Invierno deja lluvia de dramas en el suroriente del Valle del Cauca

Diciembre 13, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Palmira Hoy

PalmiraHoy buscó las historias que se esconden detrás de cientos de hectáreas inundadas y más de 40 empresas ahogadas bajo las desbordadas aguas de los ríos del suroriente del Valle. Naufragio de empleo, casas y sueños.

Voces de jubilo se escucharon el jueves pasado al conocerse la noticia de que después de once días fue cerrado el dique sobre el río Palmira que ahogó la Zona Franca del Pacífico, al igual que 700 hectáreas de cultivos y tierras para la ganadería.Sin embargo, la alegría no es completa. Todavía falta secar la laguna que se formó por el desbordamiento de ese afluente y del Bolo, el Frayle y el Guachal y que en el complejo industrial alcanzó niveles de hasta dos metros.Son 25 empresas que yacen bajo un agua oscura que ensombrece el futuro de por lo menos 2.500 empleados, ya que se estima que algunas de ellas podrían tardar un año en recuperarse.De igual forma, trabajadores de algunas multinacionales ya han recibido su prima y hasta un mes de salario, pero ninguno sabe lo que pasará en los próximos días, después de que el pasado 29 de noviembre el líquido corrió por todos sus puestos de trabajo.En Palmaseca el drama no es distinto. 35 familias tienen sus casas llenas de agua y excrementos, porque la Ptar se inundó. Cinco familias del callejón Los Ortices debieron buscar albergue y otras irse a pagar arriendo.Entre tanto, en Juanchito el Cauca mojó los sueños de una Navidad feliz que tenían los empleados de tres moteles y dos empresas.“Todo el año habíamos esperado este mes”El pasado sábado, el Motel Ovni vio naufragar hasta sus sueños de amor. Luis Alfonso Marín, su administrador, improvisó una oficina bajo una carpa, a un lado de la calzada, tras lograr salvar su escritorio y unas cuantas sillas.Luego, impotente observó cómo en un pequeño camión fueron subidas las puertas de madera de las habitaciones. Hace dos años una inundación similar le dejó como enseñanza que tenía que sacarlas porque el agua pudre la madera. Protegido con un sombrero y unas gafas oscuras, aseguró que fue a las 8:00 de la noche cuando el agua brotó por todas partes y sepultó a dos metros de profundidad no sólo la millonaria inversión realizada hace poco tiempo en el lugar sino el trabajo de 20 empleados.“Todo el año estuvimos esperando este mes para darnos un respiro a nivel económico. A todas las habitaciones, que son 67, les pusimos televisores LCD y teatro en casa. También estucamos y pintamos. Todo eso se perdió, se lo llevó el río”, expresó Luis Alfonso, quien agregó que había gastado los ahorros en la remodelación del motel, confiado en la llegada de las vacaciones, la Navidad y la Feria de Cali, que mueve mucha gente. Ahora, sólo la incertidumbre y las aguas oscuras del Cauca son los visitantes del Ovni, que espera un nuevo impulso para despegar. Sin embargo, Luis Alfonso confiesa que no están seguros de poder reponerse de esta nueva catástrofe.También amargó a los cañicultoresLas pérdidas para el sector azucarero como consecuencia de la fuerte ola invernal que azota al país y al Valle del Cauca ascendieron en los últimos días a más de cien mil millones de pesos.Un informe entregado por Asocaña revela que en el valle geográfico del río Cauca, que comprende los departamentos del Valle, Cauca y Risaralda, hay un total de 16.000 hectáreas afectadas, de las cuales ocho mil se encuentran totalmente anegadas, en lo que se considera una pérdida total.Los daños en los cultivos son más críticos en La Virginia, Risaralda; Riofrío, Mediacanoa, Rozo, Palmira y La Paila.Lo anterior ha generado una escasez de caña, que ha obligado a que se pare la producción de azúcar y se suspendan las exportaciones. Asocaña señaló que con las existencias que se tenían se está atendiendo exclusivamente el mercado interno, que es prioridad. Adicionalmente, las exportaciones se redujeron en más del 60% con relación al año anterior.Es así como mientras en el 2009 las exportaciones alcanzaron las 110.000 toneladas, este año apenas llegaron a 46.000.Así mismo, se paró la producción de etanol y está suspendido el programa de mezcla del combustible.