Los 'ángeles' que luchan por los más necesitados

Los 'ángeles' que luchan por los más necesitados

Diciembre 22, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Palmira Hoy

Un grupo de personas trabaja durante todo el año para llevarle bienestar, alegría y amor a niños, ancianos, enfermos y habitantes de la calle de la Villa de las Palmas. Una labor que se reconoce en Navidad.

Muchos tienen algo que agradecerles. Ellos hacen una labor diaria y silenciosa, que sostienen ‘poniendo el sombrero’ a sus amigos.Cada uno, desde su profesión, ha aprendido que la mejor forma de ejercer es tendiéndole la mano al más necesitado, sin esperar nada a cambio.Al ritmo de su rutina diaria, trabajan todo el año buscando el bienestar de niños, abuelos, enfermos y habitantes de calle, porque para ellos la palabra solidaridad es sinónimo de dedicación, bondad y amor por el prójimo. Una enfermera, una abogada, un docente y dos administradores de empresas son los ‘ángeles’ anónimos que han logrado crear una cadena de ayudas que desconocían hasta que PalmiraHoy logró juntarlos para contar sus historias de vida y de servicio desinteresado.Ni María Ofelia ni Carmen Elisa ni Andrés ni Ildefonso ni Marco Aurelio cuentan con un robusto presupuesto o una donación internacional que les permita financiar de manera holgada su incansable labor en hospitales, ancianatos, cárceles o, simplemente, las calles de la Villa.Unos recorren las vías y otros visitan enfermos o ancianos haciendo de sus vidas un apostalado en el que lo más importante es entregar lo mejor que tienen y lo que en muchas ocasiones deben buscar con mucho esfuerzo, recurriendo a la solidaridad de amigos y conocidos. Estas personas que por años han cambiado horas de sueños y días de descanso en procura del bienestar de otros son las mismas que cada Navidad suben un escalón más en el ambiente de solidaridad que rodea esta festividad. Estos hombres y mujeres, que tampoco hacen parte de fundación alguna, nunca han recibido reconocimiento, pues, como ellos mismos dicen, lo hacen de corazón para entregar alegría y recibir una sonrisa como pago. Sin embargo, esta época es propicia para invitar a los demás habitantes de ls Villa a que se sumen a sus nobles causas. Ese es el mensaje que les quiere dejar PalmiraHoy en su última edición del 2010.Una enfermera maestraCon la aplicación de un modelo educativo copiado de Medellín, la enfermera María Ofelia Flórez Caicedo cree que la mejor forma de ayudar a los niños enfermos es mantenerlos ligados a la enseñanza mientras están hospitalizados.Con computador en mano y muchas ganas de servir, quien lleva 31 años en el Hospital San Vicente de Paúl, de Palmira, realiza su tarea de sensibilizar a los padres para que entiendan que los pequeños pueden aumentar su capacidad de aprendizaje si cuentan con el apoyo de su familia y de sus amigos en los momentos difíciles.Su filosofía es que ”para ayudar no hay que dar plata, sino orientación”. Por eso, cada vez que puede le enseña a las madres algunos ‘truquitos’ que un momento dado pueden salvar una vida. “Trabajo sensibilizando porque uno puede ser económicamente pobre, pero no de conocimiento”, insiste esta palmirana de 54 años, quien dedica sus horas de descanso a trabajar por los demás. Y cuando las condiciones económicas no son las mejores, María Ofelia gestiona con vecinos y amigos los medicamentos para sus enfermos. Pero su voluntad va más allá, pues para ella también “es muy gratificante entregar la primera ‘mudita’ para darle calor a los recién a los niños que vienen si nada”. Dice que esto lo hace con la colaboración de una hermana que tiene una fábrica de ropa para bebé, a quien le entrega los materiales para ella la confeccione y así ser la primera que ayuda a un nuevo ser que llega al mundo.La abogada de los enfermosUn duro golpe de la vida, que dejó a su hermano en estado vegetativo, la impulsó a ayudar a los pacientes crónicos o con enfermedades de alto costo, brindándoles asesoría jurídica gratuita para que se les reconozcan sus derechos de atención médica por parte de las EPS.Ella es Carmen Elisa Caicedo Mondragón, una abogada de la Universidad Santiago de Cali, quien desde el 2005 viene prestando este servicio a quien lo necesite.A la fecha ha interpuesto más de 300 tutelas, de las cuales ninguna ha fallao en contra de sus protegidos. Para ser más efectiva asiste a la Liga de Usuarios de la Salud de Palmira.A sus 36 años de edad confiesa que el accidente que tuvo su hermano Rubén Darío la hizo sufrir una situación supremamente dolorosa, por la que no quiere que pase nadie más, pues al