Maltrato y abuso es el flagelo que padecen las mujeres de Cartago

Noviembre 28, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Mónica A. Arias | Cartago Hoy El País
Maltrato y abuso es el  flagelo que padecen las mujeres de Cartago

Ofelia vive en un sector vulnerable de la ciudad. Busca trabajo para su sustento.

Maltrato, abuso sexual, desplazamiento y homicidio, principales flagelos que atacan a las cartagüeñas. Cuatro historias que no se deben repetir.

“Mi papá le hacía maldades a Sofía* y yo sentía tristeza en el corazón y cólicos. Se movía la cama”.Con su inocencia de los 5 años de edad, así les narró Camilo* a los sicólogos lo que padecía cuando el hombre entraba cada noche al pequeño cuarto que él compartía con su hermana, en una finca localizada en el norte del Valle.Camilo no sabía a ciencia cierta lo que ocurría, solo sentía que era algo malo y que atormentaba a su hermana, pues ella ya no era la misma.La tristeza de sentirse traicionada por quien consideraba su protector y la responsabilidad de saber que revelar su secreto acabaría con el hogar de su madre, afligían a la niña.La novena del ‘Justo Juez, la misma que leía su abuela cada noche, fue su luz en medio de la oscuridad que invadía su vida, puesto que desde los 7 años perdió su inocencia. Ya estaba a punto de cumplir 12.“Mamita, cuando acabe de leer un libro de Dios (la novena), voy a contar un secreto, van a pasar muchas cosas y se le puede acabar el hogar a mi mamá”, le dijo un día a la anciana. Sofía no tuvo que tomar la decisión. Una vecina interpuso la denuncia por abuso sexual, que terminó en una condena a 20 años de cárcel para el abusador y en el regreso de la tranquilidad para la pequeña.En el 2011 el Centro de Atención a Víctimas de Abuso Sexual, Caivas, de Cartago, recibió 140 quejas, de las cuales el 90% fue contra mujeres y en el 98% de los casos los agresores eran hombres cercanos.“En esta cultura patriarcal en la que vivimos, las niñas, las jóvenes y las adultas mayores seguimos siendo vistas como un objeto sexual”, señala Luz Helena Lesmes, trabajadora social del organismo.Golpe tras golpeMilena* tiene 27 años de edad. Nació en Dosquebradas, Risaralda, pero desde pequeña vive en la Villa de Robledo. Es manicurista y artesana, pero ante todo madre.Durante más de cinco años compartió sus días con el hombre que creyó era ‘el de su vida’. No obstante, solo encontró maltratos, insultos y golpes que, incluso, le valieron una incapacidad de diez días en una ocasión en la que la pateó en el abdomen. “La relación se basaba en los malos tratos; en la irresponsabilidad de él, que no le podía decir nada porque ahí mismo me respondía agresivamente”, narró Milena, quien pasó por tres conciliaciones con su exmarido sin lograr la tranquilidad que buscaba.De hecho, recuerda que cuando eran novios también la golpeó: “Uno tiene que estrellarse solito para poder saber las cosas”, dice tras revelar que hoy en día su pequeña hija asiste a terapias sicológicas tras haber presenciado reiteradas golpizas, una demanda contra su expareja y una medida de protección.“Él tiene prohibido venir acá, sin embargo viene a agarrarme la puerta a pata, a insultarme, a hacer llorar la niña y entonces llamo a la patrulla”.Milena vive ahora en una humilde vivienda con su padre y su hija, trabaja para colaborar con los gastos del hogar y dice que el mejor consejo para las víctimas de agresión conyugal es que denuncien, “que no se dejen, que los hombres vuelven a lo mismo”.José Alberto Hernández, auxiliar administrativo de la Comisaría de Familia, asegura que las mujeres entre los 16 y los 35 años de edad son las más maltratadas y que la tolerancia al maltrato se da por la dependencia afectiva que ellas desarrollan: “En todos los sectores se presentan casos, pero hay muchos en los estratos altos”.Deambulando por la vida“Vivíamos en La Italia con mis papás y dos de mis hijos. Administramos una finca durante doce años en calma, hasta el 2005, cuando hubo la masacre. En el 2005 hubo un combate y una granada le quemó la finca con mi papá adentro, solo quedaron sus cenizas. Nos tocó desplazarnos, dejar todo botado y llegamos a Cartago”.Así narra su historia Ofelia*, de 34 años de edad y madre de tres hijos de 2, 7 y 9 años, respectivamente.Analfabeta, llegó a la Villa de Robledo a ganarse la vida en los ‘planes’ y como vendedora ambulante, pero ahora no tiene trabajo.Tras el abandono de su marido, Ofelia se ha apoyado en su madre Soledad*, quien solo espera que la indiferencia de las autoridades y de la comunidad no impida que su hija pueda encontrar un trabajo para subsistir “porque hay días muy duros, en los que aguantamos hambre”, comenta entre lágrimas a sus 54 años de edad.Sin madre ni abuelaEn lo que va corrido del año, en Cartago han sido asesinadas nueve mujeres y en el resto del norte del departamento, catorce, según los reportes de la Policía.Blanca Lili Montoya Guevara fue una de las víctimas de los sicarios. El 18 de julio pasado compartía un ‘pintado’ con dos de sus hijas y sus nietos de 3 y 4 años de edad en una panadería cuando tres hombres entraron y, sin mediar palabra, la mataron.Contaba con 62 años de edad y tenía ocho hijos y nueve nietos y era viuda hace más de una década. Su hermano Hernando la describe como una mujer amorosa y dedicada al trabajo. Tanto que, pese a que casi estaba ciega debido a una diabetes avanzada, seguía atendiendo el restaurante que había abierto hace poco.El líder sindical de la Villa de Robledo no descansó hasta saber quiénes asesinaron a su hermana y ya uno de los sicarios está tras las rejas.Lili, según su hermano, dedicó toda su vida a sacar adelante a su familia; le gustaba compartir con todos y era muy amorosa con sus nietos, al punto que, según Hernando, “aún la llaman y la ven”.

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