El cartagüeño Daniel Zapata presentará su obra en la Feria del Libro de Bogotá

Agosto 11, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Paula Andrea Sagoval | Cartago Hoy

El escritor cartagüeño Daniel Alberto Zapata prelanzará aquí su obra ‘El tiempo se gasta buscando lo concreto’, para luego presentarla oficialmente en la Feria del Libro de Bogotá.

El filósofo Daniel Alberto Zapata, quien se convirtió en escritor en Bogotá, regresará a la tierra que lo concibió para hacer el pre lanzamiento de su obra ‘El tiempo se gasta buscando lo concreto’, un libro de cuentos cortos que invitan a reflexionar sobre el sentido y el sin sentido, a través de trece historias cotidianas.El evento, que tendrá lugar el próximo lunes en las instalaciones del Conservatorio Pedro Morales Pino, contará con la presencia del reconocido escritor cartagüeño Orlando Restrepo Jaramillo, quien presentará la obra. Luego de su intervención, Daniel le relatará al público las circunstancias que rodearon la construcción de los cuentos.Una de la narraciones destacadas es ‘Pilar’, que habla de lo que generó la aparición de un fantasma en un pequeño pueblo; y otra es ‘Los hilos de la distancia’, donde se cuenta cómo se desarrolla una conversación telefónica entre varias personas alrededor de lo que ocurrió en una fiesta, mostrándose cómo varía la realidad dependiendo de cada interpretación acerca de un mismo hecho.“El pre lanzamiento coincide con la fecha del nacimiento de Cartago, lo que es maravilloso, pues es el día que yo nazco como escritor en mi propia tierra. La obra está escrita para que la lean varias veces, de forma lenta, pausada, pues la idea es invitar a la reflexión para luchar así contra la velocidad y el consumo fácil que impera en nuestra sociedad”, explicó.Daniel es la novedad del 2010 de la editorial ‘La serpiente emplumada’, que lo llevará hasta la Feria del Libro en la capital del país para hacer el lanzamiento oficial nacional de su obra el próximo domingo 22 de agosto, en las instalaciones de Corferias.‘El tiempo se gasta buscando lo concreto’ saldrá a la venta en Cartago a un precio más económico que en el resto de Colombia, como una forma de regalarle algo a la ciudad por parte del escritor. Daniel espera terminar de escribir para final de este año su primera novela, la cual posiblemente enviará a concursar a una competencia literaria nacional.Filósofo y artistaDaniel Alberto Zapata nació en Cartago hace 29 años y estudió en el Colegio Pablo VI. A sus 17 años, el existencialismo tocó su personalidad retraída, lo que le llevó a tomar el lenguaje como una herramienta única para ayudarle a entender el por qué de las cosas.“Escribir pensamientos, reflexiones siempre le trajo un poco de claridad a mi mente y organizó muchas cosas caóticas que agobiaban mi cabeza. Por eso decidí estudiar la carrera de filosofía y letras en la Universidad Nacional a Distancia, pues quería llenar mi interior de contenido”, recuerda.Y agrega que “una vez graduado, me dediqué a leer mucha narrativa y encontré que la escritura de historias era la forma ideal para expresar todas las inquietudes que me acosaban”.En este sentido, a Daniel le interesa observar cómo la gran mayoría de los seres humanos deambulan desesperados o cándidos por la vida, tratando siempre de hallarle un sentido a ésta, encontrándose con que a la final la única respuesta común que hallan es la misteriosa muerte.De esta manera, a pesar de que sus cuentos son aparentemente historias sencillas y elementales , están cargadas de cuestionamientos existenciales serios que pretenden que las personas vuelvan a reflexionar sobre el ‘para qué’ están haciendo lo que hacen con su tiempo, y si dichas rutinas les aportan a tener una vida plena.‘El supulturero’Hacía su trabajo como de costumbre: cavaba un hueco. Las personas y las flores se juntaban para hacer el ritual de la ausencia física; para convocar la presencia espiritual por medio del recuerdo. Él ya no lloraba a ningún familiar. El trabajo le permitía estar cerca de sus seres queridos y robar algunas veces los gladiolos de otras tumbas. Mientras se limpiaba el sudor de la frente, se percató de la presencia de un anciano; estaba frente a una tumba llorando como un niño; dejó de mirarlo y continuó cavando. Para todas las personas que iban al lugar, el frío y el panorama les producían miedo.El sepulturero, tras un tiempo de trabajar en ese lugar, ya no sentía nada en absoluto.A veces no sentía hambre y podía pasar todo el día cavando sin darse cuenta del paso del tiempo; su eterno presente finalizaba cuando el cuerpo le pedía una necesidad biológica. El sentido de la vida y de la muerte le era tan igual que no iba al baño, si no que donde estaba cavando, para un futuro cadáver, hacía sus necesidades.

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