Fundación Escuela Nueva, entre las cien mejores del mundo

Febrero 18, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Luis Eduardo Bustamante - Especial para El País
Fundación Escuela Nueva, entre las cien mejores del mundo

Olga Lucía Arias, en la única maestra de la Institución Educativa José Acevedo y Gómez, sede Guillermo León Valencia, del municipio de Restrepo, Valle

Fundación Escuela Nueva, destacada por la revista Global Journal. Su modelo educativo se aplica en el campo del Valle.

El salón de clases, así de pequeño como es, alberga a toda la escuela. En ese espacio, trece niños que van desde el pre escolar hasta quinto de básica primaria, repartidos en cinco mesas, trabajan concentrados en sus cuadernos. No hay una profesora para cada curso. La única maestra es Olga Lucía Arias, quien no dicta cátedra de pie, como es tradicional. Está sentada y por momentos rota por cada una de las mesas. Esta es una clase multígrados, explica la profesora. Dice que quienes se encargan de todo el proceso son los niños de cada grado, apoyándose en la lectura autónoma de sus guías. Cuenta que en ésta, la Institución Educativa José Acevedo y Gómez, sede Guillermo León Valencia, del municipio de Restrepo, Valle, se está aplicando desde el año 2010 el modelo de pedagógico de la Fundación Escuela Nueva, FEN.Esta Organización No Gubernamental colombiana fue reconocida recientemente por la publicación especializada suiza Global Journal como una de las cien mejores ONG del mundo y la tercera más destacada en temas de educación.Se estima que en el Valle del Cauca, durante 25 años de trabajo, al menos mil instituciones educativas de áreas rurales han aplicado esta metodología.Clarita Arboleda, gerente de desarrollo de la Fundación Escuela Nueva, relata que la idea de esta organización nació en el año de 1987, en el seno de un equipo de profesionales de las ciencias sociales que venían trabajando en un modelo pedagógico pensado para los niños del campo. Desde 1970, Vicky Colbert, nacida en Estados Unidos, pero de nacionalidad colombiana, lideró la construcción de ese modelo pedagógico pensado para el ámbito rural, que era donde más problemas se habían identificado a nivel de educación primaria. “FEN surge del convencimiento de que a partir de la cultura del campo se podía construir conocimiento, a través de un modelo pedagógico que privilegiara la participación de los niños”, dice Clarita Arboleda. La participación, lo ratifica la profesora Olga Lucía Arias, es el eje sobre el cual se mueve el proceso de aprendizaje.A partir de la lectura autónoma de las guías con las que la Fundación Nueva Escuela dotó a esta institución es que se desarrollan las clases.Los niños llegan al salón y tras firmar la asistencia en el listado que está pegado en la pared, se toman un tiempo para ‘El momento de la lectura’. Luego hacen la oración matutina y se reúnen, sin que la profesora se los ordene, en equipos para trabajar sobre las actividades que quedaron pendientes desde la clase anterior, consignadas en las guías de estudio.Los instrumentos de trabajo de los niños están organizados en Centros de Recursos de Aprendizajes llamados CRA.En esta escuela de Restrepo los CRA son estantes pintados de colores que contienen los materiales de áreas como lenguaje, matemáticas, sociales y biología.En esta pedagogía, los estudiantes son los protagonistas del proceso de aprendizaje, explica la profesora Olga. Es por eso que ellos mismos se encargan de elaborar algunos de sus instrumentos de trabajo, en compañía de sus padres.Hacen, por ejemplo, ábacos y juegos.“Esa es la manera como vinculamos también a la comunidad”, dice Olga, quien confesó que al principio los padres desconfiaban de la propuesta, pero que ahora, viendo los resultados, la aprueban, pues entre otras cosas están notando cómo sus hijos son cada vez más activos y autónomos. El Libro Viajero es un buen ejemplo de esta integración. La herramienta consiste en un cuaderno en blanco que se rotan entre los estudiantes. Padres e hijos escriben ahí anécdotas que luego son leídas en clase.Así, cuenta la docente, experiencias como la de Erica Yuliana, quien contó que había estado a punto de morir por consumir veneno, o la pequeña Luz Edith, quien compartió que una vez un bus la había atropellado, son puntos de partida de reflexión participativa y aprendizaje colectivo.Esta escuela es ejemplo en el mundo para otras fundaciones. No obstante, afirma la docente, la gente pasa por esta casa, vecina al Lago Calima, y no se da cuenta de nada. Es que, como dice ella misma, a diferencia de otras escuelas, “aquí no hay algarabía”.

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