Radiografía de los habitantes de la calle en Cartago

Radiografía de los habitantes de la calle en Cartago

Marzo 26, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Mónica A. Arias I Redacción Cartago
Radiografía de los habitantes de la calle en Cartago

Denys lleva pocos días en la Fundación La Nueva Luz y ya tiene grandes responsabilidades, como preparar el almuerzo para todos. Estuvo durante seis años en la calle y dice que lo más duro era buscar la comida en la basura.

En Cartago se presume que hay más de mil personas sin hogar. La mayoría han llegado de ciudades aledañas y son hombres. La Policía y Municipio trabajan en la creación de un hogar de paso. Radiografía de un drama social.

Denys es delgado y de estatura promedia, sus manos se ven ajadas y sus ojos reflejan los tragos amargos que tomó durante los últimos seis años de su vida, cuando la droga lo llevó a vivir en las calles de Pereira y Cartago.Mientras pica habichuelas y pela las papas para su almuerzo y el de los más de 40 compañeros que tiene en la Fundación La Nueva Luz, recuerda que lo más duro de esa vida era comer de la basura.Sus ojos se opacan y sus manos tiemblan cuando confiesa que empezó a consumir alucinógenos desde los 17 años hoy tiene 23- y que todo fue tan rápido que estuvo en la calle hasta hace unos pocos días, cuando llegó a la institución.Lo cierto es que para el 2010, en Cartago se contabilizaban 876 indigentes, pero los estimativos calculan que más de mil personas duermen y viven en parques y vías de la Villa de Robledo.Así lo aseguró Diego Fernando León Villa, director administrativo de la entidad y quien también padeció esa experiencia.Según él, muchos provienen de localidades del norte del Valle, Pereira, Armenia y hasta de la Costa Atlántica.Tal es el caso de Jorge, otro joven que hoy en día lucha por salir de la indigencia a la que lo condujo la droga y una decepción amorosa.Es oriundo de Cali, aunque por muchos años vivió en Estados Unidos, habla perfectamente el inglés, su familia reside en Miami y ahora trata de darse una oportunidad de vida de la mano de otros ex adictos, para reencontrarse con su madre en mayo, cuando regrese al país.Según este ex habitante de la calle, “lentamente la mente y el espíritu se va desfortaleciendo, ya no dan trascendencia a un problema familiar, a una relación amorosa y todo lo dejan a las drogas y a la calle”.Organizados en el desordenEn Cartago, esta población ha logrado cierto grado de organización, pese a su estilo de vida desordenado.Así lo demuestra el cultivo de maíz que tienen detrás de La Estación y el casino ambulante que instalan allí mismo, en el lugar que otrora representó el auge y el desarrollo de la Villa. Pero hoy no es más que el sitio donde queda enterrada toda la generosidad de las gentes que ven en la entrega de monedas, ropa e incluso comida una obra de caridad.Quienes vivieron esta situación reconocen que tal generosidad es una manera de promover más la indigencia, puesto que el vestuario y los alimentos son canjeados por alucinógenos, cuando se trata de adictos.Por eso, la Administración Municipal, en compañía de la Policía y la Fundación La Nueva Luz trabajan en una campaña de sensibilización para que la comunidad no dé más limosnas.De hecho, la situación es tan compleja que el propio capitán de la Policía Hernando Burgos, comandante de la Estación Cartago, explicó que esa ‘caridad’ es una manera de promover el microtráfico de droga en la ciudad.Pero por fortuna hay personas que van más allá de las monedas y una muda de ropa y prefieren tener un trabajo desinteresado, callado y estimulante con esta población.Uno de ellos es Juan Sebastián Restrepo, miembro de la Defensa Civil, quien cada dos semanas reparte una merienda de pan y colada para cientos de habitantes de la calle que frecuentan el sector de La Estación.También está Gloria Martina Jaramillo, quien con su ‘olla gorda’ da de comer a otros tantos que cada domingo esperan su plato de fríjoles con arroz: “Es lo que más les gusta, mueren por ese plato”.Ambos hacen su labor ayudados por otros benefactores que saben que esta población requiere de apoyo y por ello no dudan en invertir su dinero en esa misión o en compartir su mercado para darle de comer al hambriento.En aumentoEl problema de la indigencia en la Villa de Robledo se ha visto acrecentado en los últimos tres años, según Juan Carlos Arias, presidente del Concejo, quien aseguró que hay muchas quejas y denuncias que indican que de las ciudades vecinas están enviando a estas personas para deshacerse del ‘problema’.En ello coincide con el hallazgo del censo hecho por La Nueva Luz y con muchas personas que sostienen que el drama se tornará más complicada en pocos meses, cuando en las localidades vecinas se inicie el Mundial de Fútbol Sub20.“Lo más seguro es que nos manden a todos los indigentes para acá, no van a querer que los turistas vean esta situación”, argumentó un ciudadano que pidió no ser identificado.Lo cierto es que la presencia de mendigos también ha llevado a que se incrementen los casos de robo de cableado telefónico y eléctrico, de contadores de agua y los hurtos callejeros.Sin embargo, el mayor número de denuncias que reciben las autoridades de Policía de la Villa de Robledo se origina en el comportamiento público de estas personas.“Por ejemplo, que están haciendo sus necesidades en el Parque Guadalupe, en la Plaza de Bolívar o en la misma Catedral”, señaló el capitán Burgos.AyudaCon un trabajo interinstitucional que inició en enero pasado se espera brindar atención integral a esta población y retornarla a sus ciudades de origen o “aburrirlos”, como lo reconoció el secretario de Gobierno Municipal, Gustavo Adolfo Rengifo, para que ellos mismos decidan regresar.De todas maneras, para Diego Fernando lo que se requiere es concientizar a la ciudadanía de no apoyarlos con limosnas, ni siquiera permitiendo que le laven el carro o le cuiden la moto.También pretenden brindarles atención en su recuperación, rescatar sus talentos y convertirlos en líderes que contribuyan a recuperar a otros que caen a la calle, puesto que todos son conscientes de que esa experiencia jamás se borrará de su mente.

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