Así funciona la estrategia para acabar con el hambre en Cali

Así funciona la estrategia para acabar con el hambre en Cali

Septiembre 28, 2018 - 11:45 p.m. Por:
Redacción de El País 
Sectores Lgbti

Sectores Lgbti cuentan con el comedor Study N & A que lleva dos años de funcionamiento, allí se alimentan cada día 120 personas. Quienes acuden a este lugar valoran el hecho de que se les trate con respeto.

Bernardo Peña / El País

Hace tres años al menos 100.000 caleños se acostaban con hambre cada noche. Esa es casi la población de un municipio como Tuluá. Hoy, esa cifra se redujo a 74.000 y para el 2019 se espera que llegue a 50.000 personas.

Esas son las cuentas que se hacen desde la Secretaría de Bienestar Social, que emprendió un ambicioso plan hace varios meses para reducir esta brecha en la ciudad.

Contrario a lo que se piensa, muchos de los que se acuestan con ese vacío en el estómago no son habitantes de la calle, sino que son miles de niños, indígenas, ancianos, madres cabeza de hogar y jóvenes futbolistas que no consumen en su alimentación los nutrientes necesarios para afrontar cada jornada.

O, como dice el secretario de Bienestar Comunitario, Esaúd Urrutia: “Si tienen para el desayuno, no hay para el almuerzo o se acuestan con un tetero de aguapanela”.

Para este plan, que mueve cientos de toneladas de productos, manos y horas de trabajo, la Alcaldía fortaleció una red de 200 comedores comunitarios que está atendiendo a poco más de 26.000 personas en toda la ciudad, cada día.

Muchos de estos comedores tienen un enfoque diferencial, es decir, que son para poblaciones vulnerables específicas como niños, ancianos, migrantes venezolanos o miembros de la comunidad Lgtbi.

Un almuerzo para alcanzar un sueño

Uno de estos comedores queda en una esquina del barrio Potrero Grande. Allí, 715 niños hacen fila para comer el desayuno y almuerzo que se brinda en la fundación ABC Prodein, una organización católica que promueve el desarrollo integral de los niños y adolescentes del Distrito de Aguablanca.

Alex, de tres años de edad, va solo hasta el comedor que queda a dos cuadras de su casa. Lleva en su mano una ficha de color naranja que se le entrega a todos los niños que están inscritos en el programa. “Siempre vengo acá antes de ir al colegio, en mi casa no hay dinero para desayunar”.

En una mesa están sentados cinco jóvenes que hacen parte de un equipo de fútbol, se reconocen por el peto, las medias hasta la rodilla y los guayos desgastados. Para ellos este almuerzo se hace necesario, por lo menos para tener una oportunidad .

“Yo quiero ser futbolista profesional, jugar con el América o con el Cali o con el que sea, por eso entreno todos los días, así voy a conseguir plata para salir adelante. Pero hacer ejercicio da mucha hambre y en la casa también tengo hermanos y primos y la comida hay que cuidarla, por eso vengo acá para ayudarme con la comida”, comenta Hamilton Angulo, de diez años.

Estos alimentos se convierten en el combustible para sobrevivir el día a día, aseguran.

Quizá uno de los comedores diferenciales con el menú más peculiar de la ciudad se sirve en una casa verde ubicada en la Carrera 12 # 10-38, en el barrio San Pascual.

Al lugar asisten, de lunes a viernes, 50 indígenas de la etnia Inga y es Luz Miriam Gómez Mavisoy, una madre indígena de dos niños, la que prepara los alimentos.

comedor comunitario indígena

Cerca de 50 miembros de la comunidad indígena Inga se reunen de lunes a viernes en el comedor donde se prepara comida típica y se comparten saberes.

El País

Algunas veces hacen comida típica de su etnia como el mote, un amasijo de maíz cocido con trocitos de cerdo y sal. Allí no puede faltar famosa chicha.

El comedor lleva poco menos de un año funcionando. Al principio solo servía una vez por semana, pero la comunidad fue creciendo y fueron llegando poco a poco niños, niñas y adultos en situación de vulnerabilidad, así que la Alcaldía amplió las raciones de alimentos y empezaron a abrir a diario.

En este espacio hacen varias actividades de integración de esta cultura, según dicen, para preservarla o recordarla.

“Nosotros celebramos las fechas importantes de nuestro sentir indígena, este espacio es más que un comedor, es un lugar de reunión y reivindicación”, afirmó uno de los asistentes al comedor.

Una mesa incluyente

La comunidad Lgbti de Cali cuenta con el comedor Study N&A que lleva dos años de funcionamiento a cargo de la fundación que lleva el mismo nombre. Allí, además de la alimentación, se encargan de proteger a las mujeres trans en situación de vulnerabilidad.

Los encargados de elaborar la comida son Camila, Sofía y Daniel, mujeres trans que a diario realizan alimentos para las 120 personas que asisten al comedor.

En esta casa de dos pisos, ubicada en el barrio Villanueva, viven 40 de las 90 mujeres trans que asisten al comedor.

“Aquí no solo reciben alimentación sino también asesoría de psicólogos y trabajadores sociales que ayudan en los procesos de integración”, dice una mujer.

Más datos del programa

En cada almuerzo que se brinda en estos comedores se aporta el 40 % de los nutrientes que necesita una persona cada día.

Este año, la financiación de este proyecto de la Alcaldía espera llegar a los $9500 millones.

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