Así opera el Ejército ambiental contra las invasiones en Cali

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Así opera el Ejército ambiental contra las invasiones en Cali

Mayo 13, 2018 - 08:00 a. m. Por:
Santiago Cruz Hoyos, editor de Crónicas y Reportajes
Así opera el Ejército ambiental contra las invasiones en Cali

Desde marzo de este año han intentando invadir este predio que hace parte de la 'Reserva Municipal de uso sostenible del río Meléndez', en Altos de Polvorines, Comuna 18.

Especial para El País

El ejército ambiental de Cali está integrado por unos 250 hombres, especializados en diferentes asuntos. 70 de ellos, por ejemplo, son soldados del Batallón de Policía Militar Número 3, bajo el mando del Teniente Coronel Omar Arciniégas Pinilla. Sus ‘armas’ a veces son palas, o una pica, o en su defecto un azadón.

Los machetes, en cambio, los portan otros 50 hombres, en este caso cuadrillas de obreros que trabajan para la Alcaldía.

Y además hay 100 policías, que entre otras cosas se encargan de controlar turbas y desmanes y hacer inteligencia para determinar quiénes son los responsables.

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Todos están coordinados por un ingeniero hidráulico, experto en temas ambientales, que prefiere mantener su nombre en reserva.

– En la Unidad de Reacción Inmediata contra las Invasiones enfrentamos mafias muy peligrosas – dice con la voz disminuida de quien cuenta un secreto.

Al fondo, por una ventana de su oficina, se ven los cerros tutelares de Cali.

La Unidad de Reacción Inmediata contra las Invasiones se creó en febrero de este 2018, tras el intento de ocupación del Cerro de la Bandera por casi 1000 personas. La misión de la Unidad, dice el ingeniero hidráulico, es evitar que en Cali sigan deforestando los bosques de los Farallones y otras reservas ambientales para levantar cambuches.

– Si no paramos el fenómeno de las invasiones en los cerros, en muy poco tiempo Cali se va a quedar sin agua, sin su brisa, sin nada. Como Ciudad del Cabo. Cali está creciendo de manera descontrolada en sus bordes, como un cáncer. Se ensancha, se ensancha, se ensancha, y el borde se extiende más, destruyendo lo que queda de los ecosistemas. La expansión de la ciudad es como una mano que se dirige a los Farallones, que es de donde viene el agua. Entonces, lo que estamos haciendo es deteniendo el problema. Si la ciudad se está desangrando lo primero que hay que hacer es parar el desangre. Luego ya miramos cómo arreglamos el resto.

Para detener el desangre tienen poco tiempo. El Código de Policía le permite a los agentes, soldados y obreros de este ejército ambiental impedir que se levanten invasiones que no lleven más de dos días, es decir 48 horas. De lo contrario, serán los abogados del Municipio los encargados de resolver el problema.

El Teniente Coronel Omar Arciniégas Pinilla asegura en todo caso que sus soldados están preparados para llegar “en minutos” donde se requiera.

Todo funciona gracias a una gran red de informantes: guardabosques, guarda ríos, guardaparques que permanecen en la zona rural para denunciar cualquier irregularidad.

Aunque el ciudadano de a pie también puede alertar a las autoridades. La Unidad de Reacción Inmediata contra las Invasiones habilitó una línea Avantel: 350-315-0849. Allí contesta ‘Peco’; un funcionario del Plan de Ecosistemas del Dagma.

Una vez recibida la denuncia, la Unidad envía una avanzada de verificación al lugar para hacer inteligencia. Se deben cuidar de las emboscadas, explica el ingeniero hidráulico.

Con un dron evalúan las características del sitio usurpado y trazan un plan: por dónde entrar, por dónde salir, dónde ubicar a los soldados y los policías para evitar que les disparen a los obreros de la Alcaldía que se encargan de tumbar los cambuches, recoger los materiales, salir en cuestión de minutos. Y sin embargo les disparan.

Hace unos días, en un operativo realizado en una invasión ubicada en Altos de Polvorines, Comuna 18, hirieron con arma de fuego a un policía. Alguien aún por establecer le disparó a una niña, causándole la muerte. Los invasores también retuvieron a un bus del MÍO y amenazaron con quemarlo con los pasajeros adentro. El ingeniero hidráulico baja su voz de nuevo.

– Enfrentamos especuladores de la tierra que cuentan con milicias armadas. Se sabe que hay gente al interior de la Alcaldía involucrada.
Son personas que conocen dónde están las tierras del Municipio, le suministran esa información a las mafias, y estas empiezan a quemar sistemáticamente los lotes, a talar el bosque, tirarles escombros. Cuando el lote está convertido en un desierto, inservible, invaden. Generalmente lo hacen en las noches, mientras la ciudad duerme.

