Campaña busca que La Ermita vuelva a ser un ícono de orgullo para Cali

Campaña busca que La Ermita vuelva a ser un ícono de orgullo para Cali

Junio 26, 2018 - 11:45 p.m. Por:
Isabel Peláez R. / El País
La Ermita

La Ermita ha perdido el color original de su fachada y de sus paredes interiores.

Raúl Palacios / El Pais

Ahora luce entre gris y amarillenta, golpeada, resquebrajada, sin la luz, el brillo y la opulencia de otros tiempos. Sus relojes se detuvieron y sus campanas ya no suenan, solo se escucha el gorjeo de las palomas que han cubierto de maleza su techo. Y mientras decenas de turistas, en una tarde cualquiera, se toman fotos en su fachada, la iglesia La Ermita, un icono de la ciudad, se deteriora cada día más. Sus vitrales oscurecieron, y los que no fueron destruidos por los amigos de lo ajeno amenazan con caerse. Hasta su bello órgano de cornetas —que tiene arreglo— se niega a regalar sus notas.

En el interior de este símbolo una restauradora hace calas —pica la pared para reconocer su profundidad, composición y estructura—, y descubrir su color original, que dista mucho de ser el que hoy aprecian los visitantes a este templo católico.

La iglesia, como la conocemos hoy, y a la que se le atribuye gran parte de la magia del Bulevar del Río, se construyó en 1942. La antecedió una construcción pajiza de comienzos del siglo XVII, establecida en las cercanías del río Cali y dedicada a Nuestra Señora de la Soledad y al Señor de la Caña. En el terremoto en 1787, la sencilla iglesia fue derribada y únicamente se conservó la imagen del Señor de la Caña —que aún está en el altar lateral izquierdo—. La nueva Ermita fue dedicada a Nuestra Señora de los Dolores y es una iglesia neogótica en miniatura inspirada en la Catedral de Ulm, Alemania.

La Ermita

Video: Álvaro Pío Fernández / El País

La Ermita

La Ermita ha perdido el color original de su fachada y de sus paredes interiores. Sus tres relojes ya no funcionan. Sus campanas no tañen. Las palomas con sus nidos han deteriorado los techos y el campanario. En agosto ya se estaría iniciando la gran Ermitatón que pretende embellecer este icono de Cali y monumento que encabeza el Bulevar del Río.

Raúl Palacios / El Pais

Desde entonces, la Ermita ha sido protagonista de postales, afiches y selfies. Por eso un grupo de caleños, entre los que se destacan el padre Wiston Mosquera Moreno, rector de la Catedral San Pedro Apóstol, párroco de la Ermita y vicario general de la Diócesis de Cali; la restauradora María Eugenia Vidal y un comité de ciudadanos se han unido para convocar a la gran Ermitatón, una campaña a través de la cual se pretenden recaudar fondos para embellecer este icono de los caleños y vallecaucanos.

“Queremos hacer una gran Ermitatón, para vincular las fuerzas vivas de la ciudad, a las autoridades, pero también a la empresa privada a esta causa por darle un nuevo resplandor a este icono. Hemos pensado en un banquete y en una especie de Teletón a la que todos se vinculen. A todos nos duele la Ermita”, dice el sacerdote quien cuenta que al llegar a la iglesia el 11 de enero pasado, como párroco, le dio lástima ver el estado lamentable en el que se encuentra.

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La Ermita

La humedad está acabando con los techos y afectando las paredes de la iglesia. Las imágenes religiosas han perdido sus colores. No hay lámparas, solo oscuridad.

Raúl Palacios / El Pais

“Lo hablé con el padre Ramón —el párroco anterior—, quien estaba por empezar un proceso similar al que ahora nos proponemos de enlucimiento y restauración, y ante su salida, me propuse continuar con esta tarea, porque da tristeza ver un templo tan hermoso, emblema de la ciudad, en estas condiciones”, cuenta el padre Wiston.

