente y amoroso. Yo estaba petrificada. Pero él tuvo la inteligencia emocional para entender mi situación. Se lo agradeceré siempre.

Cuando llego a Australia conozco el mejor centro de sanación que podía encontrar. Allí todos eran sobrevivientes de abuso sexual. Son psicólogos, psiquiatras, pero todos han sido sobrevivientes. Y eso lo empodera a uno. No estoy sola, sentí. Y ahí empecé mi proceso. Empecé a estudiar, a crecer, ya no era esa niña abandonada sino la mujer que estaba floreciendo. Y comencé a pensar en la gente que está al otro lado de la ventana padeciendo el abuso.

– ¿Fue así como empezó a trabajar con las víctimas?

– Los que hemos pasado por este dolor nos ponemos fácilmente en el papel del otro y empecé a darle vueltas a una idea: crear un método para que las personas víctimas de abuso surjan, brillen. Y lo logré. El método se llama ‘Yo decido ser’. Las personas tenían resultados muy rápidos.

– ¿Cómo llegó a Colombia a trabajar con comunidades vulnerables?

– Se fue regando la bola que yo era una señora que andaba haciendo terapias para una cantidad de gente, gratis, y una funcionaria del programa Familias en Acción me dio un grupo de mujeres, aunque no había presupuesto. Yo dije sí, quiero ayudarlas. Eran 200. Algunas eran madres de sicarios, algunas habían trabajado en la prostitución, y fue maravilloso. Nos reunimos durante 12 sábados. Me impactó la historia de una mujer que tenía 4 hijos, tres muertos en sicariato. El otro, de 16 años, estaba en una pandilla, y le habían pedido una cuota demasiada alta para permanecer en ella: matar a su mamá. Ella permanecía con una pala a la mano, y se encerraba toda la noche y se protegía con cadenas.

Cuando llegó a la charla estaba muy agotada, disminuida. Y ella me pidió el permiso de traer a su hijo a la sesión. Le dije que sí. Yo tenía miedo. Pero confío en que Dios me cuida. Y el chico al final del curso dijo:
¿puedo hablar? Y le pidió perdón a la mamá.

– Pero además ha trabajado con futbolistas profesionales. ¿Por qué?

– Empecé a trabajar con ellos después de pensar en cómo hacer la diferencia en Colombia. Cómo este mensaje le puede llegar a muchas personas. Porque entendí que el abuso no es el único trauma. Todos tenemos nuestros monstruos debajo de la cama. Y entendí a los futbolistas como lo que son: héroes populares.

Si un futbolista le dice no a la droga, los niños y jóvenes le dicen no a la droga. Si un futbolista habla de autoestima, los niños y los jóvenes lo empiezan a hacer. Son influenciadores. Por eso trabajé con Guillermo Celis, Alexis Pérez, Félix Noguera. Todos del Junior. Hicimos una especie de demo de mi método. Y fue una manera para que ellos también sanaran. Ellos sufren. Nos hemos olvidado de que detrás de esas grandes figuras a los que no les perdonan los errores en la cancha, hay un ser humano.

Claudia Cooper se dirige ahora a la sede campestre del Deportivo Cali.

"Una de las cosas en las que insisto en mi método es en celebrarnos la vida a nosotros mismos, premiarnos a diario".

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