Video: la historia de dos búhos que se criaron con una granjera en Jamundí

Julio 05, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Conozca la historia de Ula y Ulaque, dos búhos damnificados por el invierno a quien la vida les dio una granjera por madre.

Esta es la historia de Ula y Ulaque, dos búhos damnificados por el invierno a quien la vida les dio una granjera por madre.Siendo recién nacidos, un vendaval del pasado noviembre acabó con su nido y los hizo aterrizar en el baño de una antigua trabajadora del sector financiero que hoy hace quesos en zona rural de Jamundí.Sin posibilidad de encontrar a los padres de los pichones, Beatriz Navia, la granjera, y su esposo, José María Borrero, emprendieron una misión que hoy es el tema principal de sus vidas: criar a dos aves rapaces en casa y hacer que puedan volver a su entorno silvestre.Y es que estos ‘hijos’ de los Borrero, hoy tan grandes como una mano estirada, bien podrían protagonizar la versión criolla de la película Río, donde el guacamayo Blu, que ha crecido como todo un citadino, se ve enfrentado a la odisea de aprender a ser sencillamente un animal que vuela en su medio.Para lograr este cometido, la vivienda campestre de la pareja se ha convertido en un campo de entrenamiento con lazos entre las vigas y hasta un tanque de un metro de alto que ahora hace parte de la sala y donde permanecen dos ratoncitos, cuyo fin será ser las primeras presas de caza.De no haber ocurrido el accidente, a los 80 días de nacidos Ula y Ulaque ya serían aves independientes, explican los biólogos. Pero en este caso, tan sólo poder pararse en las ramas del samán de afuera ha sido una titánica tarea, que comenzó con los búhos aferrados al índice de Beatriz moviéndose de un lado para otro.Como quien cuenta la hazaña de un bebé que comienza a caminar, la mujer explica que de allí sus “pequeños” pasaron a soportar una hora en el árbol. El ritual, al que le han ido sumando minutos, ya va en dos horas de paseo nocturno con cortos vuelos. Sin embargo, aún todos terminan con los plumíferos parados muy cerca al dintel de la puerta de la entrada a casa.Ula y Ulaque duermen en la ventana del cuarto matrimonial, se despiertan y despiertan a los demás a las seis de la mañana y reciben pollo de desayuno.Toman un baño diario en una ‘tina’ adecuada en una esquina del comedor y reciben frecuentemente visitas de vecinos y especialistas fascinados con la historia. Es por eso, dice Beatriz, que las cámaras no les son extrañas y que incluso parecen divertirse acercándose con curiosidad a los lentes. Son amigos del computador, sobretodo cuando allí les dan play a videos de sí mismos y de otros búhos. Concentrados, pueden pasar largos minutos frente a la pantalla.El momento de irse definitivamente está muy cerca, de eso está segura la ex trabajadora financiera. Dice que para ella ese instante será el equivalente a una ceremonia de grado. Finalmente los huéspedes que el invierno le mandó ganarán la libertad y ella tendrá para contar la historia de haber sido la granjera que les enseñó a volar.

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