El desierto de la Tatacoa, un destino turístico que cada vez descresta más a los caleños

El desierto de la Tatacoa, un destino turístico que cada vez descresta más a los caleños 

Enero 17, 2018 - 01:51 p.m. Por:
Anderson Zapata Reyes / redacción de El País 
Desierto Tatacoa

330 Kilómetros cuadrados tiene el Desierto de la Tatacoa.

Foto: Anderson Zapata / El País

Si de aventura y paisajes exóticos se trata, uno de los lugares que usted debe visitar es el Desierto de la Tatacoa, ubicado a 45 minutos de Neiva, en el Huila.

Muchos colombianos se sorprenden al ver las fotografías que los miles de turistas suben a sus redes sociales del desierto y preguntan: “¿Eso queda en Colombia?, ¿Cómo hago para ir?”.

Desde Cali, cada puente festivo parten vía terrestre varios buses de diferentes agencias de viajes que durante 12 horas recorren el norte del Valle del Cauca, llegan al Quindío y suben al alto de la Línea para luego descender al caluroso departamento del Tolima y emprender la recta final del recorrido hacia Neiva. Allí no finaliza el viaje, pero por lo general los planes turísticos hospedan a sus viajeros en diferentes hoteles de módicos precios en la capital del Huila.

Después de un buen descanso, el recorrido hacia el Desierto de la Tatacoa continúa y aparece, escondido en medio de los grandes arbustos, el imponente río Magdalena que nace unos cuantos kilómetros atrás. El calor empieza a hacer de las suyas y las ventas de jugos y de agua se encuentran por doquier.

Antes de disfrutar de las montañas del Desierto Rojo se debe hacer una parada obligada en la población de Villavieja, municipio que alberga a un poco más de 7000 habitantes y donde el capitán Juan Alonso fundó por segunda vez la capital del Huila. La villa fue establecida el 18 de agosto de 1550.

Una vez se retoma el camino hacia el Desierto de la Tatacoa, las vías se hacen más estrechas y el color de la tierra se torna rojo, tonalidad que contrasta con el azul impecable del cielo que deja sin palabras a quienes llegan al lugar. Este, sin duda, es uno de los momentos donde se comprende la inmensidad de la naturaleza y lo diminutos y frágiles que somos como especie humana ante ella. Era hora de sacar las cámaras fotográficas.

Desierto Tatacoa

La Tatacoa o el Valle de las Tristezas, como la llamó en 1538 el conquistador Jiménez de Quesada, por los rastros de deterioro que notó en su territorio, no es justamente un desierto, sino un bosque seco tropical. Su nombre ‘Tatacoa’ también se lo dieron los españoles, remitiéndose a las serpientes cascabel y no, como se podría pensar, a las culebras inofensivas de color negro.

Como lo revelan los científicos, la Tatacoa durante el período Terciario fue un jardín con miles de flores y árboles que poco a poco se han ido secando hasta convertirse en un desierto. La caminata inicia en la parte de arriba y después se desciende hacia las montañas rojizas decoradas con cactus de más de tres metros.

Este es un trayecto apto para niños mayores de 7 años, pues los de menor edad, en muchos tramos del recorrido, tendrán que ser cargados por sus padres para cruzar tramos empinados o de difícil acceso.

La zona es erosionada y atravesada por cañones secos que se forman en los meses del invierno. Estas misteriosas figuras se crean sobre superficies arcillosas que dan vida a un paisaje de socavones y laberintos que pueden alcanzar hasta 20 metros de profundidad.

La caminata dura cerca de 2 horas hasta que llega la noche, momento en que cientos de estrellas aparecen en el firmamento dispuestas a ser descubiertas por los turistas que visitan el Observatorio Astronómico ubicado en medio del desierto. Desde allí se pueden observar 88 constelaciones, varios planetas y fenómenos como lluvias de meteoros.

Todo esto debido a que no hay polución lumínica ni auditiva. Tampoco hay distingos de raza, sexo o religión cuando se trata de tenderse sobre alfombras en medio del desierto para apreciar el espectáculo celeste.

Al día siguiente la jornada inicia sobre las 6:00 a.m. para visitar el Desierto de los Hoyos donde el paisaje cambia totalmente, pues durante 3 horas a pie se descubren paisajes imponentes. Incluso puede tener la suerte de encontrarse con la mujer que vive en medio de la nada acompañada por sus cabras.

Además, durante 20 minutos se atraviesa un estrecho bajo la tierra que pone a prueba el estado físico y llena de adrenalina a los viajeros que terminan cubiertos de lodo.

Todo esfuerzo vale la pena cuando después de una extenuante jornada, bajo 40 grados, se disfruta de la frescura de las piscinas enclavadas en medio de esta tierra árida que, como todo desierto, tiene su oasis.

Viaje desde Cali

Varias agencias de viaje tienen planes turísticos para visitar el Desierto de la Tatacoa, Neiva y San Agustín. Los precios de estos paquetes oscilan entre los $400.000 y $500.000 sin incluir el almuerzo y la cena.

Los viajes inician los viernes en la noche, para llegar a Neiva el sábado en la mañana y disfrutar de dos días de aventuras.

El regreso siempre se realiza los lunes festivos después del medio día, con el propósito de llegar nuevamente a Cali hacia la media noche. Las agencias de viajes hospedan a sus clientes en el hotel Las Olas de Palermo.

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