Estación del Ferrocarril de Buenaventura se convirtió en escuela de folclor

Estación del Ferrocarril de Buenaventura se convirtió en escuela de folclor

Julio 13, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Liliana Bedoya | Reportera de El País
Estación del Ferrocarril de Buenaventura se convirtió en escuela de folclor

Los salones que otrora fueron espacios de sala de espera, salón de equipajes y almacén serán aulas para los estudiantes de la Escuela Taller de Buenaventura.

Jóvenes de Buenaventura se tomaron la Estación del Ferrocarril para establecer la primera Escuela Taller del Valle del Cauca.

Tres toques del silbato anunciaban que ‘El cuco’ Petronio Álvarez se acercaba en su locomotora a la Estación del Ferrocarril en Buenaventura, situada justo al frente del Hotel Estación. Ahí, Juana Francisca abordó muchas veces el vagón de primera clase, nunca pagó tiquete para subir al tren porque era “la hija de Cuco, el maquinista” y tenía pase especial. Hoy, cuando ya no hay vestigios de que un tren pasara por allí, Juana Francisca volvió a la estación, esta vez para presenciar cómo aquel inmueble, declarado Monumento Nacional en 1996, es ahora la sede de la primera Escuela Taller que tiene el Valle del Cauca bajo el amparo del Ministerio de Cultura, con recursos de cooperación internacional.Sentada en el que fue uno de los patios de embarque, Juana Francisca recordó además que su abuelo, José Joaquín Álvarez, fue quien trajo al puerto la primera máquina desde Cali. Años más tarde esa misma estación en la que ella tomaba el tren fue sede de una entidad de salud, y ahora será la escuela de 60 jóvenes entre 18 y 25 años de edad que se formarán en artes y oficios como construcción, con énfasis en madera; carpintería con énfasis en construcción y mantenimiento de instrumentos musicales; y cocina, con énfasis en cocina tradicional. Quien entra al edificio que tiene como vecinos el Hotel Estación y la Sociedad Portuaria, lejos está de imaginarse que allí funcionó entre 1930 y 1989 la estación de tren de Buenaventura, pues en su fachada hay un desgaste que se refleja también en su parte interior. Y cuando se pregunta en Buenaventura por ella, siempre las indicaciones tienen una dirección distinta a la real: el Kilómetro Cero, en donde se dice empieza la ciudad.Aunque no hay vestigios de rieles o de algo parecido, los planos hallados por el Ministerio de Cultura dan cuenta de la actividad en el lugar, que pronto será restaurado por los estudiantes de la primera promoción de la Escuela Taller, quienes bajo la modalidad ‘aprender haciendo’, le darán nuevo aspecto al lugar, el cual debe estar listo el 1 de diciembre. Este modelo no es nuevo y desde hace 20 años se ha usado en las escuelas taller que hay en Cartagena, Popayán, Mompox, Bogotá, Salamina, Tunja y Barichara, en donde se ocupan lugares de valor patrimonial para que jóvenes participen en su reconstrucción mientras se capacitan durante año y medio. Luego de este proceso, el inmueble se convierte en una escuela que, de manera gratuita, ofrece formación a nuevos estudiantes mientras los egresados pueden trabajar allí o salir al mercado laboral. En Buenaventura, la sede de la primera escuela taller del Valle será la antigua Estación del Ferrocarril. Además de los tres programas para los cuales ha sido proyectada (construcción, carpintería y gastronomía), se aspira a que también se convierta en un espacio cultural en el cual también tengan espacio Batuta y un programa de capacitación para la recuperación del Archivo Fotográfico de Buenaventura, que cuenta con auspicios de la Fundación Carvajal de Cali.Mercedes Riascos Alomía, de 67 años y madre de siete hijos, no recuerda bien cómo era la estación, pero sí tiene claro que de allí, del Kilómetro Cero, salía el tren: “El primero a las 6:00 a.m. y el segundo a las 7:00 a.m. En la tarde no había. Si tomaba el de las 7:00 a.m. llegaba a Cali a la 1:00 p.m. En el tren había coche de restaurante donde uno compraba desayuno o almuerzo. Yo llegué a pagar como mil y piquito de pesos por el pasaje, que para esa época era caro”, dice sin recordar en qué año ocurrió aquello. Y aunque hoy no hay rieles ni máquinas que evoquen los años gloriosos de la estación, considerada como uno de los primeros edificios modernos construidos en el país, una canción, ‘La locomotora’, refresca en la memoria de Juana Francisca la imagen de su padre, Petronio Álvarez -a quien ella llamaba ‘El maquinista trovador’-. Lo ve entonces ahí, tocando su guitarra en la estación, la misma que desde esta semana será escuela taller.

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