Los años dorados pierden su brillo en el norte del Valle del Cauca

Los años dorados pierden su brillo en el norte del Valle del Cauca

Agosto 28, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Mónica Garzón Valencia, redactora de CartagoHoy
Los años dorados pierden su brillo en el norte del Valle del Cauca

El Hogar de Clarita, con 46 años de labores en Cartago, no recibe ayuda del Municipio. Aun así, las puertas de esta casa ubicada en el barrio El Llano siempre están abiertas para los adultos mayores.

Algunos abuelos sufren la indiferencia de sus familias, mientras otros luchan para acceder a una ayuda del Gobierno. Panorama regional, a propósito de la conmemoración del Día del Adulto Mayor.

Hace seis meses don José Montaño llegó al Hogar Buen Samaritano de Cartago, más conocido como el Hogar de Clarita, buscando un techo y un plato de comida.Arribó de la mano de un familiar, con pocas pertenencias y una gran sonrisa dispuesta a entregarse a todos. Don José no habla, pues las enfermedades han dejado huella en sus 112 años. Sin embargo, es un hombre paciente que ha llenado de ‘buena vibra’ este hogar en el que actualmente conviven 369 abuelos.Sin contar con más ayuda que con la de los benefactores que semanalmente entregan comida, medicinas y utensilios de aseo, el Hogar acoge a adultos mayores que en la mayoría casos son abandonados por sus familias y que llegan provenientes de ciudades como Bogotá o Mistrató e incluso de comunidades indígenas y afrocolombianas.Algunos reciben la visita y el acompañamiento de sus seres queridos, pero otros son dejados a su suerte en la calle u obligados a llegar al hogar por sus propios medios.“La situación de los abuelos es triste, tanto que ni siquiera después de fallecidos la familia regresa para darles sepultura; es como si los sacaran de la vida desde el momento en el que ingresan al hogar”, indicó Emma Vélez, quien desde hace varios años acompaña la labor de Claire Aucoin, quien hace 46 años abrió el albergue.El abandono en el que están sumidos muchos abuelos residentes en el norte del Valle del Cauca no reconoce estratos sociales, sexo ni raza, ya que a este y otros lugares dedicados a su atención llegan ancianos que lo tuvieron todo.“El problema es que en los hogares se perdieron los valores y los abuelos estorban en las casas, muchos incluso se vuelven ‘invisibles’ y pasaron de ser la base de la familia a significar poco para los suyos”, agregó Vélez.El panorama en otros municipios del Norte parece no variar mucho, puesto que se suma la indiferencia de los entes gubernamentales tanto municipales como departamentales, que destinan pocos recursos para atender a esta población.Eso aseguran quienes a diario llevan sobre sus hombros la difícil labor de gestionar los recursos necesarios para ayudar a los ancianos.En Alcalá, por ejemplo, hay cerca de 2.600 adultos mayores, pero no todos reciben auxilios aun cuando casi todos pertenecen a estratos bajos.Yudy Sierra, encargada de los programas del adulto mayor en esta localidad, asegura que desde el orden municipal los programas se quedan cortos, ya que no hay recursos suficientes.“Este año enviamos un listado con 700 personas potenciales para recibir subsidio de dinero o de mercados, pero aún no ha habido ampliación de los programas desde el Gobierno Nacional”, precisó.En ese sentido, en Alcalá 396 abuelos reciben la media pensión otorgada por el Ministerio de la Protección Social, mientras otros 143 son beneficiarios de la ración para preparar. Adicional a ello hay dos grupos de recreación que asumen esa tarea, sin cubrir a todos los abuelos que la requieren.Caso similar ocurre en La Victoria, que también cuenta con un Hogar del Anciano en el que residen 19 personas, pero que ayuda a cerca de 50 que reciben una ración diaria de alimento.Marina Duque, que trabaja en este hogar, sostiene que aunque quisieran no podrían socorrer a todos los adultos mayores que llegan hasta la puerta de la casa en busca de un plato de comida porque el recurso es escaso.El ancianato recibe mensualmente cuatro millones de pesos provenientes de la Administración Municipal “destinados a recreación y servicios de gerontología, no se pueden destinar a comida, por ejemplo”, aseguró otra empleada del lugar.Pero si para estos abuelos el panorama es difícil, para las víctimas del desplazamiento el drama es mayor.Jesús Mario Corrales, defensor de los derechos humanos en el norte del Valle, afirma que varios los ancianos han muerto esperando ayuda.“Seis casos tenemos registrados en los que, según el parte médico, los pacientes murieron por desnutrición. El panorama de estas personas en el Norte es crítico porque no tienen tiempo de esperar a que se les incluya en los programas nacionales”, explica.Agregó que “son indignantes las respuestas del Gobierno cuando enviamos las listas con los nombres de quienes requieren los auxilios. Nos dicen que tienen que esperar a que haya cupo”.Actualmente en Cartago hay al menos 300 abuelos, entre hombres y mujeres, en situación de desplazamiento y, según información de la Fundación Nuevo Amanecer, ninguno recibe ayuda, como al parecer ocurre con la gran mayoría de los que habitan en el norte del departamento.Otros casos En Roldanillo 868 abuelos reciben media pensión, mientras que 366 son beneficiarios de la ración para preparar. Estas ayudas son del orden nacional.SisbénLa mayoría de adultos que viven en el Hogar Buen Samaritano no tienen cobertura del Sisbén, puesto que hacen parte de un listado censal.

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