La FES educa en construcción de paz en zonas de conflicto

La FES educa en construcción de paz en zonas de conflicto

Noviembre 06, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Por Alda Livey Mera Cobo, Reportera de El País
La FES educa en construcción de paz en zonas de conflicto

Generar un sentido de pertenencia por sus territorios y que se conviertan en emprendedores en cultivos lícitos u otras actividades, es uno de los resultados de la FES en la zona de conflicto.

La Fundación para la Educación y el Desarrollo Social, FES, realiza proyectos de educación para la convivencia, la reconciliación y la paz en zonas afectadas por el conflicto armado de Cauca y Valle del Cauca. Niños y jóvenes ya pueden soñar.

Yo sueño con ser piloto… y yo con ser abogada… yo con ser cantante y violinista… y yo con entrar a una universidad y luego ser escritora de libros profesionales... Estas son las aspiraciones de niños y jóvenes de zonas donde antes el conflicto destrozaba las ilusiones. Ahora su imaginación ya  empieza a volar y también a crear nuevas realidades. 

Estamos hablando de niños de Toribío, Caloto, Corinto, Santander de Quilichao, Miranda, Pradera y Florida, municipios donde antes no existían las condiciones para la fantasía infantil ni juvenil. 

Despertar, cultivar, estimular esos sueños es lo que viene haciendo la Fundación para la Educación y el Desarrollo Social, FES, con su proyecto  Habilidades para la Vida, la Paz y la Reconciliación y Construcción de Paz Territorial, dice María Lucía Lloreda Garcés, directora ejecutiva de la FES, fundación  que implementó ambos proyectos para Colombia Responde, la estrategia del Gobierno Nacional para hacer presencia  en zonas donde antes no  llegaba el Estado.

Cuando se inició la intervención, en 2011, la situación era muy compleja. Tan compleja que Mario tenía una banda musical con siete amigos. Pero prácticamente  desapareció porque uno a uno fueron cayendo en medio de la violencia  de la zona. 

Solo Mario sobrevivió para aprender y estudiar con su profesor de música, que fue como su Mesías.

La banda resucitó con artistas formados en esos programas sociales, que les obsequió los instrumentos. Ahora hasta hacen giras por sus pueblos y reciben ingresos por sus conciertos. Es  que los sueños ya no son sueños, sino realidades. 

Victoria García, de la Institución Educativa San Antonio, zona rural de Santander de Quilichao, valora  los talleres que les dieron, porque allí los j óvenes aprendieron a proyectarse y  a entender que vivían en territorios que tenían  problemáticas, pero que esos terruños también tenían condiciones, potencialidades. 

“Muchos teníamos un pedacito de tierra y pensábamos que ahí no se podía hacer nada, hasta la regalábamos o la dábamos para la minería, pero aprendimos que en ese pedacito podíamos hacer mucho y  beneficioso para todos”, dice la adolescente.

[[nid:591652;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/11/fes-nota.jpg;full;{Dotar los territorios de buena infraestructura educativa, otro logro.Sebastián Bedoya, especial para El País}]]

Por ejemplo, hicieron un vivero en el colegio y quieren dejar una huerta escolar. Y  en su casa, su mamá sembró piña, yuca; cría cerdos y gallinas y siempre encuentra a quien vendérselos, cuenta Victoria y añade que ahora queremos transmitir todo lo que aprendimos a los que no tuvieron la oportunidad de estar en el proyecto de la FES”, apunta Victoria. Lea también: Esta fue la estrategia para arrebatarle niños al conflicto en el Valle y Cauca

María Fernanda Becerra, directora de Colombia Responde para Cauca y Valle del Cauca, explica que esta es la iniciativa del Gobierno para fortalecer la presencia del Estado con acciones encaminadas a mejorar todas sus condiciones de vida.

Desde 2011 iniciaron operaciones, desarrollando programas de participación comunitaria, formación ciudadana, fortalecimiento de emprendimientos como los cultivos de café y piña; la apertura de  vías veredales para poder comercializar  los productos,  entre muchos otros programas, que cuentan con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Usaid. 

Emma Saad, coordinadora de comunicaciones de  Iniciativa Celi Central, de Colombia Responde, resalta que la metodología es la participación de las comunidades. Hicieron  miles de talleres veredales para compartir ideas, escogieron  las  prioritarias y las socializaron  con el Gobierno, que inició programas integrales. “Por eso ha tenido tanto éxito con las comunidades, porque está basado en sus necesidades y en sus sueños”, comenta Emma.

