Los quijotes que se la juegan toda en las aulas

Los quijotes que se la juegan toda en las aulas

Octubre 12, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Palmira Hoy

Su nombre suena a ley, a orden, pero se trata de estudiantes que, gracias a su cercanía con sus compañeros y gran sensibilidad, ayudan a resolver los problemas en escuelas y colegios. Ellos apoyan la resolución de conflictos entre los alumnos. Historias de comisarios.

Son pequeños de estatura, pero grandes de espíritu. Sobre todo, tienen una sensibilidad enorme que les brota a flor de piel y les impide ser indiferentes ante los problemas que a diario tienen sus compañeros de estudio.A ellos los llaman los Comisarios de Familia Escolar, CFE, quienes desde hace dos años vienen facilitando la resolución de conflictos al interior de escuelas y colegios de la ciudad.Aunque su nombre, Comisarios, remite a una figura de ley, como esos personajes de las películas del oeste americano que portaban chapa e imponían el orden en su jurisdicción, la verdad es que el papel de estos menores es más que de mediadores. Deben ser conciliadores.Conocedores de primera mano de las necesidades y abusos y humillaciones a que son sometidos los alumnos no sólo por parte de su propia familia, sino también de sus compañeros y algunos docentes, ellos se han convertido en pieza clave para ayudar a solucionar las diferentes situaciones.Los Comisarios, quienes son estudiantes del grado tercero de primaria hasta once año de bachillerato trabajan en las comunas más álgidas y vulnerables, donde el consumo y el maltrato están a la orden del día. Y aunque algunos estudiantes los tildan de sapos, ellos continúan su labor sin rendirse. Palmira hoy presenta cuatro perfiles de estos pequeños quijotes, que luchan contra molinos de viento para defender los derechos de los niños, niñas y adolescentes en las diferentes sedes educativas de la Villa de las Palmas.Sus historias familiares son muy similares a la de la mayoría de sus compañeros de estudio.Uno no conoció a su padre, otra ni siquiera vive con ellos y sólo sabe que la crió su abuela. El otro perdió a su progenitor cuando era muy pequeño y su madre lo ha sacado adelante trabajando como empleada de servicio.Sin embargo, para ellos estas experiencias no marcaron su vida de manera negativa, por el contrario, fortalecieron su espíritu de solidaridad y de compromiso para ayudar. Son ellos, Luisa Gaona Martínez y Yordan Saavedra Arango, de once grado de bachillerato de la institución educativa Pablo Sexto, en el barrio San Pedro. Lized Juliana Roa Ramírez, de tercero de primaria de San Vicente y Germán Concha de once grado del Antonio Lizarazo, en la Comuna 1.¿Qué es un Comisario de Familia Escolar?Los Comisarios de Familia Escolar, CFE, son estudiantes que se eligen para apoyar el proceso de prevención, mediación y trámite de conflictos generados al interior de la institución educativa. Es decir, son un soporte clave en el trabajo que se debe adelantar en las instituciones para el fortalecimiento en habilidades de resolución de conflictos y procesos de conciliación.Así lo dio a conocer Jimmy Jailer Quintero, psicólogo de la Fundación para el Mejoramiento de la Gestión y la Educación para la Democracia, Fundagepad y coordinador del programa CFE, que empezó a funcionar en esta ciudad a finales del 2008.Quintero precisó que la iniciativa se originó en una propuesta que se conoció en Tolima.Actualmente el proyecto se adelanta con el apoyo de la Secretaría de Integración Social.Los Comisarios de Familia Escolar son los encargados de conocer conflictos menores y mayores. Los primeros se refieren a riñas, disputas, consumo de sustancias psicoactivas, problemas entre estudiantes o entre éstos y docentes, robos y la falta de motivación escolar. Estos conflictos deben ser resueltos al interior de las instituciones por el Comité de Convivencia.Entre tanto, los conflictos mayores son aquellos que tienen que ver con abuso sexual, violación, maltrato físico intrafamiliar, distribución de sustancias, explotación laboral, etc.La función del Comisario es reportar al docente o al rector y es entonces cuando se le da una direccionalidad al problema. Dependiendo del mismo se traslada a la Comisaría de Familia, el Cespa, Ceai o Bienestar Familiar.