"El Valle es una región racista": Óscar Gamboa Zúñiga

"El Valle es una región racista": Óscar Gamboa Zúñiga

Marzo 29, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Judith Gómez | Editora de Poder.

Óscar Gamboa Zúñiga, precandidato del Partido Liberal a la Gobernación del Valle del Cauca.

Óscar Gamboa Zúñiga, precandidato del Partido Liberal a la Gobernación del Valle del Cauca, dice que quiere guiar al departamento hacia nuevos momentos de la historia. “La discriminación no la acaba una ley”.

Óscar Gamboa Zúñiga  habla fuerte y con vehemencia sobre su deseo de ser Gobernador del Valle del Cauca, tarea en la que está empeñado desde  que  se postuló como precandidato a ese cargo por el Partido Liberal. 

Con la franqueza que lo caracteriza, este bonaverense   dice que lo mejor para el departamento sería que todos los partidos tuvieran candidatos a la Alcaldía de Cali y a la Gobernación y debatieran en la plaza pública para que la  Unidad Vallecaucana los observara y decidiera apostarle al mejor, ya que  no comparte que los partidos digan “vamos por esto y esto”, pues, dice,  debe primar el debate democrático.       

Gamboa, quien de  joven sintió en carne propia la discriminación en una empresa caleña donde, luego de pasar  todas las pruebas, no fue aceptado por su color de piel, decidió dar la lucha por la población afro y por la inclusión, en lo que lleva casi tres décadas. Pero no duda en afirmar que, pese a todos los esfuerzos,  este departamento sigue siendo racista.

Porque siempre he tenido vocación del servicio público; porque me siento preparado y tengo una musculatura técnica, ética y  administrativa que me sirve  para el momento histórico del Valle del Cauca. Como vallecaucano sueño con un departamento galopante, un departamento cuya polenta y talante vuelvan a ser lo que fueron, porque el Valle y el mundo exhiben oportunidades y siento una ambición sana de guiar al departamento hacia esos nuevos momentos de la historia.

Aquí hubo una convención hace un mes y medio y allí hubo un reclamo de las bases liberales de que el partido debía recuperar su vocación de poder  y eso implica presentar candidatos propios a alcaldías, no solo de Cali,   y  Gobernación. Ahora, que dentro de la hermenéutica de la política se den las posibilidades de alianzas, eso no hay que descartarlo. 

Ojalá todos los partidos  tuvieran candidatos a la Alcaldía  y Gobernación y nos fuéramos a la plaza pública y la llamada Unidad Vallecaucana observara cuál de esos candidatos o candidatas está reflejando mejor un  pensamiento para apostarle a ese. Lo que no comparto es que los partidos, cualquiera que  sea, diga vamos por esto y esto, no, vamos por  el debate democrático y en el camino miraremos las cargas, pero no nos entreguemos y  este es un concepto que le extrapola a todos los partidos.

Es que si un partido, cualquiera que sea,  dijera, solo nos interesa la Alcaldía, me parece que sí se está entregando, que no está exhibiendo  vocación de poder y los partidos en una democracia deben exhibir vocación de poder, pero eso sí visto como un medio, no como un fin, porque  cuando el poder se ve como un fin, nos perdemos en la historia.

La Unidad Nacional  o Vallecaucana, como se llama acá, buscará un  candidato de consenso, y todos los partidos allí involucrados llevarán aspirantes, pero lo que se dice es que la candidatura a la Gobernación del Valle ya tendría nombre propio:  Dilian Francisca Toro...

 La verdad de hoy no es la verdad de mañana. En política lo  que apuesta hoy no se apuesta mañana, porque pueden pasar muchas cosas y estamos en escenarios  donde eso puede pasar. Estos son países y sociedades donde nada es rígido y el futuro no se construye extrapolando  el pasado. Por eso lo único que yo estoy haciendo, como lo deben estar haciendo otros precandidatos, es trabajo político, visitando los municipios, hablando con la gente, para presentarnos como opciones diferentes.

No. Eso es antidemocrático. La democracia no puede ser todos contra nadie ni todos a favor  de nadie. La democracia es expongamos tesis, hojas de vida y que el Constituyente primario decida.  No hago parte del Tocon ni del Toa, ni todo a favor ni todo en contra,  porque eso va contra la democracia.  

Nunca he  pertenecido al Partido de la U. En elecciones se  dan  alianzas, pero eso  no quiere decir que eso arrastre una identidad ideológica per se, pero la historia no es estática, es evolutiva. Hace 4 años  no es hoy, ha habido circunstancias y variables que  han introducido un nuevo escenario de  decisiones. Además en las sociedades y democracias caben los relevos   generacionales, cabe la exploración de nuevas opciones,  precisamente por no explorar nuevas opciones la política se ha ido envejeciendo, no solo porque envejezcan los dirigentes, sino porque la ideas de ayer no son las de hoy.

Cuando Angelino fue Gobernador trabajó con conservadores, liberales y otros, pero eso no gradúa a nadie como  militante del sector de Angelino. Por él siento el mayor respeto y admiración, pero nunca he pertenecido a su  grupo.

