Toda una vida dedicada a la docencia y la medicina

Toda una vida dedicada a la docencia y la medicina

Abril 28, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Luis Eduardo Bustamante

Fuera de las aulas y el quirófano, Rodrigo Cifuentes Borrero, elegido como el mejor docente médico de Colombia 2012, es un cerriteño sencillo, amante del bolero. Historia.

Rodrigo Cifuentes toma la blanca calavera que está en el estante. “Éste fue paciente mío”, dice, como lamentándose. Luego, mira pícaro a su alrededor. “No, mentiras”, exclama sonriendo. La verdad, añade, es que con ese cráneo genuino estudió medicina y lo compró en un cementerio de Bogotá hace 50 años.Deja la calavera. Ahora señala los libros que hay en la estantería de una de las habitaciones. Muchos han sido escritos por él y, los que no, tienen capítulos en los que ha contribuido. Ahí en su casa, con visos de fortaleza medieval, Cifuentes, reconocido recientemente como el mejor docente médico de Colombia por la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina, Ascofame, le da por recordar que su vida no siempre ha sido un lecho de rosas.Nació en 1944, en el municipio de El Cerrito, Valle. Es el octavo de nueve hermanos. Su padre sólo hizo hasta tercero de primaria y de su madre ni recuerdos vagos tiene. Murió cuando él tenía dos años, por una epidemia de fiebre tifoidea que arremetió en 1947.Sus hijos no le creen cuando él les dice que creció en medio de días aciagos. Es que, deduce, a ellos les tocó otro mundo para ser felices. “En mi niñez no nos compraban zapatos sino botas. Mi padre les recortaba la punta para que el pie siguiera creciendo y nosotros usáramos los mismos zapatos”, recuerda.Este profesor con pinta de bonachón, de corbata y en mangas de camisa, rememora que entró a la Universidad Nacional en Bogotá a finales de 1962. Su padre le enviaba una pensión mensual que no le alcanzaba para mucho. Gracias a un préstamo con el Icetex estudió su carrera de medicina.“En ese entonces no había archivos electrónicos. Nosotros estudiábamos con préstamos a través del Banco Popular, para reembolsar cuando termináramos. Pero en una de esas huelgas que hubo en la Nacional, en 1968, el estudiantado les prendió candela a esos archivos y después no nos pudieron cobrar”, contó el profesor.Rodrigo estudió gratis y, además, siempre fue merecedor a la beca por matrícula de honor de la Facultad de Medicina por sus altas calificaciones. “Yo siempre sacaba primero o segundo puesto, pero nunca le dije a mi padre, para que me enviara el dinero del semestre y poder sostenerme”, relata. Su papá, al final, murió sin saber que su hijo era un estudiante distinguido.Luego de obtener su título como médico, ingresó a la Universidad del Valle para realizar una especialización en ginecología. Al preguntarle por qué se inclinó por esta rama, respondió que durante su pregrado sentía agrado por los partos y las embarazadas. Una vez atendió uno de trillizas que lo enamoró de esta especialidad.Apenas terminó se fue para Montevideo. En la capital uruguaya estuvo con una beca de la OMS y sacó un PhD en perinatología.“‘Peri’ significa ‘alrededor’, ‘nato’, ‘nacimiento’ y ‘logía’, ‘tratado’. Eso es medicina materno-fetal”, explica Rodrigo, ahora hablando como el profesor que es. Fue el primer médico que llegó al país con ese título, en 1974.De regreso descubrió que le gustaba más la docencia que la práctica médica. Alrededor de 200 trabajos publicados en revistas especializadas nacionales e internacionales y más seis libros de enseñanza le dan la razón. Rodrigo continúa su paseo por la casa. En los corredores de la morada hay más estantes atestados de libros. Por el que tiene ahora en sus manos, titulado Ginecología y Obstetricia, dice sentir especial orgullo. “Éste es el único libro médico que fue prologado por Álvaro Uribe cuando era presidente de Colombia”, explicó.Un día normal en la vida del profesor Rodrigo Cifuentes puede acarrear, por ejemplo, recibir un doctorado honoris causa, como el que le entregó la Universidad de Chiclayo en Perú. O merecer el grado de Maestro Latinoamericano de la Ginecología, como el que le dieron en Bolivia. O ser reconocido como Profesor Emérito, como lo hizo la Universidad del Valle hace doce años. O ir a recibir el diploma que lo acredita como el mejor docente médico de Colombia 2012, como sucedió hace unas semanas. Sus enseñanzas son atesoradas por muchos de sus alumnos. Por ejemplo, Pablo Hoyos, ginecólogo y docente, lo define como un maestro. “Con él aprendí a no memorizar sino a razonar, como si siempre aplicara en mi trabajo una metodología matemática”, cuenta Hoyos, quien en agradecimiento escribió un libro de medicina titulado ‘Algoritmos del doctor Cifuentes’, en el que rescata anécdotas de sus clases.La casa es silenciosa. Sus hijos y su esposa se encuentran fuera del país. Él vive sólo con su empleada, quien lo cuida como si fuera un niño. “Es que yo doy más estando aquí”, dice el médico. “Mi familia viene bastante. En estos días aprovechamos para ir a San Andrés”, cuenta.Eso explica que no todo para él es estudio. De lunes a viernes, su vida es academia. Los fines de semana viaja a su natal El Cerrito. Pocos lo saben, pero el profesor Rodrigo es un cultor del bolero. En su pueblo, junto a otros paisanos, integra un grupo llamado ‘La Cofradía del Bolero’. Ahí se reunen y cada integrante lleva un DVD con la música de un bolerista. Lo escuchan, comen, beben y, al otro día, en una emisora del municipio, hacen una biografía en honor del autor. “Eso es bueno para uno distraerse”, argumenta. El turno en la próxima tertulia de amigos será para el bolerista venezolano Alfredo Sadel.

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