“Siento pesar cuando mis compaÑeros sufren”Tiene 9 años de edad, pero parece una mujer más grande. Con su largo cabello negro, su sonrisa que ilumina su pequeño rostro y una voz que le brota como una cascada fuerte, pero serena, Lized Juliana Roa Martínez, representa a cabalidad el papel de Comisaria Escolar de Familia.Adelanta tercer año de primaria en la sede Rosa Virginia de la institución educativa San Vicente de Paúl y asegura que entre los reportes que ha pasado y le han causado dolor está el de maltrato físico de los padres a una de las niñas.“Ella no me dijo nada, pero yo me di cuenta porque tenía marcas en los brazos. Primero pasé el reporte a la profesora, hablamos con la coordinadora y ella citó a los padres. Ellos reconocieron que le habían pegado con un palo de escoba”, recuerda Lized Juliana con tristeza, pero a la vez con gran satisfacción, pues desde ese momento los padres de la niña nunca más le volvieron a impartir castigos físicos sino que aplicaron otros como quitarle lo que más le gusta.Así mismo, conoció un caso de maltrato mucho menor, donde el padre amenazaba a la madre y a la niña con golpearlas.“Él las maltrataba psicológicamente, porque les metía miedo, y un día las botó de la casa. Yo pienso que los papás no deberían hacer eso y deberían más bien aprender a manejar su ira”, subrayó la pequeña que confiesa es lectora asidua de las aventuras de Harry Potter y le encanta el deporte.Su madre Gloria Yesenia señala que Lized es de carácter fuerte, pero muy centrada y aunque ser Comisaría la ha llevado a conocer casos muy dolorosos, también le ha servido para irse formando como ser humano.“Siento mucho pesar, porque mis compañeras sufren, pero ser Comisaria me ha permitido darme cuenta de que puedo ayudar a los demás y de que tengo unos excelentes padres. Ellos son una bendición de Dios”, explicó Lized, quien al conocer muchos de estos duros casos corre a su casa a refugiarse en los brazos de sus padres.Dijo, igualmente, que el papel de Comisaria permite a los niños sentirse protegidos en el colegio.“Para mí la estrategia de la fundación Fundagepad es muy buena, porque ayuda a defender los derechos de los estudiantes”, indicó la pequeña quien reconoce que su papel como Comisaria le ha valido los celos y la envidia de algunas de sus compañeras, pero ella sólo asegura que: “Eso es como todo”.“Esta es una experiencia muy gratificante”Germán Alberto Concha Piedrahíta, tiene 18 años de edad. Está terminando el bachillerato en la institución educativa Antonio Lizarazo, en la Comuna 1, una de las zonas más vulnerables y donde, según las autoridades, se registra el mayor número de hechos violentos de la ciudad.Sin embargo, el joven aseguró que al interior del colegio la problemática obedece más al ‘parche’, a la rumba y lo que impone la moda. Hace unos meses los pelados consumían ‘shock’ sólo por estar a la moda, afirmó Concha. Sostuvo que, por eso, los conflictos se registran con mayor frecuencia desde los grados sexto a noveno, en los que los menores, debido a su propio proceso de formación, quieren experimentar muchas cosas que les generan problemas como el uso de sustancias psicoactivas, mostrarse agresivos para ser aceptados por los demás compañeros, etc.Sin embargo, reiteró que el acompañamiento por parte de las directivas y los profesores al programa de Comisarios de Familia Escolar ha sido incondicional.Recuerda que hizo un reporte por consumo de marihuana, caso que fue asumido por Fundagepad. Por eso, insistió en que: “esta es una experiencia muy gratificante. Me ha gustado conocer los derechos y deberes de los niños. Nunca lo voy a olvidar”.Concha manifestó que desde muy niño siempre se ha interesado por los problemas de sus amigos y compañeros.Para él, ser Comisario le ha reforzado el espíritu de ayudar y aunque vive en Hugo Varela, un barrio con muchos problemas de seguridad, siempre ha sabido lo que quiere hacer con su vida. “Tengo amigos de todo tipo, pero sé bien con quien me relaciono. A uno nadie lo daña, uno se daña solito. Hay que saber utilizar bien el tiempo libre”, enfatizó Concha.