¿De dónde nació la idea del Parque Lineal Río Cali? Esta es la historia

¿De dónde nació la idea del Parque Lineal Río Cali? Esta es la historia

Septiembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
¿De dónde nació la idea del Parque Lineal Río Cali? Esta es la historia

Juan Figueroa, arquitecto de la firma holandesa West 8 que estuvo a cargo del diseño del parque, está en constante supervisión de la obra.

Este espacio público, que estaría listo para final de año, busca que los caleños vuelvan a amar al río Cali.

El  verso es del poeta Eduardo Carranza: “Cali, un sueño atravesado por un río”.   El verso, sin embargo, podría ser más exacto, podría ser: “Cali, un sueño alimentado por un río”. Porque Cali es el fruto del agua, la hija concebida con los brazos de un río surgido en las cordilleras de Occidente y desbocado, sereno y musical hasta el Cauca.

Juan Figueroa, el arquitecto encargado del diseño del Parque Lineal del río Cali, lo dice de un modo más radical, más visceral: “el río es y será siempre el corazón de la ciudad y sin él no hay ciudad. Eso es una verdad irrefutable”.

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Mientras caminamos por el tramo del parque que se encuentra más adelantado, en la zona posterior de la estación de Policía bajando hacia la Calle 25, vemos  un tamizaje de sombras en el piso de ladrillo y sentimos el leve rumor de las aguas que corren.   Juan, entonces, señala lo evidente. “El río ha sido abandonado, ha sido maltratado, y la ciudad debe entender que hay que devolverle su espacio y restablecer la relación que siempre se ha tenido con él. El Parque Lineal se diseñó exactamente para lograr eso”.  

Las palabras de Juan suenan a eso, a un verso modificado. A algo como “Cali, un sueño alimentado por un río”. 

Para la construcción del piso del parque se han usado 18 tipos de ladrillo. La zona tendrá un carril exclusivo para las bicicletas en el tramo de la Avenida 2 Norte.

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Juan habla con un cierto  halo de desconcierto: “yo recuerdo que mi papá me hablaba del ‘Charco del burro’, ahí donde ahora está el Museo La Tertulia. Me decía también que al río Cali se venía a pescar, que la gente tomaba agua del río y lo navegaban en canoas. Y siempre me he preguntado: ¿cómo pudo todo eso cambiar en el curso de tan pocos años? ¿Cómo pudo eso dejar de ser así en el espacio de una sola generación?”.

Juan tiene 45 años. Nació en Cali y vivió en su adolescencia la ciudad de los años 80, la apoteosis de la ciudad que todas las otras querían ser: las filas de hombres y mujeres que esperaban buses de todos los colores, el esparcimiento de la salsa en los barrios del centro, el surgimiento de toda una mitología: Andrés Caicedo, el cine, la literatura, las mujeres sudorosas bailando hasta el amanecer, Héctor Lavoe junto a Rubén Blades viajando en  bus hacia Juanchito. 

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Justamente todo eso, el romanticismo de una ciudad que parece diluirse, fue el motivo por el cual Juan, arquitecto graduado de la Universidad de San Buenaventura que ahora vive en Roterdam, en donde trabaja para la firma holandesa West 8, decidió diseñar El Parque Lineal del río Cali. La obra se ubica  entre la Calle 25 y la Torre de Cali y es, básicamente, un corredor peatonal con una ciclovía dispuesto en las dos márgenes del río.     

La idea surgió, dice el arquitecto,  en 2012.  Un día cualquiera se le presentó a su oficina el caleño Santiago Éder y le preguntó qué podía hacerse para que en Cali las personas empezaran a caminar  la ciudad, sin preocuparse de tener que atravesar zonas oscuras y peligrosas. 

Juan ya lo había pensado y había concluido que el problema era mucho más complejo. Se trataba de que Cali había empezado a fragmentarse y, sobre todo, a perder su memoria. Sí, dice, porque la ciudad surgió al lado del río, allí se hicieron sus primeras casas y sus primeras calles y allí empezó a construirse toda una identidad, una memoria de lo que significa ser caleño. “Pero justamente eso ahora se ha abandonado. El río Cali y sus alrededores han sido descuidados, están ahí en algunos casos solo como un adorno, y nos olvidamos de que toda esta zona ha sido y será siempre el corazón de la ciudad”. 