En 2010, en  campaña política, cuando Mockus llevaba ventaja en las encuestas, hice un acto en la Comuna 21, que se llamó ‘Afrocolombianos con Santos’. No fue Angelino  quien lo montó, fui yo. Yo llegué al entonces candidato Santos: siempre fui y sigo siendo serpista, hace 10 años. En la casa del entonces embajador Luis Alberto Moreno en Washington, conocí a Pacho Santos, que era vicepresidente de la República. Él y yo tuvimos una química   interesante y terminé trabajando en la Vicepresidencia y gerencié una  comisión intersectorial para la población afrocolombiana. Le dije que yo era liberal, no uribista.  En el 2010 que me lancé a la Cámara y perdí,  Pacho   me contactó con el presidente Santos, que era su primo adorado en esa época,  y a través de él llegué al Gobierno. 

Yo no sabía que conocerlo o no a uno es un input clave para una campaña política. Hay ejemplos en la historia reciente que le dicen que eso se ve es en la campaña. Cuando  Uribe quiso ser presidente arrancó con el 2 % de las encuestas y en tres meses se volteó.  A Obama cuando llegó al Senado nadie lo conocía y hoy es  el presidente de Estados Unidos. Esos son argumentos propios de  campañas para  demeritar y menguar  el talante y la polenta, que saben los contradictores  que yo tengo.

Con el  senador  Delgado nos conocemos hace más de 30 años. Es mi paisano, mi amigo y lo aprecio.   

En el año 2010 cuando llegué a la Presidencia ‘julepié’ para que en Colombia existiera una  ley que penalice la discriminación racial.  Yo estuve detrás de eso. Segundo, hoy se están ejecutando US$61,4 millones sumados  a US$15 millones que se ejecutaron empezando la década pasada y a otros tantos que yo gestioné con los congresistas de Estados Unidos. Tercero, el AAP 34, que el presidente  Santos hizo para los afros, obras como la carretera Jamundí-Timba, que era una trocha, me encargue de esa gestión y véala hoy; en el barrio la Independencia de Buenaventura se hizo un polideportivo, que costó $5000 millones.  Nunca antes  un Presidente ha ido tantas veces a Buenaventura, yo estuve detrás de esas visitas del presidente Santos.  He hecho muchas cosas. Pero  en la sociedad vallecaucana y colombiana, en general,  nos cuesta mucho reconocerle a otro cuando hace.

A que somos una sociedad egoísta, pero también envidiosa y a veces de mala fe. Hoy soy yo, sé  que muchos actores políticos han hecho muchas cosas por sus pueblos, pero cuando salen no tienen memoria, pero para las cosas malas si tienen memoria. Yo creo que si Óscar Gamboa hubiera protagonizado escándalos, habría estado en primera plana y ahí sí,  de pronto habría habido solidaridad de mis hermanos.

En febrero del año pasado, con la crisis de las casas de pique,  en pleno vuelo hacia Buenaventura, el Presidente pidió soluciones y le  planteé el plan de los  US$400 millones, recursos que hoy se gestionan. El problema de Buenaventura y de regiones similares es que  no aguantan con la arquitectura institucional que tenemos hoy. Estas regiones  que requieren soluciones con planes de choques especiales que se apliquen de una  y que   permitan que la plata no se la roben, pero que se ejecute ya, porque eso no aguanta más. 

Claro. Es que la  discriminación no la acaba una ley. Esto es de pedagogía y debe empezar por la primera infancia. La etnoeducación hay que diferenciarla de la afroeducación. Aquí hay que etnoeducar a los  niños blancos, indígenas, mestizos para que ellos vayan creciendo con el concepto de inclusión. La ley simplemente es una camisa de fuerza para que los racistas entiendan que el Estado no está dispuesto a tolerarle esa práctica, pero la discriminación racial es un tema cultural. Aquí en algunos  círculos han dicho que Gamboa no puede ser gobernador del Valle porque no vamos  a dejar que un negro se tome esto. Eso no me da rabia sino tristeza, pero  usted hace una encuesta y nadie es racista.  Ese problema de la discriminación racial  hay que  incluirlo en la agenda del postconflicto. Esto no se acaba con leyes. Eso se  acaba es educando.

Absolutamente sí.

Eso no es cierto. Cada negro o negra somos  los que interiorizamos cuando nos discriminan.  Hay personas que son más sensibles que otras.  Otras  que somos ya menos sensibles frente al tema, más bien lo administramos, pero cuando un afrocolombiano reacciona hay que entenderle su reacción. Jamás  patrocinaré en la lucha afro la Ley del Talión, que como nos discriminan, discriminemos, porque entonces  no construimos sociedad. Mi sueño es que al final del día, blancos, negros e indígenas, mujeres, hombres, hinchas del América y el Cali entendamos que somos  parte de una misma familia, seres humanos. 

Un político debe tener un tema que lo identifique. Unos escogen el sindicalismo, otros el género y otros la paz. Decir que utilice el tema de la inclusión como plataforma política, es que eso es la política. Hay que mirarlo en ese contexto.  Beneficios, ¿cuáles? Me lancé tres veces a la Cámara de Representantes y perdí con el tema que siempre he trabajado. ¿Cuáles beneficios personales? Quiero verlos.

 

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