El río Aguaclara no tiene claro su futuro y se torna turbio

Febrero 21, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Luz Stella Cardona Ruiz, reportera de Palmira Hoy.

Vertimientos de aguas servidas, residuos sólidos, tala, contaminación por porcícolas y avícolas y falta de cultura amenazan la fuente hídrica. Recorrido.

El río Aguaclara se torna cada vez más turbio a medida que sus aguas corren montaña abajo. Las malas prácticas de manejo humano tienen en jaque esta fuente hídrica que surte a La Buitrera, uno de los corregimientos más importantes de Palmira.Pese a ello, no está incluida dentro de las cuencas tutelares de la ciudad, ya que la máxima prioridad del Municipio es la cuenca del río Nima, que calma la sed de toda la zona urbana.Aguaclara, que nace en Alto Arenillo, parte alta de la montaña, baja cristalino y puro hasta que llega a las veredas y caseríos donde están los primeros asentamientos humanos.Es allí cuando empiezan a salir a flote algunos de sus problemas: basuras, heces fecales y grasas de jabón. Adicionalmente, viviendas levantadas en madera y en un sector de alto riesgo por la inestabilidad de los terrenos están enclavadas sobre la zona protectora del río. Violencia protectoraParadójicamente, la violencia que sacudió hace una década la zona, por la presencia de grupos paramilitares, favoreció la supervivencia del afluente.Las grandes extensiones de tierras abandonadas por los desplazamientos masivos de población, al cabo de algunos años reverdecieron en especies nativas que protegieron la cuenca.Albeiro Aguilar, técnico de la CVC que recorre desde hace un año todo el territorio, así lo reconoce y explica que el río es alimentado por las quebradas La Danta, Flores Amarillas, El Edén, Cucuyo y Chontaduro, entre otras.Además de abastecer a La Buitrera, el Aguaclara también sirve a los agricultores de la vereda que lleva su nombre y a los del corregimiento El Bolo.Igualmente, beneficia a los habitantes de Arenillo Pradera.“Cuando entra al Arenillo, tanto de Palmira como de Pradera, que son los primeros caseríos, comienza la degradación de sus aguas. Las viviendas no tienen sistemas sépticos y aunque hay alcantarillado en algunos sectores, no hay planta de tratamiento y todas las aguas servidas van al río”, sostuvo.Los peladeros de pollos y porcícolas en la vereda Iracales agudizan la problemática: “Esto es un proceso social bastante complicado. Es una cadena, porque lo que se hace arriba repercute abajo y viceversa”, subrayó.De igual forma, precisó que un 80% de la población de La Buitrera y las diferentes veredas no tiene un buen sistema de vertimientos de aguas servidas al río.Otro de los factores que contribuye a la contaminación de este afluente es el turismo, porque los visitantes arrojan desechos sólidos en él.Nelson Fernando Valverde, miembro de la Fundación Visión Social, que adelanta proyectos en la zona, expresó que “los nacimientos no se están cuidando. Desde hace más de 20 años no se compra una hectárea para reserva natural. De seguir así, no sabremos cuánto tiempo más tendremos agua”.Por su parte, Brayan Vásquez, tesorero y fundador de la Fundación Centro Estratégico de Gestión Ambiental, Cega, anotó que, aunque hay ruta del carro de basura, la gente que vive a lo largo del río no tiene reparos en echar la basura a su cauce.“El pozo séptico de muchas viviendas es el río y, como si fuera poco, le echan basuras. No hay cultura ni conciencia de la importancia de cuidar el río”, reiteró y añadió que la parte media y baja son las más contaminadas.Olga Guegia Pérez, gerente de Cega, confirmó que sí hay tala en la parte de Arenillo Palmira y Pradera, al igual que en El Mesón, lo que pone en peligro el caudal del afluente.“Aquí se toma el agua de manera indiscriminada, pero no se devuelve en la misma cantidad al afluente”, insistió Guegia.De otro lado, Germán Ramírez, coordinador de la Unidad Municipal de Medio Ambiente de Palmira, Umma, indicó que se han hecho algunas capacitaciones en el Sena y se construyeron biodigestores en las marraneras, pero que la gente sigue afectando el río. “Se trata de un problema cultural”, aseguró.Sin soluciones concretas en el corto tiempo, Aguaclara trata de no ahogarse en sus males.

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