La Comuna 1 de Cartago quiere superar la inseguridad y la pobreza

Septiembre 14, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Mónica A. Arias C., reportera de Cartagohoy

Cerca de cinco mil personas habitan en la zona más afectada por la violencia en la Villa de Robledo. Allí se adelantan programas sociales y hay presencia de la Policía, pero aún así los homicidios no ceden.

Juan recorre las calles de Cartago día y noche, como un judío errante en medio de la multitud. Su condición de indigente no le permite tener un domicilio exacto. Sin embargo, sí puede contarse como uno de los 4.363 habitantes de la Comuna 1.Llegó allí luego de caer preso de las drogas, debido a una decepción amorosa y pese a tener estudios técnicos en mecánica automotriz y una familia que ha tratado de sacarlo de esta situación. Con todo, su refugio son las calles de la Villa, al igual que el de otras mil personas.Alejandro Castrillón es otro morador de esa Comuna pero, a diferencia de Juan, sus días pasan entre las tareas del colegio y la trompeta que toca en la banda musical de Cartago.Vive en el barrio Collarejo y a sus 16 años de edad tiene muy claro que quiere ser un médico de gran prestigio y desde ya trabajando muy duro para ello, puesto que este año saldrá del colegio y deberá ganarse un cupo en la Universidad Tecnológica de Pereira, que es pública.Ambos comparten las vivencias del que tal vez es el sector más neurálgico de la ciudad en materia de violencia, ya que allí han ocurrido 14 de los 57 homicidios que se han presentado este año en la Villa de Robledo.Para el secretario de Gobierno Municipal, Gustavo Adolfo Rengifo, “la situación es preocupante” y por se conformará un comité interinstitucional que analizará lo que está ocurriendo en el sector, a fin de empezar a tomar acciones.Cultura de la toleranciaNo obstante, quienes viven y trabajan en los 21 barrios que conforman la Comuna 1 tienen claro cuáles serían las posibles soluciones a la inseguridad que se registra en sus calles.Para el comandante de la Policía Cartago, capitán Hernando Burgos, el sector es dinámico: hay mucho comercio, focos de indigentes y microtráfico de estupefacientes.Según él, los sectores más problemáticos son La Arenera, La Platanera, La Loma de la Virgen, La Estación y Bellavista, ya que en estas zonas muchas personas se dedican al expendio de droga, lo que ha creado una cultura de tolerancia hacia ese delito.“Tal vez por el temor que infunden algunas bandas entre los habitantes y por ello se ha incrementado la violencia, sobretodo por el control de las ollas de bazuco que hay en el sector”, precisó.Sin embargo, en los resultados de las autoridades se cuenta que en esa comuna ha habido 70 capturas por microtráfico, 27 allanamientos y 7 extinciones de dominio.Mal referenteAun así, los residentes en la segunda comuna más grande de Cartago reclaman más inversión social, puesto que la mayoría de barrios están catalogados en estratos 1 y 2.También sostienen que las oportunidades de trabajo se reducen a la extracción de material de río, las ventas informales, el campo y la construcción, a lo que suman otras problemáticas.“Por ejemplo, con la presencia de indigentes se incrementa la inseguridad, el robo de cable, de contadores, los atracos son constantes”, señaló María Elena Cardona, habitante de Bellavista.Calles sin pavimento y parques en mal estado se suman a las peticiones de la comunidad que, según sus voceros, parecen no tener ningún eco en la Administración Municipal.Para Adalberto Andrade Olave, rector del colegio Ciudad de Cartago, ubicado en la 1, hay varios factores de riesgo a los que están sometidos especialmente los niños y los jóvenes del sector.La falta de ingresos definidos por parte de los padres de familia, los malos referentes que tienen de los establecimientos que se localizan en los alrededores y la ausencia de un polideportivo para la adecuada utilización del tiempo libre y de una biblioteca son algunos de ellos.“La falta de empleo expone más a esta población. Por la variante se ubican negocios de recreación donde se expende licor y todo el entorno es una atracción para los menores”, precisó.En su opinión, se requiere mucha inversión social, centros donde se promuevan la cultura y las artes: “incentivar el aprendizaje sería una gran inversión”.Qué se haceEn medio de las carencias, hay varias entidades públicas y privadas que realizan valiosos esfuerzos en pro de los habitantes de la Comuna 1.Una de ellas es la Secretaría de Salud Municipal, que hace jornadas de vacunación en cada casa, tamizajes visuales, citologías, consultas de salud oral, capacitación a madres de familia, vacunación de perros y gatos, inspección de establecimientos públicos, talleres de manipulación de alimentos y entrega de bienestarina para niños hasta de 4 años de edad y madres gestantes y lactantes.“De todas maneras este es un sector muy vulnerable, se hace lo humanamente posible y más”, afirmó el titular de este despacho, Walter Campo.La Fundación Nuevos Sueños Afrocolombianos, Funsa atiende a más de 150 niños y niñas en la recuperación de sus valores y tradiciones, al tiempo que les fomenta la sana ocupación del tiempo libre.“Nuestro objetivo fundamental es el rescate de nuestras raíces ancestrales como una forma de recuperar el tejido social y construir valores y, sobre todo, de construir identidad”, explicó Johan Mosquera, director de la entidad. La Policía, a través de su división de Infancia y Adolescencia, también realiza escuelas de padres para sensibilizar a las madres para que tengan control sobre sus hijos y les den un buen ejemplo a fin de que no se involucren en actividades criminales.De todas maneras, destaca el capitán Burgos, falta inversión en las calles, el parque y educación para las comunidades “porque cada vez va creciendo el problema, se ven muchas niñas embarazadas, una cadena de pobreza sin oportunidades y los hijos crecen sin núcleo familiar o en total abandono”.Es cierto que, como dice la misma comunidad, son más los buenos que los malos. Sin embargo, estos últimos son los que salen a relucir a la hora de hablar del sector. Aun así, la mayoría insiste en mejorar sus condiciones de vida y para ello tratan de trabajar diariamente en tareas dignas y legales, incluso si provienen de Chocó, Risaralda y el sur del país, desde donde muchos han llegado en busca del “mejor vividero de la región”.

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