Minas subterráneas están dejando en el aire la Vía al Mar

Minas subterráneas están dejando en el aire la Vía al Mar

Febrero 24, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Rosa Silva | Reportera de El País
Minas subterráneas están dejando en el aire la Vía al Mar

Desde la quebrada Los Chorros, pasando por Bendiciones, La Laguna y hasta Zaragoza, a lado y lado de la vía trabajan mineros como estos, que se internan más de 10 metros bajo tierra buscando oro. Los túneles están debilitando la Vía al Mar.

Túneles bajo la carretera podrían colapsar la vía. 'Bacrim' se pelean por el poder de las minas.

José* se ata la cuerda al cuerpo con precaución. El resto le corresponde a su compañero, y es darle manivela a la polea para bajarlo. Bajarlo mucho, más de tres metros hacia el centro de la tierra. Allá adonde el agua llega al cuello para poder trabajar, para saciar el hambre de oro. Ahí apenas empieza la aventura, y hay que seguir al menos 10 metros más hacia el subterráneo. Cavando caminos, como hormiga arriera.Él y sus socios dicen que en tres meses que llevan ahí no han logrado sacar nada de oro. Solo una que otra décima, que en el mercado se vende en unos $5000. Pero que seguirán insistiendo, porque cuando encuentren su objetivo, valdrá la pena el esfuerzo. Justo encima de ese túnel donde trabaja Juan*, pasa la vía al Mar. La misma por la que transitan cerca de 2000 vehículos pesados todos los días hacia Buenaventura, el principal puerto de Colombia en el Pacífico. Pero no es solo ese túnel: mal contados, en esa zona hay más de 30. Es como si debajo de la carretera más importante del suroccidente colombiano hubiera una granja de hormigas a gran escala.Eso se traduce en que esa estructura está quedando prácticamente en el aire, explica Lourdes Salamanca, del Observatorio de Infraestructura del Valle. Significa que las obras que se están haciendo en esa parte de la vía, como un viaducto -y que en su totalidad cuestan $1,3 billones - requerírán de mayor inversión para estabilizar el terreno. “Es un peligro inminente”, dice Salamanca. No solo para la vía, sino para los mineros que trabajan allí. Esa zona, específicamente, se llama Bendiciones, aquel poblado donde cientos de personas murieron en el 2006 bajo el lodo, porque la montaña se vino abajo. “Es un terreno inestable”, recuerda.Tras la lonaCada hueco por donde bajan mineros tiene a su alrededor una casa. Algunas son chozas hechas en guadua, abiertas. Otras son más sofisticadas, con madera más fina y a veces hasta pintadas. La mayoría están cubiertas por una lona o polisombra verde, que las caracteriza. Desde afuera podría decirse que son viviendas. Humildes, eso sí, pero casas que alojan un hogar. Es por eso, dice Carlos Augusto Duque, director de Gestión Ambiental de la CVC, que para las autoridades es tan difícil a veces distinguir las minas. Pero lo cierto, asegura, es que ahí en esos hoyos han muerto varios mineros por derrumbes internos. Y así mismo, por colapsos como esos, la vía ya ha sufrido varios daños “que han costado no menos de $2000 millones. Sino que los han reparado rápido”. Con todo y las dificultades, los mineros de esta zona (desde Bendiciones hasta La Laguna) afirman que ahí los dejan trabajar sin problema. Que las autoridades no los han echado. Quizás por eso es que el experto de la CVC piensa que allí se ha pecado por no hacer un frente común entre la Policía, la Alcaldía y el Ministerio, para hacer operativos y tener presencia permanente de las fuerzas armadas. “Es que es como si se le entrara el ladrón a uno a la casa y uno no hiciera nada para sacarlo, sino que lo dejara robar”, comenta.Oro o balaJosé* dice, con algo de miedo, que él y sus socios no tienen que repartirse las ganancias solo entre ellos, sino que hay quienes vienen a “reclamar su parte”. Fuerzas oscuras que no los dejan en paz.Es un secreto a voces. Hace unas semanas, en la reserva natural de San Cipriano, asesinaron a un hombre en medio de una balacera. Allí en uno de los santuarios más preciados del Pacífico colombiano, la población se escondió debajo de sus camas mientras una balacera silenciaba la zona, cuenta el personero de Buenaventura, Álvaro Martán. Un hombre, al parecer minero, falleció. De acuerdo con las autoridades, las bandas criminales Los Urabeños, La Empresa y Los Rastrojos se estarían peleando por dominar las minas de la zona. Y según se rumora, en Bendiciones serían estos grupos delictivos quienes cobran a los mineros su ‘tajada’. Quien no pague, recibe bala.En Zaragoza, que antaño fuera la cuna de la minería, ahora queda un río sin agua, montañas de arena y silencio. Son pocos los que quieren hablar. Moisés* explica que llevan “más de un mes varados”. Que desde que el Gobierno tiene potestad para acabar con cualquier retroexcavadora que encuentre en el camino, trabajo ahí ya no hay. Por eso Moisés puso su puesto de chicles y mecato. “Pero ya ve, como no hay trabajo, empieza la gaminería. La gente vuelve al robo, y pues vienen y le quitan a uno lo poquito que hace con su negocito”, dice, mientras agita su brazo, en el que lleva un reloj de oro. Pero mientras ellos aseguran que ahí ya no hay trabajo, la CVC sigue encontrando el rastro minero. Nada más esta semana destruyeron siete retroexcavadoras y capturaron dos personas en la vereda El Tatabro, en Zaragoza. Hormigas humanasSe dice que la hormiga arriera es uno de los animales más fascinantes de la naturaleza. Pueden cavar unos 100 metros cuadrados bajo tierra y llegar a una profundidad de más de cinco metros. Sin embargo, esa admirable capacidad lleva a provocar derrumbes, debilitar estructuras, llevar diques enteros abajo.Algo similar sucede con los mineros subterráneos en la Vía al Mar. Y aunque Juan piensa que esta modalidad es menos dañina que la realizada con las garras de las retroexcavadoras, Manuel Riascos, líder de la zona, argumenta lo contrario. Dice que cavando lo que logran es terminar de matar el río, porque además al lavar la tierra los químicos que utilizan caen al río. Eso, sin contar la afectación a la montaña. Él también denuncia que la mayoría de quienes ahí trabajan, vienen de otros departamentos, como Putumayo, Cauca, Antioquia, Risaralda y Caldas. El daño es, además, costoso. Según el Director de Gestión Ambiental de la CVC, rellenar cada socavón subterráneo cuesta cerca de $7 millones. Y tienen detectados no menos de 28, osea que la inversión es superior a los $200 millones. Un costo adicional para Invías, explica el vocero. “Y es que hay muchos que trabajan en esto porque fueron damnificados del derrumbe del 2006”, dice José*. Lo que muchos no saben es que, rebuscándose la vida cavando en la tierra, podrían estar logrando repetir la tragedia. *Nombres cambiados a petición de la fuente

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