La sastrería es un oficio que se resiste a desaparecer

La sastrería es un oficio que se resiste a desaparecer

Febrero 03, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Por: Javier Jaramillo, corresponsal de Tuluá

Mientras existan gorditos en el mundo, personas muy altas o demasiado delgadas, que no encuentran sus tallas en los almacenes, se requerirá de los servicios de un sastre.

Mientras existan gorditos en el mundo, personas muy altas o demasiado delgadas, que no encuentran sus tallas en los almacenes, se requerirá de los servicios de un sastre.Esta es la consigna de uno de los mejores confeccionistas del centro del Valle, don Hernando Serna Duque, quien está convencido que su profesión permanecerá en el tiempo, a pesar del modernismo y de las nuevas tendencias de la moda.Sin embargo, este hombre de 54 años, es realista y sabe que el modernismo, las prendas importadas y la confección en serie de las grandes fábricas, les ha quitado protagonismo a los tradicionales sastres.De esas épocas gloriosas, cuando todo el mundo se vestía de paño y la elegancia era una de las preocupaciones de las personas, queda muy poco. De los tiempos en que se utilizaba el paño inglés y las telas importadas, sólo quedan los recuerdos."Ahora la gente, especialmente la juventud, prefiere los jeans", dice don Hernando, quien dijo que en su taller ubicado en el barrio Escobar, en Tuluá, llegó a tener hasta doce obreros.Este sastre recuerda con nostalgia que tuvo épocas, de fin de año, que tenían que confeccionar hasta mil pantalones para sus clientes.La distinción y la elegancia fueron la característica de esta sastrería en donde muchos alcaldes mandaron a confeccionar sus vestidos para su posesión. Sin embargo, algunos magistrados, abogados y médicos, se cuentan entre los clientes de este hombre que aprendió el oficio a los 13 años en el barrio "Chino" de Tuluá."Tengo muchos clientes que viven en el exterior y cada vez que vienen a Tuluá les tengo que hacer la ropa, porque les gusta que se las haga sobre medidas", dice este sastre que este año cumple 39 años en el oficio.Como este arte tiende a desaparecer, ahora los sastres tuvieron que evolucionar. En el caso de don Hernando Serna, le confecciona a empresas y fábricas los uniformes de dotación, otros se dedican a las "chisgas", es decir, a las reparaciones, a poner cremalleras, a pegar botones o coger dobladillos, para subsistir.Mientras tanto, Confecciones Hernando, con su eslogan, "El sitio de los elegantes", seguirá siendo la sastrería preferida de los caballeros en Tuluá, que les gusta la ropa hecha a sus medidas y con un toque de distinción.

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