Habitantes de Villagorgona siguen con el sueño incumplido de tener agua

Habitantes de Villagorgona siguen con el sueño incumplido de tener agua

Noviembre 20, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Rosa Silva | Reportera de El País

Llevan ocho meses con los pozos dañados. El escaso líquido que llega está sucio. Hay estado de calamidad.

Mientras su tía habla, Valentina, de 7 años, juega a cazar larvas con un cucharón metálico en el tanque de agua que tienen en el patio y que proviene de la tubería. “¡Mira! Trae hasta huevitos”, dice, al tiempo que traslada su hallazgo a un recipiente. Hace cara de asco, se ríe y cuenta que hace poco encontró una culebrilla roja que se movía. Esta no es el agua que utilizan para beber o cocinar. Para eso usan la “potable”, que deben comprar en frente, en la sede de Bomberos, a $500 el botellón. No. Esta, la de olor a barro podrido, de color negro- verdoso, la utilizan para bañarse, para vaciar el baño. Para todo lo demás. Por esa agua, con bichos y barro, a doña Rosa Tabares, la tía de Valentina, le cobran $19.000 mensuales. Ella relata que desde el 5 de mayo de 1975 que se pasó a esa casa, en Villagorgona, corregimiento de Candelaria, el agua ha sido igual de “asquerosa”.Porque la falta del líquido en esa zona no es algo nuevo. Nunca lo han tenido: estos años se han valido de cuatro pozos que les surten en sus casas, pero el problema es que estos ya no funcionan. El primero colapsó hace ocho meses y han seguido dañándose uno a uno, convirtiendo al pueblo en un desierto con aguas contaminadas para 27.000 personas. Por eso, ayer el alcalde de Candelaria, John Wilson Rengifo, decretó el estado de calamidad pública. Doña Rosa dice que de unos meses para acá la situación es peor. Que ahora solo les llega esa agua turbia a las 6:00 a.m. Es el único momento del día en que sale y por eso deben recoger lo más que puedan. Ella tiene la suerte de vivir frente a los Bomberos. Pero en barrios más alejados deben encomendarse a los santos para que les lleguen los carrotanques que, desde que colapsaron los pozos, se encargan de llevarles agua gratis desde Candelaria o Cali. En La Cruz, a unas cuantas cuadras, la llegada de ese camión con agua es un gran evento. La gente sale con sus tarros. En ese sector pasa cada tres días. Pero en el barrio Juan Pablo, más allá, el carrotanque los visita solo una vez cada ocho días. Entonces la gente se ha acostumbrado a hacerla rendir. El agua que recogen de la lluvia y la poca que les llega en la madrugada durante 20 minutos, es para los quehaceres del hogar. Y cuando se acaba la potable, hay que ir a comprar en bicicleta o a pie. O pedirle a algún vecino generoso. Al problema de los pozos se suma el del acueducto prometido. Ese que está en veremos desde hace meses por problemas políticos y al que le faltan solo 200 metros de tubería: algo así como la distancia entre ambos extremos del Estadio Pascual Guerrero. Verdad o ficción, el desespero de los habitantes de Villagorgona es tal, que hay quienes aseguran que cuando se quedan sin agua por tantos días, algunos defecan en bolsas plásticas y las tiran en los techos de casas vecinas. Al menos así lo cuenta Marlene Escobar.Aunque un 80 % de la gente dice comprar el agua potable, lo cierto es que algunos, “cuando no hay con qué”, deben usar la que llega por la llave y hervirla. Los niños, cuando se quedan solos en las casas, también consumen esa agua y se enferman. Además, existen dudas sobre el agua que les venden, y hasta de la que les regalan. “Cuando se deja por dos días en los tarros, se pone amarilla”, dice Marlene. Y no es la única que lo piensa. Dahiana Guzmán, médico en el Centro de Salud de Villagorgona, también lo sospecha. “Un 60 % de las consultas que recibimos son por gastroenteritis y otras infecciones diarreicas”, apuntó. Esto se debe a que, muy posiblemente, esa agua que les dan como potable, realmente no lo es. Por eso les recomienda hervirla siempre.El otro problema es el agua para bañarse. La de las larvas y el barro. Otro alto número de consultas es por enfermedades de la piel, como hongos. El dengue, además, es bastante frecuente, por el tiempo que permanece almacenado el líquido, convirtiéndose en criadero de zancudos. Han tenido que ingeniárselas para muchas otras cosas. Por ejemplo, lavar la ropa en lavadora. Aunque parece un lujo, es en realidad la forma más económica: mientras lavan las prendas de toda la semana con tres tarros de agua del tamaño de cuñetes de pintura, a mano el gasto es muchísimo mayor. Entonces, Carlos Vasquez aprovecha esa necesidad del mercado. Tiene varias lavadoras y las alquila por $5000 las cinco horas. Todos están angustiados. Incluso los que hoy aún tienen el pozo bueno, que son los del barrio La Aldea. Como Fanor Castillo, que recuerda que hace siete años, cuando compró su casa allí, le prometieron que pronto estaría el acueducto. Y sigue esperando.Es que tener ese líquido que llega por la llave, es lo mismo que no tener nada, admite la gente. Doña Rosa lo dice de una forma más cruda: “Yo prefiero morirme de sed, que morirme de una infección”.¿Por qué Villagorgona no tiene agua?Desde hace más de 50 años esta población está esperando un acueducto, obra que aún no es una realidad. El más reciente proyecto es el del acueducto Pradera - Florida - Candelaria. Este busca traer el agua desde Pradera a Candelaria y desde Florida a Villagorgona. Ya fue construido casi en su totalidad por Acuavalle, por valor de $29.000 millones. Pero los últimos 200 metros están pendientes porque, según el Concejo de Florida, corresponden a un predio privado y esa empresa no ha gestionado el permiso necesario. Acuavalle, a su vez, asegura que los trámites que hacen falta debe hacerlos el Municipio. El alcalde de Candelaria dice que hay intereses económicos de fondo en esta situación.

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