Una vez se ha establecido el plan para ingresar a los lotes usurpados se conforman, entonces, anillos de seguridad. El Ejército, por decir algo, ingresa por arriba, la Policía por abajo, y van reduciendo el cerco. En la mitad van los trabajadores de la Alcaldía y un funcionario con un GPS de precisión en mano. Con el GPS se consulta en tiempo real con Catastro Municipal si el lote usurpado hace parte de la tierra que le pertenece a Cali. Generalmente los invasores muestran documentos, planos, escrituras fraudulentas.

En la Unidad de Reacción Inmediata contra las Invasiones dicen justamente que una de las dificultades para defender el territorio es que la mayoría de los corregidores no están haciendo su trabajo. Son 15 en total, y se encargan de dirimir los conflictos por la posesión de los terrenos en los corregimientos. Algunos no actúan por miedo. En la zona rural son blanco fácil, los amenazan. Otros no actúan por motivos muy distintos que para denunciarlos se requerirían pruebas.

Otra de las dificultades es que pese a que la Unidad de Reacción Inmediata contra las Invasiones ha judicializado a 67 personas acusadas de invadir terrenos privados y del Municipio, la mayoría están libres.

Los jueces no pueden individualizar el daño que hace cada uno en un lote, qué tanto quemó, cuántos árboles taló, por lo que después de una larga audiencia no son acusados. Los que sí están tras las rejas son los que han capturado con armas en su poder o después de agredir a la Fuerza Pública. En uno de los operativos, al mayor de la Policía Víctor Pulido, comandante del Distrito Tres, lo hirieron en la cara con un ladrillo.

Pese a esos tropiezos el ingeniero hidráulico habla esta vez con voz elevada de los resultados que han logrado hasta el momento.
Detuvieron, dice, cuatro nuevas invasiones masivas a las que llama “cuatro nuevos siloés”: el Cerro de la Bandera, Altos de Polvorines, en una zona considerada como el último reducto de bosque del río Meléndez, seis hectáreas donde gente de buena fe fue engañada y compró lotes; se detuvieron también tres urbanizaciones piratas y se evitó que 25 personas que pretendían invadir la vía del ferrocarril en el sector de La María, lo hicieran.

Debido a los avances del proyecto del Tren de Cercanías que recorrería Cali desde Yumbo hasta Jamundí, la Unidad de Reacción Inmediata contra las Invasiones mantiene vigilancia sobre los lotes de ese trazado después de que se conociera que los traficantes de tierras pretenden invadirlo para después solicitar indemnizaciones a cambio de desalojar los predios.

Como lo que está sucediendo en el ecoparque Bataclán, muy cerca de las Tres Cruces. Allí vive un señor llamado Fabián Vidal que asegura ser el dueño de un terreno de unos 30 mil metros cuadrados. Incluso hizo un cerco con madera y alambre y hasta instaló barreras eléctricas, lo que es un peligro para los caleños y turistas que recorren a diario la montaña.

Una sentencia acaba de determinar que el predio por supuesto le pertenece al Municipio y ordenó tumbar los cerramientos.

– Nos tenemos que enfrentar a casos absurdos como esos porque históricamente se han robado la tierra del Municipio sin que pase nada.
En los 482 años de fundación de la ciudad no se había creado una unidad operativa específica para llevar a cero la deforestación a causa de las invasiones. Por eso en Cali hoy tenemos 133 invasiones, que ocupan unas 2000 hectáreas, muchas de ellas en altísimo riesgo y de ahí las tragedias que vemos en invierno. Antes era más sencillo robarse la tierra del Municipio pero con esta Unidad las cosas están cambiando – dice el ingeniero hidráulico.

El Teniente Coronel Omar Arciniégas Pinilla cuenta sin embargo que los intentos de invasiones “son pan diario en Cali”, un municipio con 56 mil hectáreas que no solo son atractivas para miles de personas que provienen desde diferentes zonas de Colombia, sino también para familias tradicionales que pretenden extender un poco más los cercos de sus fincas y grandes constructoras que necesitan espacio para sus edificios.

Entre febrero y mayo se han realizado 50 operativos para impedir esas intenciones. Solamente el pasado jueves fueron tres. Y este viernes a alguien se le ocurrió construir una caballeriza dentro del cinturón ecológico del barrio Llano Verde, pero el ‘pelotón antiinvasiones’ lo impidió.

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