“Ser Comisario me cambió”Yordan Saavedra Arango, lleva tres años como Comisario de Familia Escolar en Pablo Sexto, donde estudia con su gran amiga Luisa Gaona, la otra Comisaria.Recuerda que cuando llegó a sexto de bachillerato era un joven muy agresivo e intolerante, no sólo con sus compañeros, sino también con los docentes.Hoy, a sus 18 años, y cuando está a punto de culminar sus estudios de secundaria no duda en afirmar que: “ser Comisario me cambió la forma de resolver los conflictos. Cuando los estaban eligiendo dije metámonos a ver que tal es eso y me quedé”, sostuvo Yordan, quien confiesa que le gusta ayudar a personas que son como lo que él fue alguna vez.Con su corte punk, cadenas que cuelgan de la pretina de su pantalón y que camufla en los bolsillos cuando la ocasión lo requiere, este joven de mirada tranquila se ha convertido en un ejemplo a seguir en esta institución.Ahora sabe hablar a sus otros compañeros o profesores sin ser ofensivo y canalizar la ira.En una oportunidad, recordó, tuvo que hacer un reporte por agresión. Los muchachos, advierte, se pelean por el poder y por ganarse el respeto de los demás. Reconoce, asimismo, que aunque hay consumo en el colegio, éste ha mermado mucho. Según él, los problemas se generan desde el grado quinto de primaria.Cuenta que una vez hubo dos niñas que golpearon a un niño porque era emo. Entonces él les habló del respeto por la diferencia, de la tolerancia, les dijo que aunque él llevara cadenas en sus pantalones eso no lo hacía diferente a los demás. Ese fue un buen momento como Comisario. Por eso, lleno de orgullo reiteró que: “sí he cumplido con mi tarea”.“Falta tolerancia”A sus 16 años de edad, Luisa Gaona Martínez revela que le gusta intervenir por sus compañeros, porque, insiste, no le gusta que los profesores les falten al respeto o que se cometan injusticias. Igualmente, comprometer al personero estudiantil para que haga que se le cumplan los derechos a los alumnos.Estudiante de once grado de bachillerato, en la institución educativa Pablo Sexto, en el barrio San Pedro, de la comuna 5, otra de las más estigmatizadas por los problemas de seguridad, la menor sostuvo que las drogas, las agresiones tanto físicas como verbales y en este último año los embarazos precoces son los que más conflictos han generado en la institución.“Falta mucha tolerancia porque un niño dice algo y el otro ahí mismo responde”, manifestó Luisa, bailarina consumada de la salsa dura.En Pablo Sexto hay gente del Hueco, uno de los sitios más peligrosos de San Pedro; así como de Primero de Mayo, San Cayetano, El Danubio y El Retiro, y otros.“Aquí hay niños que viven con la mamá y otros con el papá o con los abuelos, por eso se ve mucho resentimiento, porque si piden una cosa y un niño que tiene a sus dos padres la trae entonces los otros por rabia o celos lo molestan o golpean”, expresó la menor, quien sostuvo que hubo un caso muy triste de una niña de noveno grado que la mamá nunca iba a las reuniones y tampoco la había matriculado, tuvieron que decirle que sacarían a la niña del colegio para que la señora fuera.“Ella trabajaba en un almacén en Cali y tenía tiempo, pero no venía”, enfatizó la joven, quien agregó que eso es abandono de la familia y se ve en muchos colegios.Luisa, quien no tiene pelos en la lengua para decir lo que piensa, quiere ser una gran abogada en unos años.

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