Para 2014 Juan ya había concebido la idea: no se trataba solo de un ejercicio romántico de la nostalgia, sino más bien de una apuesta por la supervivencia.  “El parque se diseñó para que los caleños volvamos a mirar hacia esas aguas, para que volvamos a relacionarnos con ellas, para que recordemos que el río Cali le dio la vida a esta ciudad desde siempre. El Parque Lineal quiere ser un marco de esas aguas,  darle a la gente una cercanía con ellas y sobre todo, recordarles que sin el río no hay ciudad”.  Sobre todo eso, enfatiza Juan:  “sin río no hay ciudad”.

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Aún falta poco más de la mitad de las obras  para que los dos tramos que van desde la Clínica de los Remedios hasta la Torre de Cali estén terminados.  

Pero es inevitable percibirlo: hay un aura, una gravitación alrededor del río que llega hasta el parque, como la sensación que se tiene cuando se visitan los lugares en los cuales corrió la infancia: la vieja casa, las viejas calles, la cama de la madre.  Es extraño, porque en el Parque Lineal todo es nuevo, y sin embargo, todo parece salido de una olvidada dimensión de la memoria. Juan lo explica: ese efecto, aunque suene difícil de creer, fue cuidadosamente pensado. 

 Los ladrillos que componen el piso del parque fueron fabricados artesanalmente en hornos circulares que habían dejado de funcionar muchos años atrás. “Buscábamos dar la impresión de lo que es único y a la vez nuestro. Si mandamos a hacer los ladrillos a una multinacional, nos llegan todos igualitos. Pero estos ladrillos tienen ese aspecto artesanal, cada uno, digámoslo así, es único, y por eso uno tiene la impresión de estar caminando sobre un suelo muy antiguo”.

Las bancas, por otro lado,  necesitan del trabajo riguroso de un obrero que derrama un relleno de granito mezclado con conchas de mar sobre una estructura metálica. Las conchas provienen de Buenaventura y son esos caparazones duros en los que vive la piangua.  Una vez el bloque de granito seca, el obrero pule la superficie y en ella, incrustada, pueden observarse las conchas. “Son un símbolo de lo que somos, de esta tierra hermosa que es el Valle”, afirma el arquitecto.  

Es inevitable, mientras bajamos a través del parque hacia la Calle 25, tener la impresión de que la ciudad palpita y bombea efluvios de una sangre que no se ve, pero se  siente a través de su río;  la impresión de que toda la vida de la ciudad se vuelca sobre ese pequeño espacio compuesto por el sonido del agua, el viento de la tarde, el sol que se debilita y los ladrillos venidos de otro tiempo.   Todo parece pasar una y otra vez por el río: los viejos años de la ciudad naciente de casas blancas alrededor de la Iglesia La Merced, cuando Cali era una pequeña villa de calles de piedra, y los años más recientes en que el río Cali se había convertido en el centro de la vida, rodeado de hombres que pescaban, de mujeres con pudorosos vestidos metidas en sus aguas, de la gritería de niños corriendo entre sus piedras.

Es como si aquellos  ladrillos, aquellas conchas del Pacífico, el rumor de las aguas y la brisa golpeando los árboles formaran un todo que a la vez constituyera la esencia de la ciudad. Entonces Juan me dice: “¿Ves lo que se siente caminar por aquí? El río baja la temperatura, la brisa pega directa de los Farallones y solo escuchás el  murmullo del agua”. Algo así, imagino, debieron sentir y vivir los abuelos que por allí caminaron en su juventud. 

Juan me cuenta que aunque por ahora el Parque abarca un espacio de un kilómetro, se proyecta  llevarlo hasta Bellas Artes, lo cual implicaría la construcción de otro tramo de 1.6 kilómetros.  “Hay quienes critican que se le haya quitado espacio al tráfico. Yo les respondo que en realidad le estamos devolviendo al río el espacio que le hemos robado”. Juan ríe y dice que no ha sido fácil, que ha tenido que pelear mucho para hacerle entender a mucha gente esa frase que repite con cierta pasión: sin río no hay ciudad. 

Esa frase que, de un modo más poético, podría ser la variación del verso de Carranza: Cali es un sueño alimentado por un río.

Así va la entrega de la obra

Esta obra inició en octubre del año pasado y su ejecución debía durar ocho meses. Los trabajos los adelanta la Unión Temporal Espacio 2015 y tienen un costo de  $19.743 millones.La primera parte del parque, indicó la Secretaría de Infraestructura,  será entregada oficialmente  el próximo 15 de octubre.La Secretaría de Infraestructura señaló también que la segunda etapa de este proyecto,  que tendrá lugar en la Avenida 2N entre calles 15 y 8, sigue en la fase  de rediseño, teniendo en cuenta que en ese tramo solo se tomará un carril vehicular de la Avenida 2N para dedicarlo al paso peatonal.
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