“Nuestros hijos van a tener una amarga navidad”Con la fuerza que genera la angustia, el lunes pasado Miriam Pérez trataba desesperadamente de echar el agua hacia atrás. En la madrugada del domingo, la fábrica de fuegos artificiales Torero, ubicada en el corregimiento Juanchito, en Candelaria, donde trabaja desde hace 17 años, se inundó. El Cauca se metió en la planta poniendo en peligro buena parte de la producción que estaba lista para diciembre, la época de mayor venta. La noticia le estalló a Miriam en la cara y corrió hasta su sitio de trabajo para tratar de salvar la empresa.Ese lunes, en la tarde, la situación era caótica. Más de 70 mujeres luchaban denodadamente para rescatar lo que no había dañado el agua. Unas paleaban y armaban bultos de tierra, sin importar el sol que irónicamente, ese día, quemaba como el infierno. Otras alzaban cajas y las pasaban de mano en mano para ponerlas en una de las oficinas del segundo piso que estaba seca. Pese a lo frenética de la actividad, no había ruido, nadie gritaba. No había tiempo de sentir. Los empleos y las esperanzas de una Navidad feliz de casi 190 mujeres, entre ellas Miriam, se hundían en esas aguas color café que les tiró el río tutelar de la región.“Todo lo que tengo lo he conseguido gracias a esta empresa. Sus dueños han sido muy buenos con todas nosotras, la mayoría mujeres cabeza de hogar y con el dinero de este mes pensaba seguir dándole estudio a mis hijos de 16 y 24 años, pero ahora no sé qué va a pasar. Nuestros hijos van a tener una amarga Navidad sino recuperamos la fábrica”, sostuvo Miriam.“El Niño Dios de mi hijo tendrá que esperar”Mientras su hijo Juan José, de 4 años de edad, se aferra a su pantalón, Janeth Osorio avanza penosamente hacia su casa -o lo que queda de ella- en el callejón Los Ortices.La humilde vivienda fabricada en madera yace bajo las aguas del Palmira y los excrementos de los pobladores del corregimiento Palmaseca. La pesadilla para Janeth empezó el viernes de la semana pasada, cuando el río tutelar de la Villa de las Palmas rebosó todos los pronósticos e inundó la planta de tratamiento de aguas residuales del pueblo. Primero entró a los cuartos, pero la situación empeoró con las fuertes lluvias que la llevaron hasta la sala y alcanzó casi un metro de alto. Pese a su resistencia a abandonar sus cosas, no tuvo otra alternativa que acoger la ayuda de una fundación que le brindó albergue junto con sus otros tres hijos de 14, 12 y 11 años. Pero su angustia por quedarse sin un techo llegó a la desesperación total cuando el domingo le informaron en el restaurante donde trabajaba que estaba despedida porque el invierno inclemente alejó a los clientes.Sin casa y sin empleo, Janeth no puede evitar las lágrimas mientras dice que “el Niño Dios de mi hijo tendrá que esperar”. Juan José la mira con total inocencia. El pequeño le está pidiendo una bicicleta y con ella sueña mientras duerme en el albergue.Se salvó la plataneraA Aquilino Ortiz lo cogió el agua en la cama. Sin embargo, a sus 80 años parece que nada logra sobresaltarlo. Impávido recuerda que en el 98 también la finca donde trabaja como mayordomo se ahogó bajo las aguas del Cauca. El pasado fin de semana, de manera silenciosa, pero contundente, el afluente volvió a superar el jarillón y bañó el corregimiento Domingo Largo, en Candelaria. Varias propiedades, entre ellas la finca de Aquilino, quedaron anegadas. Su esposa Nelida Muñoz, de 76 años, fue evacuada a la casa de una de sus hijas en El Vallado, en Cali. Entre tanto, él montó la cama en cuatro ladrillos mientras espera que los niveles del río vuelvan a la normalidad.Parado en la entrada de su propiedad de diez mil metros cuadrados, el anciano sentenció: “Lo que se perdió se perdió”. Una frase que no da pie a más interrogantes. Las plataneras, no obstante, son las únicas que se yerguen altivas sobre la creciente.

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