El drama de la sequía golpea a doce municipios del Valle

Enero 17, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros, reportera de El País

La Cumbre es el municipio del Valle más golpeado por los cortes de agua: a diario, sus habitantes se ven obligados a cerrar la llave durante 17 horas. El Norte sufre también de racionamiento. Crónica.

Justo en este momento, las 4:00 de la tarde, no sale una sola gota del grifo. Es miércoles y Orlando Lucio eleva los dedos de su mano derecha para arrancar el conteo: “desde hace cinco meses, es lo mismo; el agua la quitan a diario desde las 12:30 del mediodía y la regresan a las 6:00 de la mañana siguiente”. La  suma que hace entonces es elemental: “¡Son 17 horas seguidas, más de la mitad del día!”.

Lo dice mientras  mira de nuevo la llave que, al abrirla, lanza un quejido agónico. Orlando, uno de los 14.000 habitantes de La Cumbre y concejal de este pueblo del occidente del Valle, contará después cómo ha hecho la gente aquí, en todo este tiempo, para  resolver la vida cuando hay que pensar dos veces antes algo tan cotidiano como ir al baño. 

Dirá que apenas el rumor del agua comienza a correr por las cañerías, él y su esposa se levantan presurosos para emprender las tareas que la sequía les impuso: rebosar el tanque de 200 litros que tienen en la ducha y las canecas a las que les buscaron espacio en la cocina y otros rincones de la casa.

Fue lo mismo que hizo doña Nidia de los Ángeles Ospina, que desde hace 18 años se gana la vida  con Picos Pavas, un restaurante que se levanta a pocas cuadras, en una esquina del parque. Pero ni un tanque de 500 litros que se las ingenió para instalar en el techo, ni seis tinajas dan abasto para atender las necesidades de 150 comensales  cada día. 

“Da mucha pena cuando un cliente pide el baño y toca decirle que no se le puede prestar, por obvias razones. Pero es que el agua que se alcanza a recoger apenas si rinde para dejar aseados los pisos y el mesón y lavar los trastos y los alimentos”, cuenta la comerciante. 

Lea también: Agro del Valle, en vilo por fenómeno de El Niño

Y suelta una queja que  raya en el desespero: “Los fines de semana la situación es peor. El agua se va desde el sábado a las 2:00 de la tarde y regresa solo hasta el lunes, en el transcurso de la mañana”. Entonces aquí la suma es también cosa de niños: 40 horas  sin el líquido.

Por los días en los que el agua no era una angustia, la mujer se preparaba cada domingo para atender a los cerca de 400 clientes, casi todos turistas, que llegaban persiguiendo los sabores de los dos platos estrella del lugar: el sancocho de gallina y el de costilla. 

Pero “son preparaciones que demandan más agua y lavar más cosas. No se pudieron volver a ofrecer, pese a que son los más caros. Ahora solo puedo preparar ‘corrientazos’”. 

Por eso la mujer también saca cuentas. Cada domingo vende 70 almuerzos menos. Y los que finalmente consiguen llegar a la mesa lo hacen en platos y vasos desechables, “lo que ha sido un gasto adicional. Por eso yo digo que en La Cumbre el agua no es lo único que escasea; es como si los turistas se hubieran ido también por el desagüe”.         

Lo reconoce Carmenza Ledesma, dueña del Hostal Balcones de La Cumbre. Seis meses atrás, antes de que el racionamiento se quedara a vivir en el pueblo, solía tener al tope las trece habitaciones de su hotel los fines de semana. Hoy, con suerte, le reservan apenas cuatro o cinco que ella atiende con el agua que logra recolectar de lunes a viernes. “Lo peor es no saber hasta cuándo se prolongarán los cortes. Ya estamos desesperados”.   

Varias horas antes, a decenas de kilómetros de La Cumbre, en el norte del Valle, ya era posible comenzar a advertir las huellas que las altas temperaturas del Fenómeno del Niño ha ido dejando por el departamento.

[[nid:499245;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/01/mapa_agua_valle.jpg;full;{}]]

Recodos del río Cauca -como el de La Herradura, a la altura de Bolívar- antes colmados con sus aguas, pero sobre los que ahora se dibujan áreas de playa tan vastas que fueron colonizadas por el ganado.

La sequía se siente con fuerza en otros municipios como Vijes, La Victoria, La Unión y Ansermanuevo, en donde Alexánder Sánchez, gerente de Acuavalle, se ha visto en la necesidad de realizar cortes de “hasta diez horas diarias, a partir de las 4:00 de la tarde, mientras que en otros como Restrepo, Riofrío, La Unión y Zarzal se prolonga por seis”. 

Vea también: Un video claro y didáctico para entender el Fenómeno de El Niño

Pero sus habitantes se quejan de que la interrupción del servicio dura más  tiempo. Sentada en su negocio de venta de minutos de celular y de rifas en Riofrío, Liliana Grajales asegura que los cortes en los últimos seis meses han arrancado realmente a las 2:00 de la tarde. “Y a veces hasta nos dejan uno o dos días sin agua. Lo más tenaz es que no avisan para que uno alcance a recoger y tener al menos para el baño. Y tampoco mandan carrotanques. Lo único que uno escucha comentar entre vecinos es que la situación del verano se va a poner peor. Y si eso es así, pues va a tocar hasta bañarse menos”. 