Y  la más importante, fortalecer la integración comunitaria como solución al conflicto para que los jóvenes tengan mejores oportunidades y   futuro en el campo de sus regiones.

 La FES adelanta el de Construcción de Paz con docentes y estudiantes de seis instituciones educativas, que pasa por revisar los manuales de convivencia y planes educativos. Este  impactó a 2173 estudiantes, 900 maestros y 87 madres y padres de familia.

“Ha habido un cambio enorme en el comportamiento y la convivencia escolar. Antes había una situación de conflicto entre grupos y después de los talleres de liderazgo, trabajo en equipo y convivencia, el clima es distinto”, expone Emma.

 Víctor Hugo Viveros, coordinador de Cultura Ciudadana y Convivencia de la FES, ha sido testigo de esas transformaciones. Cuenta que en el  proyecto de Habilidades para la Vida, la Paz y la Reconciliación, se empezó por  capacitarlos hasta en el manejo y respeto del propio cuerpo. Fue necesario porque encontraron,  dice él, que la mitad de los jóvenes tenían una iniciación sexual temprana,  en forma forzada, casi que en contra de su voluntad, en especial las niñas. 

También se pudo evidenciar que los grupos armados ilegales eran algo natural para los niños y jóvenes, y la presencia de estos  no les era problemática ni les generaba temor. Al contrario, era una opción de vida que alteraba los  imaginarios de los niños.

  De hecho, al inicio de la intervención,  los niños jugaban a ser militares o guerrilleros. Pero al terminar, ya jugaban ajedrez, parqués, dominó, rondas infantiles, desplazando las temáticas de conflicto armado hacia otras opciones de vida.

 “Al final   vimos que ya sueñan  con ser ingeniero agrónomo, economista, sociólogo; es decir, su espectro de vida se amplió”, comenta Viveros.

Otro logro fue cambiar su percepción sobre la formación académica, porque para la  mayoría, “ir a estudiar era una forma de matar el tiempo. Comprendieron  que el estudio  podía ser una opción para mejorar su calidad de vida”, explica. Lea también: ¿Cómo detectar genios en clase y potencializar sus talentos?

Todo lo anterior conllevó a otro  logro: que ya podían confrontar  los cultivos ilícitos. Por ello,  en el segundo proyecto sobre Construcción de Paz Territorial, se les ofreció capacitación en varias actividades productivas. Era soñar y  realizar.

Como lo hizo un chico que llegó a cuestionar  a su propia familia, su actividad en los cultivos ilícitos. Su familia y él –raspachines de coca–  empezaron a  incursionar en otros cultivos que los llevó al terreno de la legalidad y  a vivir tranquilos. “Lo más importante  fue lograr tomar la decisión”, anota Viveros.

Los resultados  fueron tan notorios, que la rectora de un colegio que estuvo ausente durante el proyecto, al regresar preguntó qué les habían hecho a los docentes y a los estudiantes, que ella  sentía el cambio. 

A nivel colectivo,  los logros fueron más loables aún. Jóvenes y padres se apropiaron de sus territorios  para generar nuevas oportunidades de vida. Por ejemplo, en San Antonio, se   unieron en contra de la minería ilegal y la prostitución de adolescentes que se generaba en torno a la minería. Esos chicos ganaron un proyecto en prevención de explotación sexual.

 Otro grupo se preocupó por el manejo de residuos en las viviendas y elaboraron una propuesta de trabajo de cuidado  del medio ambiente.   “Fue todo un trabajo el de entrar en la cultura de la legalidad, porque la de la ilegalidad es la que genera todos los conflictos”, concluye Viveros.

“Llevamos tres años fortaleciendo las comunidades en los temas  de paz, convivencia y reconciliación en las instituciones educativas, en los centros comunitarios, creando  los comités de convivencia y generando habilidades para la vida y  proyectos de vida  para los habitantes de estos territorios afectados por el conflicto”, explica la directora de la FES.

María Lucía Lloreda indica que el impacto es  amplio porque se logra cambiar los imaginarios del sector privado sobre estos municipios, porque por seguridad, nadie quería ir ni invertir ni trabajar allí.  “Esta es una forma de estar aportándole al país”, concluye la ejecutiva.

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