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Experto en seguridad en el fútbol analiza el problema de muertes por barras bravas

Septiembre 20, 2020 - 11:22 p. m. Por:
Redacción de El País
Alirio Amaya

Alirio Amaya, experto en convivencia y seguridad en el fútbol.

Foto: Especial para El País

Llevado al deporte, Alirio Amaya es algo así como el alto comisionado para la paz en el fútbol colombiano. En su cabeza está la historia de las barras, de los hinchas asesinados, de las familias destrozadas y de los esfuerzos de distintos gobiernos por llevar la fiesta en paz.

Este administrador deportivo, especialista en pedagogía y magíster en educación, ha sido titular en todos los estadios en los que se juegan iniciativas en pro del barrismo social como ‘Goles en paz’, de la Alcaldía de Bogotá, el ‘Plan Decenal de Fútbol’ y otras iniciativas latinoamericanas.

En 22 años trabajando e investigando temas como la prevención de la violencia dentro y fuera de los estadios, tiene claro que la violencia en el fútbol es un reflejo de los problemas sociales del país y que la solución solo se logra involucrando a todos los sectores de la sociedad.

¿Cómo se puede definir la violencia en el fútbol colombiano?

Es una violencia dolorosa asociada a un país con una alta tasa de homicidios cada año y que la mayoría obedece a la intolerancia. Tenemos un reto como sociedad y es la convivencia en armonía; el fútbol es un espacio donde muchas veces se refleja la violencia que se vive fuera de los estadios porque esos hinchas no llegan de otro planeta; son los que están en los barrios, en las comunas y por eso debemos trabajar más en las causas de esta violencia que en las consecuencias.

¿Qué significa eso?

Que no podemos quedarnos lamentando lo que sucede, rechazándolo; inclusive, ese rechazo muchas veces lo hacemos con un lenguaje violento, con calificativos violentos. Es decir, rechazamos la violencia con más violencia. Lo que se trata es de entender dónde están esas causas, porque diagnosticar bien las causas nos va a permitir hacer las verdaderas transformaciones. En los últimos 20 años, hemos visto a los líderes de las barras de la mano del Estado, construyendo marco normativo, participando en el estatuto del aficionado, en la construcción del Plan Decenal de Fútbol; han sido los primeros que se sientan con los alcaldes o con los delegados a decir ‘mire, tenemos una política pública’, pero es necesario que esa política pública sea realidad en los planes de gobierno.

¿Qué le dice la cifra de 149 jóvenes muertos en los últimos 12 años solo por llevar la camiseta de un equipo?

Es lamentable. Una sola muerte nos tendría que tocar como sociedad, no podemos naturalizar estas cifras, no podemos creer que es algo normal, que portar una camiseta de un equipo de fútbol se constituya en un riesgo para cualquier persona. Creo que muchas de esas situaciones no es porque yo quiera agredir con nombre propio a alguien, porque muchas veces la gente se agrede y no sabe ni quién es ese otro. Pero en el imaginario y la forma de ver y entender la vida, consideran que quien lleva una camiseta de otro color, debe ser un sujeto para agredir.

¿Qué hace falta para que los esfuerzos arrojen un buen resultado?

Esta cantidad de personas asesinadas nos debe llevar a todos a sentirnos parte de la solución. No podemos pensar que la solución va a estar en un solo actor que es el Estado, que es el líder de la barra o que es la familia, cuando las transformaciones tienen tres escenarios fundamentales: la escuela, la familia y la sociedad. Si entendemos que las transformaciones deben darse en esos tres espacios, los cambios irán llegando de manera gradual; de lo contrario, cada una de esas muertes seguirá cayendo en un lugar común.

¿Hay responsabilidad de los líderes de las barras en esta situación?

Las dinámicas de las barras no son sencillas; los líderes se han dado una pela interna tratando de que ese lado violento no sea el común denominador de sus acciones. Si tú miras en cada una de las barras, vas a encontrar cualquier cantidad de trabajo social, desde ellos mismos mostrando acciones positivas y explicando que como organización también les duele y rechazan esa violencia.

¿Las barras del fútbol perdieron el control de los barristas?

Este es un fenómeno que se acerca a las tres décadas y digamos que los liderazgos se han ido transformando. Pero también lamentablemente hoy tenemos una categoría que manejamos en una tesis de maestría y es la categoría de los hinchas de la hinchada. Y los hinchas de la hinchada son mucha veces los menores de edad que son los que están generando problemas y muchas veces a los líderes de la barra, porque también hay que tener en cuenta que a los líderes les estamos demandando una responsabilidad que no tienen ni los padres de familia, que no la tienen los tutores de estos menores y de una u otra manera en algunas organizaciones sí se ha desbordado el tema. Muchas veces a ellos les ha tocado suplir el papel del Estado, en muchas situaciones que son también necesidades básicas de la gente en términos de educación y empleo.

