La historia de La Cumbre, Valle, un pueblo aferrado al negocio de la pólvora

Diciembre 13, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
La historia de La Cumbre, Valle, un pueblo aferrado al negocio de la pólvora

Tradición. Mélida Mora se acerca a los 80 años de edad, de los cuales lleva 70 dedicados a la polvorería y asegura que lo peligroso no es la pólvora sino la irresponsabilidad de algunos adultos.

Los 11.500 habitantes de La Cumbre, Valle, tienen claro que la producción, almacenamiento y venta de pólvora es ilegal. Sin embargo, esta es una de las principales fuentes de empleo del municipio.

Los residentes del barrio Obreros de Cristo, en el municipio de La Cumbre, creyeron siempre hacerle honor a ese nombre. Y es que fueron décadas amenizando con pólvora y juegos pirotécnicos la celebración de la Semana Santa, la Navidad, las fiestas patronales y las procesiones de la Virgen por casi todos los municipios del Valle del Cauca. Lea también: Fallece uno de los heridos por explosión de polvorería en La Cumbre, Valle. Pero hoy las condiciones son diametralmente opuestas a las que encontró hace 70 años Manuel Muñoz Bolaños, cuando llegó procedente de La Unión, Nariño, y empezó con familiares y vecinos a darle ese toque mágico de luces y sonido a las festividades religiosas. Esa tradición se fue regando como pólvora, generación tras generación, y hoy lo único que le da sentido a la vida de 35 familias del barrio Obreros de Cristo, además que es lo único que saben hacer, es poder levantarse cada día a preparar y fabricar voladores, castillos, culebras, sacaniguas, chorrillos y tronantes, entre muchos otros artefactos.Pero una firma del entonces presidente Andrés Pastrana el 30 de julio del 2001, sancionando la Ley 670 de ese mismo año y declarando ilegal la fabricación y venta de la pólvora, borró de un plumazo la cultura y las costumbres de miles de polvoreros en Colombia y comunidades como las de Obreros de Cristo pasaron de la noche a la mañana a ser perseguidos y sancionados.Las cifras de personas quemadas con pólvora, en su gran mayoría niños, demandaban una acción contundente de parte del Gobierno, pero algunos especialistas creen que no se tuvieron en cuenta muchos elementos y, contrario a lo que se buscaba, terminó generando un efecto tanto o más dañino que el que quiso subsanarse porque el número de muertos y quemados sigue en aumento. Vea también: así van las cifras de los lesionados por pólvora en diciembre Para el historiador Germán Patiño lo que se ha visto en materia de cambios culturales es que “las prohibiciones tajantes por lo general producen resultados inversos y así lo demostró el tema de la producción y venta de licor en Estados Unidos; eso no resultó bien”.“Los cambios culturales hay que manejarlos con paciencia con educación y a largo plazo. El uso de la pólvora es un cambio cultural justificado, como el consumo desaforado de licor porque es un material que puede ser peligroso en manos inexpertas, pero hay que inducir el cambio cultural. Yo no afirmo por lo tanto que la prohibición deba suspenderse, pero el Estado debe trabajar para que ese cambio cultural se produzca de manera pausada, lógica y casi que socialmente natural”, indicó Patiño.Puntal económico del puebloMélida Mora lleva 70 de sus 80 años de vida dedicada a producir todo tipo de juegos pirotécnicos. Sentada sobre un banco de madera, poniéndole la mecha a uno de los últimos voladores que hará este día, se lamenta por la forma como pasaron de “polvoreros a delincuentes”.“Desde los 10 años empecé haciendo papeleticas y voladores junto a mis padres y se trabajaba muy sabroso; eso es lo único que les dejo a mis hijos, mis nietos y biznietos porque con esto no se hace plata sino para vivir”, asegura Mélida, que con gran destreza mueve sus ajadas manos en medio de mecha y pólvora.En un pueblo con tan solo 11.500 habitantes como La Cumbre, uno de los más pequeños del Valle, la única fuente de empleo es la Alcaldía y las labores del campo. Sin embargo, sus habitantes reconocen que desde los meses de septiembre y octubre hasta finalizar cada año llega una especie de bonanza por cuenta las polvorerías que logran dinamizar la economía del pueblo.Extraoficialmente se estima que son unas 35 familias las que tradicionalmente han vivido de esta actividad y que cada una de ellas puede emplear durante la temporada de fin de año entre cuatro y diez obreros más.Adicional a ello, un número importante de personas derivan el sustento de sus familias comprando la pólvora y los juegos pirotécnicos en las fábricas artesanales y revendiéndola en otros municipios del Valle; es decir, alrededor de 500 personas viviendo de esta actividad; todo un impulso para un municipio de sexta categoría y que vive exclusivamente de las regalías del Estado.Gustavo Velásquez, propietario de la polvorería El Diamante, aseguró que viven exclusivamente de la pólvora y que es ahora, cuando se ha restringido la venta y fabricación, que se ha generado el verdadero peligro porque la gente debe encerrarse o esconderse a trabajar sus productos y ese no es el mejor ambiente. Y es que en este mercado ignorado, estos “artesanos” manipulan a diarios cantidades de productos químicos como el cloruro de potasio, el azufre, el aluminio, la sal nitro, aluminio violeta, antimonio, nitrato de varita, carbonato de estroncio, aluminio en escamas o gomalaca brasilera, dependiendo si prefieren lograr luces multicolores, elementos explosivos o que sencillamente salgan con impulso, las tres clases de pólvora o fuegos artificiales que trabajan.Adherido a una guadua que soporta como puntal el techo de un rancho, un trozo de papel recuerda a los polvoreros que es el estancio el que le da el color rojo a las chispas; el antimonio el que da origen al destello azul y el clorato el que produce la centella color violeta.Para terminar de agravar su situación, desde que los polvoreros se convirtieron en ‘indeseables’ perdieron también toda posibilidad de moverse dentro de una economía legal.“A nosotros ya ningún banco nos presta plata porque ellos saben que lo que producimos puede acabar en un decomiso de la Policía y no tendríamos cómo responder durante el resto del año. Por eso nos ha tocado acudir a los ‘paga diario’ o ‘gota a gota’ que por cada millón de pesos que nos prestan, nos toca pagarle cien mil pesos mensuales de intereses”, dijo otro de los polvoreros.Tradición vs. legalidad Andrea Buenaventura, antropóloga y socióloga de la Universidad Icesi, señaló que siempre ha existido la dualidad entre lo tradicional y lo legal y la sociedad civil siempre trata de creer que lo legal es lo bueno y lo tradicional queda a un lado. “Antropológicamente hablando, lo que uno ve es que existen unas culturas o una serie de prácticas culturales tanto en comunidades como en poblaciones que vienen desde el nacimiento mismo y que han constituido la identidad de esa comunidad a partir de esas tradiciones”, dijo la antropóloga.“Los polvoreros de La Cumbre no sienten que están haciendo un artefacto para vender, sino un proceso tradicional donde celebran su cultura y fomentan esos valores que han creado desde que nacieron; es su identidad cultural. Así ocurre en algunas comunidades negras con la minería artesanal es ilegal. Para ellos no tiene ese carácter porque es una actividad que practican desde que nacen y crecen alrededor de ella, que es lo que les da el fundamento para subsistir”, reiteró la doctora Buenaventura.El historiador Alberto Silva Scarpetta tiene visión diferente. Cree que la transición sí se ha venido dando y los polvoreros se han resistido. “Hace 40 años esto era bárbaro y era impresionante un diciembre en Colombia; el país se incendiaba y no me imagino cómo serían los hospitales en aquella época”.“Es que la pólvora no se descubrió para distraer y divertir a la gente, sino como un recurso bélico. Cómo será de trascendental y peligroso que a partir de allí vinieron los arcabuces, los fusiles y los cañones. Ahora, que aquí tenemos esa cultura hace más de 200 años, sí, pero no teníamos la fuerza para controlarla y con el nuevo orden jurídico lo hemos ido adquiriendo”, aseguró Silva.Germán Patiño cree que no todas las cosas por ser tradición son buenas o deben ser defendidas; hay tradiciones culturales que deben desaparecer, como el asesinato de los niños gemelos en ciertas comunidades indígenas o el racismo que es una pésima tradición y que es herencia de la colonia. Para que el cambio sea efectivo se requiere un proceso educativo muy fuerte y la intervención del Estado para garantizar una transición pacífica”.De la Alcaldía Mauricio Otero, secretario de Gobierno de La Cumbre, aseguro que cada año enfrentan el mismo problema social porque deben expedir el decreto prohibiendo la fabricación y venta de la pólvora, que es de lo que viven unas 500 personas.“El delito no está tipificado y no puede uno hacer un allanamiento, pero ellos son conscientes de que es ilegal lo que hacen y en ocasiones permiten que entremos y hagamos las incautaciones, pero usted les quita, y esa misma noche vuelven a fabricar más”, indicó Otero.“En la Alcaldía hemos tratado de hacer campañas para que se aparten de la pólvora, pero hay gente de 50 años y más que dicen que se mueren haciendo esto; en los jóvenes hemos tenido mayor recepción, pero tampoco podemos nosotros legalizar este saber o este arte si no hay voluntad nacional”.La norma es muy ambiguaLa Ley 670 del 2001, que prohíbe la fabricación y venta de pólvora y juegos pirotécnicos en Colombia se basa exclusivamente en la protección de los derechos del niño.En sus 18 artículos solo contempla como sanción, a quienes sean sorprendidos con pólvora, multas entre 2 y 20 salarios mínimos y no ordena la captura de los implicados.En todo caso señala que los dineros que sean recibidos por estas multas y con parte de los impuestos que paguen de Industria y Comercio los vendedores y fabricantes autorizados para la producción y venta de pólvora se deben girar a un fondo dedicado exclusivamente a la a campañas de educación preventiva en el manejo y uso de la pólvora, artículos pirotécnicos y fuegos artificiales.El analista Diego Luis Sánchez considera que la norma lo que hace es dejar en manos de las autoridades locales y regionales las medidas que consideren convenientes para restringir el uso de la pólvora pero que es “bastante limitada”.“Lo único que señala tajantemente es que se prohibe la venta de artículos pirotécnicos o fuegos artificiales a menores de edad y a personas en estado de embriaguez y prohibe la utilización del fósforo blanco en la producción y manipulación de artículos pirotécnicos”, dijo Sánchez.

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