Más hacia el norte, en Toro, los vecinos narran que han pagado hasta $32.000 por cada tanque de almacenamiento de 300 litros que les llevan a vender al parque. “Es que a punta de ollas, uno no alcanza a recoger lo suficiente para aguantar las horas sin agua”, dice Edith Victoria, ama de casa.

Hasta los bomberos del pueblo han tenido que almacenar el líquido manualmente para no quedarse de brazos cruzados si ocurre una emergencia. “Pero lo cierto es que si se trata de algo de más magnitud, en pleno horario de racionamiento, no tendríamos cómo responder”, se queja Humberto Holguín, que trabaja en la Estación de Bomberos.   

A unos pocos minutos de allí, en Roldanillo, el profesor Mario Henao narra otra cara de la crisis. La de los alumnos que  han  faltado a sus clases porque en sus casas no contaban con agua ni para bañarse.  

Doce municipios de los 42 que tiene el Valle del Cauca son los que se han visto afectados por los cortes de agua programados por parte de la empresa Acuavalle.

En La Unión y Obando, donde los cortes de agua se viven por diez largas horas, los habitantes de las zonas rurales apostaron por los aljibes,  pozos que pueden alcanzar profundidades de entre 12 y 45 metros.

La perforación se hace de manera artesanal. Quien lo cuenta es Álvaro Hernán Torres, una especie de topo humano al  que todos en La Unión llaman ‘Tito’.  Un hombre pequeño que a punta de lazos, turbinas y mangueras se dedica a limpiar y perforar aljibes en la región desde hace quince años. 

El asunto funciona así: “a veces hacemos perforaciones de 13 o 14 metros porque a esa profundidad encontramos agua. Pero en estos meses de sequía, el pozo comienza a secarse y la gente y los agricultores se quedan sin con qué regar los cultivos y atender las tareas de las casas. Entonces es cuando yo me meto y comienzo a perforar. Voy escarbando la tierra y la voy subiendo en baldes”.

En San Pedro los cortes de agua se presentan especial- mente en el corregimiento de Presidente, uno de los más habitados de esa población.

Es lo que hace precisamente ahora, cuando ya son más de las 12:00 del día de este miércoles y el sol castiga con  35 grados. ‘Tito’, amarrado a un grueso lazo, comienza a descender  por el pozo mientras en la superficie los brazos de estibador portuario de César, su colega en este oficio, hacen girar una suerte de polea que da vueltas gracias a un  palo de guadua. En una semana, revelan ambos, pueden llevarse a los bolsillos hasta un millón de pesos por esa labor. Y en esta época es tanta la demanda, “que nos toca decir que no porque ya nos han llamado de otras fincas”, narra ‘Tito’.

El costo económico es muy alto, pero fue la única salida que encontró Óscar David Montaño para no perder  de nuevo, como le sucedió hace un par de meses, varias hectáreas de sus cultivos de uva. Y,  de paso, asegurarle agua a su familia.     

Es que en  zonas como estas del Valle, donde El Niño ha sido inclemente, cada quien se las arregla como puede. Todos saben que el agua está escasa; que la lluvia se fue a descansar desde hace tres meses y que el asunto de la sequía se va a prolongar por lo menos hasta mitad del año. 

Y mientras el hábil ‘Tito’ permanece  varios metros bajo tierra, en su terca búsqueda de agua, por la Panorama, la principal vía que conecta a los pueblos del Norte, un hombre que marcha en moto va pregonando la crisis, megáfono en mano, para que a nadie se le olvide: “Estamos advertidos, esto del verano es serio. Absténgase de sembrar, tenemos que cuidar el agua que nos queda”.

Ladera de Cali, la más afectada

Pese a que durante el jueves y el viernes pasados no se presentaron cortes de agua, la posibilidad de restricciones en el suministro del líquido sigue latente para los 300.000 habitantes que hacen parte de las comunas 18 y 20, de la zona de ladera de Cali. 

La advertencia la hizo Roberto Pomar, jefe del Departamento de Agua Potable de Emcali, quien explicó que las pequeñas lluvias de los últimos días han mejorado levemente  el nivel del río Meléndez. Y también ha servido el bombeo de la estación de Nápoles. 

Sin embargo, los caleños de esta zona de la ciudad no se sienten confiados. En septiembre pasado, debido a la intensidad de las sequías, se vieron obligados a padecer de la medida del ‘Pico y Placa’, una serie de cortes en el suministro debido a la cual, solo contaban con agua en sus casas día de por medio. Lo propio ocurrió a comienzos de este mes de enero.  

Susana Sarria, habitante de La Estrella, uno de los barrios de la loma de Siloé, cuenta que por culpa de esta situación se presentaron hasta desórdenes públicos “pues la gente se peleaba cuando venían los carrotanques. Somos los más afectados de toda la ciudad porque para nosotros no es fácil económicamente estar comprando agua, por lo que dependemos de los carrotanques”.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad