Un nuevo aire en el Museo Rayo

Un nuevo aire en el Museo Rayo

Enero 29, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Un nuevo aire en el Museo Rayo

Ómar Rayo durante sus últimos años. Aunque enfermo, todavía estaba al frente de todas las actividades del Museo.

Durante varios años, del Museo Rayo se sabía poco. Las noticias que llegaban desde Roldanillo hablaban más de la salud decreciente del maestro Rayo que de su “hijo bobo” como él llamaba a su institución.

Durante varios años, del Museo Rayo se sabía poco. Las noticias que llegaban desde Roldanillo hablaban más de la salud decreciente del maestro Rayo que de su “hijo bobo” como él llamaba a su institución.“Con la enfermedad de Ómar el Museo se fue perdiendo un poco de vista, porque ya no se sentía capaz de hacer lo que antes hacía. Todo eso lo deprimió, y se aisló”, explica Águeda Pizarro, su viuda.La misma visión tiene Édgar Correal, artista y amigo de Rayo, a quien siempre ayudó como museógrafo: “El Museo estuvo muy quieto los últimos años, debido los problemas de salud del maestro”, dice.Éste partió el 7 de junio de 2010 y “cuando Ómar murió, no sabíamos la magnitud de lo que nos había dejado”, admite Águeda.En los círculos artísticos se pensó que el museo también desaparecería, “pero hubo un gran movimiento de solidaridad para que ello no ocurriera, gracias al respaldo que nos ha ofrecido la ministra vallecaucana de Cultura, Mariana Garcés. También nos ayudaron mucho el gobernador Lourido y la secretaria de Cultura del Valle, Luz Adriana Betancur”, añade.El año pasado por arteCon la fiducia que administra la Cámara de Comercio de Cali se pudo hacer el Taller Múltiple y el Museo del Intaglio inaugurados en 2011, que fue un año de mucho movimiento en Roldanillo, con exposiciones de artistas como Lucy Tejada y Fernado Botero, entre otros.Fue como un cambio de actitud: “Mi tarea no solamente ha sido continuar con la labor del maestro, sino llevar el Museo al Siglo XXI. Además, recuperar cosas que se habían perdido, como el sentimiento de pertenecer al Valle del Cauca. Recuerde que Ómar hizo parte de ese movimiento artístico de los años 60 y 70, cuando las bienales de arte. Por eso, traer obras de María Thereza Negreiros y otros artistas vallecaucanos fue recordar esos tiempos de esplendor”, dice la directora.Y añade Correal: “Al faltar Rayo, reactivamos la idea que él tuvo desde un comienzo, que es hacer del Museo un sitio no sólo para albergar su obra, sino para formar nuevos artistas y hacer un epicentro de arte”.De uno a variosEl uso del plural se explica en que hoy en día el Museo lo maneja un equipo, con la directora, dos curadores, museógrafo, secretario general, en fin, cuando antes todo giraba alrededor de Rayo.“Él era incapaz de delegar, porque quería controlarlo todo desde arriba. Hasta último momento pintó, pero además quería hacerlo todo y sabía hacerlo, pero por lo mismo no confiaba en nadie, porque pensaba que no se harían las cosas como le gustaba. Eso fue una tragedia para él al final. De hecho, sospecho que no creía que fuéramos capaces de continuar con el Museo después de su muerte”, admite su esposa.Y como además era purista, se le pregunta a ella si en vida de Rayo había actividades culturales prohibidas en el Museo: “En parte”, ríe al contestar. “Ahora abrimos los jardines de esculturas, que no se usaban para nada. Aunque es difícil especular, no creo que se hubiera molestado con ello. Las negras del Pacífico hicieron una ceremonia el año pasado en el Museo y dijeron que habían sentido contento su espíritu”, cuenta.¿Se hubiera podido hacer esto cuando él vivía?, es la pregunta. Águeda ríe largamente: “Ehhhh, él quería mucho a las negras...”, y cambia de tema.Sin embargo, niega que hubieran tenido enfrentamientos: “No. Discutíamos por personas del Museo en las cuales yo creía y pensaba que podían dar más. Pero yo respetaba mucho su criterio, en especial con las exposiciones”.Reconoce que “quizás no hubiera hecho exhibiciones suyas de la manera como las estamos haciendo con Miguel González, porque Ómar siempre estaba afanado en presentar algo nuevo. Cada año pintaba y pintaba para el aniversario del Museo, y no dejaba que nosotros entendiéramos lo que estaba en el pasado”, explica la directora.Por eso, “ahora estamos mostrando cosas que antes no se mostraban. Aunque yo sé hacer la mayor parte de las cosas que Ómar hacía, sé delegar y me gusta hacerlo en quien es capaz, como Juan José Madrid y todo el ‘equipito’ del Museo”.Además, “la junta directiva nos ha ayudado mucho. Ómar no hacía juntas, sino que nos reunía para anunciar lo que deseaba hacer”, cuenta Águeda.Y si 2011 fue de ebullición en el Museo de Roldanillo, 2012 comenzó en efervescencia con la declaratoria de patrimonio cultural y monumento nacional: “Aún no sabemos cuánto nos dará el Ministerio de Cultura como aporte de este año; a finales de febrero o comienzos de marzo se sabrá. En todo caso, el año entrante haremos sala de lectura y biblioteca infantil. Ya estamos buscando los recursos”, añade Águeda Pizarro, directora del Museo Rayo.Y al repasar todo lo ocurrido desde la muerte de su esposa, sentencia: “Paradójicamente, la tumba de Ómar Rayo le ha dado vida al Museo”.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad