Otra herencia del invierno: en Juanchito, un viejo motel se convirtió en escuela

Febrero 03, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Diana Carolina Ruiz Girón, reportera de El País.
Otra herencia del invierno: en Juanchito, un viejo motel se convirtió en escuela

Hacinamiento. En cada salón (una habitación con baño) sólo caben doce niños, uno pegado del otro. Según la Alcaldía de Candelaria, el sitio cumplía con las condiciones para albergarlos de manera temporal.

Más de 140 pequeños reciben clase en lo que fue un reservado, porque su escuela sufrió daños por el invierno. Son siete cuartos, los habilitados para que el improvisado colegio funcione. Drama.

Sobre la foto de la boca de una mujer pintada de rojo y que simula provocación hay un letrero que emite una sentencia: “Prohibido el ingreso de menores de edad”. Una restricción normal si de lo que se está hablando es de la entrada a un motel.Pero desde el pasado lunes la norma se está incumpliendo en el segundo piso de la Discoteca Don José, en el sector de Juanchito, municipio de Candelaria. Nadie hubiera pensado que allí, donde muchos de sus habitantes aceptan que se amaron alguna vez, funcionaría la sede alterna de la escuela Santa Rita de Cassia, donde más de 140 pequeños reciben clases de matemáticas, español, lúdicas y demás.Aunque el edificio no cumple desde hace algunos años con la misión de motel, las habitaciones y pasillos se conservan y hasta hace poco sirvieron de oficinas para un grupo empresarial. Ahora son utilizados como aulas debido a que las instalaciones principales de la escuela están invadidas de barro y arena producto de la última inundación del río Cauca.Son siete cuartos, de los diez que hay en todo el lugar, los habilitados para que el improvisado colegio funcione. Tres habitaciones fueron dispuestas para los niños de tercero, cuarto y quinto. En cada una caben sólo doce estudiantes, a los que el sudor les corre por la frente por causa del infierno literal en el que viven. “Cuando prendemos los bombillos hace mucho calor. Tratamos de apagarlo cada media hora para que merme”, dice la profesora María Sánchez.Es que los ventiladores que les daban frescura a las parejas durante sus visitas ya no están. Sólo quedaron sus interruptores, que ahora sirven para colgar en la paredes los “tableros sobrevivientes”, como las maestras los llaman.Pero si en las habitaciones se vive un calor infernal, el que se siente en lo que antes era el lobby del reservado es “insoportable”. Los alumnos de primero, 30 en total, sufren un calvario después de las 9:00 a.m, cuando el sol calienta las tejas transparentes que lo recubren.“¿Puedo ir a tomar agua?” es la frase que más pronuncian Carlos y sus compañeros a la hora de la clase. Aprender el uso de la letra M unida a las vocales es más difícil que de costumbre pues no sólo los distrae la continua sensación de sed, también los espejos que aún permanecen pegados a la pared como objetos decorativos. Con una manguera, dice la profesora Luz Janeth González, se moja el piso para brindar algo de frescura.Otras profesoras, como Adriana Bonilla, prefieren sacar a sus alumnos a otro cuarto, sentarlos en el piso y leerles cuentos para que se olviden de la incomodidad.Los alumnos de segundo de primaria ocupan el pasillo del sitio. La mayoría se sienta en sillas plásticas y sus piernas sirven como mesas para escribir los números del 1 al 100 en sus cuadernos. “Se quejan de dolores de espalda”, explica la docente Mariela Morante.A los 14 niños de transición les tocó ubicarse en lo que era la sala de espera de las parejas. El sillón desteñido en forma de luna no sólo les sirve como escritorio, también como trampolín para saltar sin parar a la hora del descanso.Y justo en ese receso, a Valeria le duelen los oídos porque los gritos de sus 139 compañeros se encajonan en el lugar, que no tiene ventanas. Laurita dice que los baños están dañados, a eso se suma la capa de polvo gris que se levanta cuando corren y que se mezcla en el aire con el olor a cañería. “Lo importante es que sigan estudiando. Así les enseñamos a no desfallecer frente a los problemas”, dijo Olivia Mendoza quien aún no sabe cuánto tiempo más sus alumnos aprenderán en lo que alguna vez fue un motel.¿Por qué en este sitio?Según el alcalde de Candelaria, John Wilson Rengifo, “este sitio fue el más adecuado porque estaba cerca de la casa de los niños y no estaba inundado”. Un mes deberán permanecer los estudiantes en el viejo motel, mientras se adelanta la adecuación de la sede principal de la escuela. “ No se descarta la reubicación de la escuela principal”, dijo Rengifo.Profesores rechazaron dicho anuncio.

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