¿Por qué tantos menores de edad como víctimas y victimarios?

No podemos desconocer que en algunas organizaciones el tema de los menores de edad está desbordado y que estos menores de edad generan muchos problemas, muchos comportamientos y muchas prácticas que ponen en riesgo su propia vida. Por citar un ejemplo, el tema de los ‘guerriados’, esos jóvenes que viajan en camiones, donde hay una gran cantidad de muertos porque estos hinchas muchas veces se quedan dormidos, se caen del camión, les pasa el carro por encima, o se enfrentan con otros que también viajan en esta modalidad. Pero si uno le pregunta al líder de la barra, ellos no está de acuerdo con este tipo de prácticas y creo que ahí es donde también están los grandes retos porque los líderes de las barras necesitan de parte del Estado un mayor apoyo para situaciones como esas que evidencian en sus organizaciones.

¿La pobreza está asociada a la violencia en el fútbol?

Hay que tener mucho cuidado con eso porque inclusive los primeros estudios en Inglaterra hablaban de que los hooligans eran jóvenes excluidos del sistema inglés y ahí no tenían que asociarse la pobreza. Hay que tener mucho cuidado con asociar ‘pobre, igual, violento’, no. En el tema del fútbol pobre no es igual a ser violento; tendríamos que revisar bien cada caso porque esa práctica de andar en mula, por ejemplo, no simplemente es porque la gente no tenga dinero, sino que para muchos se constituye también en un estilo de vida el estar por todo el país o por todo el continente acompañando a su equipo. Sin embargo, hay unas condiciones también difíciles en algunos jóvenes que su única pasión, su única manera de existir en el mundo es el fútbol y pueden estar dos meses por carreteras del país y el afecto que necesitan, lo encuentran únicamente en sus compañeros.

¿Algún país ha logrado un trabajo exitoso con el tema de barras?

Son marcos sociales distintos, obedecen a otras condiciones, pero yo quisiera resaltar algo: nosotros en el 2015, en Santiago de Chile, hubo un evento de los estudios socio culturales del deporte. Ahí estaban todos los investigadores del continente y ellos decían que caso sui géneris era Colombia; porque le apostó a un proceso donde las barras participan activamente. Si miras la Ley 1270, tienen 3 artículos referenciados al barrismo social, que es una categoría nativa, propia de nosotros. Pese a nuestras cifras que son lamentables, Colombia es un referente de trabajo articulado entre el Gobierno, la ciudadanía, las barras y los mismos clubes deportivos que construyeron la única política pública que existe en el mundo. El Plan Decenal de Fútbol.

Pero las medidas en los países de suramérica son casi las mismas...

Si tú miras la mayoría de decisiones en el continente, aunque algunas en Colombia se han tomado también igual, estamos siempre hablando de lo mismo; sistemas de biometría, carnetización y el no ingreso de visitantes. Paradójicamente, debemos hacer una investigación más exhaustiva del impacto del no ingreso al estadio de los visitantes porque creo que a largo plazo estamos ampliando las diferencias entre los jóvenes. Estamos generando más resentimiento; lo regional pasó de ser algo característico de la cultura a ser un elemento de guerra. Porque si el caleño no puede entrar a Bogotá, si el paisa no puede entrar a Cali a un partido de fútbol, simplemente lo que estamos es afianzando algo negativo de la forma de sentir y vivir lo regional.

Esa es una decisión que han debido adoptar varios países...

Las medidas en Suramérica siguen demostrando un fracaso porque simplemente estamos evidenciando un otro al que hay que erradicar; un otro al que hay que eliminar, que son los hinchas, que son las barras. El concepto que se manejó en Inglaterra cuál era, brindar seguridad a favor de los aficionados; la percepción acá es totalmente diferente y estamos trabajando mucho hacia un otro que es un enemigo, al que hay que sacarlo de los estadios, pero una cosa es erradicar a los violentos de los estadios y otra es erradicar las condiciones que generan la violencia.

Siempre hablamos de la violencia en el fútbol, pero los aficionados no mueren dentro de los estadios...


En Colombia en los últimos diez años por lo menos un 1% de la problemática se ha presentado dentro de los estadios. Las situaciones de violencia está en los parques, en los días de no partido y en las carreteras del país. Nosotros siempre tenemos un lugar común para este tema que es la violencia, por qué no hablamos desde la convivencia, por qué no hablamos desde la solidaridad. Tenemos que buscar como otro paraguas que nos permita construir. Eso no significa que queramos invisibilizar los hechos de violencia, no. Al contrario, hay que ponerlos sobre la mesa y a partir de allí tomar las grandes decisiones.

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