sentimiento afectivo se suma que el sostenimiento de una enfermedad de alto costo está por el orden de los seis millones de pesos mensuales.Por eso, ofrece su ayuda desinteresada a quienes se encuentran en las salas de espera de clínicas u hospitales o donde el destino se las coloque. A pesar de haber ayudado a centenares de enfermos, para ella todos son como sus hijos. “Recuerdo con mucho cariño a Pedro, un reciclador del barrio La Emilia, quien prácticamente murió de inanición”, dice Carmen Elisa, quien tiene una cama y aditamentos que presta mientras sus asistidos conocen los fallos de las demandas que ella les interpone.El papá noel de los abuelosComo si fuera Papa Noel, Marco Aurelio Martínez López sale cada tres meses con una inmensa bolsa a recoger regalos para llevarle a los abuelitos de los ancianatos de Palmira, Pradera y Florida.Tras permanecer 41 de sus 63 años en la docencia, decidió dedicar su tiempo libre a entregarle alegría a la gente de la tercera edad. En noviembre del 2009 le puso ´patines’ a su idea y empezó a visitar negocios de la Villa de las Palmas. “Cuando estudiaba me enseñaron a recoger cualquier panelita para los compañeros”, recuerda este hombre procedente de Montenegro, Quindío.Hoy en día su actividad es todo un proyecto de vida, pues a ella dedica las 24 horas del día y los 365 días del año. Recuerda que arrancó llevando remesas al Albergue del Señor de los Milagros en Palmira. “Llenaba unos dos carros en un supermercado”, dice orgulloso de su gestión, la misma que le permitió llevar un televisor plasma de 42 pulgadas al Jardín de Los Abuelos, en Florida.Marco Aurelio también ha llevado remesas al Hogar Divina Providencia, de Pradera. “Lo mejor para mí es que hago sentir a los abuelos lo que son: alguien muy importante”, concluyó.Desayunos por doce años No sabía preparar café y mucho menos se atrevía a andar solo por las calles. Sin embargo, su inmenso deseo de hacer realidad un sueño lo llevó a madrugar todos los días para llevarle tinto caliente y pan a los habitantes de la calle.Hoy, después de doce años, el administrador de empresas Ildefonso Marulanda Gómez sigue levantándose a las 4:30 de la mañana para cumplir con su misión “así llueva, truene o relampagueé”.Ildefonso cuenta que algún día tuvo un sueño en el que él estaba repartiendo algo en la calle. Esto fue suficiente para que a sus 60 años de edad iniciara su labor con la entrega de desayunos a domicilio y sin ningún costo.Según reflexiona este hijo del municipio de Sevilla, su familia en las calles se creció, pues de 16 asistidos que tenía en un principio pasó a más de 50.En Palmira todos lo conocen y más aún los desayunos navideños que cada fin de año ofrece a 200 personas frente al parque principal de la ciudad.Este año la cita será el próximo 30 de diciembre, a partir de la 9:00 de la mañana, en la Calle 30 entre carreras 29 y 30, porque para Ildefonso “la satisfacción más grande es dar algo de comer a quien se acuesta con hambre”.En busca de ayudaEl inmenso agradecimiento que profesa por la vida y por las cosas buenas que ésta le ha dado es lo que lleva a Andrés Saavedra Nikaito a realizar obras en favor de los ancianos y las personas más necesitadas de la Villa de las Palmas. Desde octubre, o antes si su trabajo se lo permite, este administrador de empresas de 40 años arranca a preparar rifas o cualquier otra actividad que le pueda significar tener algo que pueda entregar en Navidad a quienes no tienen nada.“De las ganancias que tiene la empresa se destina cada año un porcentaje para atender a los niños pobres o a los viejitos a quienes les entregamos juguetes, remesas y algunas otras cosas”, cuenta, tras señalar que para la temporada de inicio de clases también se preparan paquetes escolares para los estudiantes de bajos recursos económicos.Para la consecución de los recursos, este palmirano de madre japonesa se las ingenia y cumple con lo prometido a sus benefactores. “Se habla con un ancianato y hacemos una rifa y así logramos recaudar algún dinero”, manifiesta Andrés, al recordar que entidades como Oasis de Paz para el Anciano se han visto beneficiadas con sus ayudas.Haciendo cuentas, dice que lleva cinco años sin desfallecer porque cree que en la medida en que ayude a los demás él será recompensado más tarde.Por esa razón, estima que debe retribuir de alguna manera las ganancias de su empresa en quienes carecen de muchas cosas. Pero aunque cree que en ocasiones es duro cumplir con su propósito, seguirá adelante “haciendo parte de su vida un poquito del dolor ajeno”.

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