Los reporteros gráficos de este diario, mientras hacían fotos y video del lugar, constataron los estragos que las palomas han ocasionado en los techos, donde hay goteras, humedad, nidos y excremento. Pareciera que han pasado más de cuatro décadas sin que se le dé una mano a esta iglesia. “De lejos se ve muy bonita, pero la cosa cambia cuando ven de cerca la fachada y aún más cuando entran al templo y miran su deterioro, la cara es de desilusión”, dice el sacerdote quien sueña con oficiar allí matrimonios y primeras comuniones. Quiere él que el órgano tubular vuelva a sonar. Para eso ya trajo a un organero que trabajó muchos años en Alemania y que está seguro que puede repararlo.

La Ermita

La Ermita es una iglesia de tres naves, cubierta con bóveda de crucería. Mientras en Europa hay catedrales con 1500 años y están intactas, en el Valle del Cauca la misión de conservar los templos iconos parece imposible.

Raúl Palacios / El Pais

También los 26 vitrales —que representan a los apóstoles— necesitarán más que un arreglo. La mayoría están sucios, otros sueltos o rotos. “Muchos han sido empujados hacia afuera por la acción del viento, del polvo y del tiempo. Tendremos que cambiar el pastillaje”, dice María Eugenia Vidal, restauradora, quien cuenta que a través un vitral se metieron amigos de lo ajeno.

Las iglesias antiguas, por lo general, tenían un reloj, la Ermita tiene tres, pero ninguno funciona desde hace muchos años. No hay cómo convocar a los feligreses. Las campañas no tañen, porque, además, de su notable deterioro, “a la gente le molesta que la despierten a las 6 de la mañana, ya todo es tutela, es triste que se pierda esa tradición que persiste en algunos pueblos”, admite el párroco Wiston.

Hasta el mármol de carrara del que están construidos el altar mayor y el altar del Señor de la Caña —apreciado por su blancura, casi sin vetas— hoy en día palidece por la suciedad y la falta de mantenimiento. “A los pisos, de baldosas de mármol, habrá que meterles máquinas para pulirlos y encerarlos y darles un sellamiento”, dice el ingeniero Edilfredo Calero, que estuvo a cargo con su empresa de construcción, hace un año, del embellecimiento del santuario de Nuestra Señora de Fátima.

La Ermita

Las barandas tienen un grave deterioro. Los vitrales, que representan la imagen de los santos apóstoles, han perdido luz.

Raúl Palacios / El Pais

Pese a todo, el padre Wiston cuenta que sus feligreses no le fallan. “La Ermita jalona turistas al centro, algunos oran y se van, otros se quedan en misa. El que no es católico, entra, mira, se toma unas fotos y se va.
Convocamos a los hijos de Cali en el exterior y a la administración pública, departamental y municipal y a los que tengamos la posibilidad, que nos unamos para hacer resplandecer a la Ermita”.

La restauradora Vidal dice que traerán a un geólogo para que les diga de dónde proviene la roca —pared— que descubrieron tras la cala, si existió en la época de su construcción o trajeron los bloques de otro lado”, y enseña los colores originales del interior de la iglesia: trigo y bronce. Ella destaca las joyas de la Ermita: la pintura de El Señor de la Caña, La Dolorosa, Nuestra Señora de los Remedios, un Cristo de mediados del siglo pasado, un confesionario con estilo del Mozárabe, todos por restaurar; el altar, el púlpito y el comulgatorio, en mármol de carrara, que se trajo en piezas de Europa y fue ensamblado acá, que esperan limpieza.

Piedad Castro, quien junto a Mercedes Victoria y Óscar Erazo, conforman el comité pro Ermitatón, le harán llegar esta semana unas cartas a la Gobernadora y al Alcalde pidiéndoles su apoyo, y contactarán a empresarios vallecaucanos, porque la Ermita nos duele a todos.

1600
millones de pesos costaría la restauración total de la iglesia de La Ermita.

Una de las gestoras para la construcción de la Ermita en 1964, que invirtió gran parte de los recursos en ello, fue Micaela Castro Borrero, según consta en una lápida.

La antigua Ermita fue una construcción sin mucho valor arquitectónico, que fue derribada tras un terremoto en 1787. Y se se conservó la imagen del Señor de la Caña, que se conserva en el altar lateral izquierdo.

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