El Bolo, un río que se muere lentamente

El Bolo, un río que se muere lentamente

Agosto 02, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Miguel Londoño | Palmira Hoy

La intervención del hombre desde su zona de páramo hasta su desembocadura genera la caída de sedimentos, materia fecal, basuras y hasta escombros sobre el afluente. Autoridades, como Asobolo y CVC, manifiestan que están trabajando por la preservación de la cuenca. Diagnóstico de un caudal que cruza tres municipios.

La despiadada intervención del hombre hace que las aguas del río Bolo sean más turbias, espesas y escasas a cada metro que recorre. Para quienes trabajan por su cuenca, el panorama no es muy bueno, pues, aunque reconocen que los municipios de Palmira, Candelaria y Pradera son privilegiados al contar con esta riqueza hídrica, también les preocupa que si no se ejecutan acciones rápidas el afluente puede desaparecer. La cuenca del Bolo es la cuarta del Valle del Cauca, con una oferta de líquido muy pequeña, frente a la alta demanda que tiene. Amalia Morales, directora de la Asociación de Usuarios del Río Bolo, Asobolo, precisó que en verano, cuando más se necesita el líquido, el afluente trae alrededor de 1.500 litros por segundo, cuando lo que está concesionado para la utilización por la Corporación Autónoma Regional del Valle, CVC, es de 6.300 litros por segundo. No obstante, desde su nacimiento hasta su desembocadura, el afluente recoge a su paso un cúmulo de atentados contra su supervivencia.En la zona de páramo, donde nace, se hace necesario que el medio ambiente cumpla su función como esponja reguladora de agua. Pero la presencia del hombre allí impide esta acción.Ya en la parte media la deforestación es muy grande y se hace necesario mejorar los sistemas de producción. En la planicie, la grave contaminación se ha convertido en la estocada final para que el Bolo empiece a agonizar muy lentamente.Los sedimentos, la materia fecal, las basuras y los escombros de construcción son la constante. De hecho, en Pradera, a orillas del río, hay una escombrera. Precisamente, en los barrios Las Vegas y Primero de mayo, de esta población, la comunidad ha convertido el Bolo en una cloaca alimentada por basuras y aguas residuales. “Algunos, como yo, tenemos una letrina y bregamos porque la gente no tire sus desperdicios al río, pero no hay conciencia”, señaló Ómar Olaya, habitante del sector de la Pirámide.Sobre esta problemática, José Luis Escobar, secretario de Planeación de Pradera, esgrimió que, además de las limpiezas, se están haciendo campañas de culturización. Unos kilómetros antes, en el corregimiento Lomitas, la situación es más amenazante. Según el presidente de la Junta de Acción Comunal del sector, Carlos Londoño, las heridas del afluente lo harán desangrar de nuevo, tal como ocurrió el pasado 16 de julio, cuando se desbordó y destruyó dos plazas y media de cultivos de repollo, maíz, cilantro y café. Mario Chauza, director de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria, Umata, de Pradera, reconoció que hay tres puntos críticos, por lo que ya se compraron cuatro predios en La Fría, El Nogal, San Isidro y San Antonio, como parte de un programa de reforestación. La inversión allí fue de $170 millones y la hizo el Instituto Nacional de Vías, Invías.Aseguró que arriba de la bocatoma de Acuavalle hay una zona vulnerable que requiere de la atención de las autoridades para prevenir un desastre.Acuavalle, que actualmente presta el servicio de acueducto a 9.982 usuarios de Pradera, también arroja al Bolo la carga contaminante de las aguas servidas de esta población. No obstante, el coordinador del Agua Diez de Acuavalle, aseveró que en dos meses entrará en operación la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales, Ptar, con la que se podrá devolver al afluente las aguas tratadas aptas para riegos y cultivos.Una de las situaciones más críticas es la extracción de arena que se hace en el límite entre los corregimientos del Bolo Alizal, en Palmira, y la vereda Madre Vieja, en Candelaria. Aquí también es común el lavado diario de sacos que originalmente contenían comida para animales y hasta gallinaza.Para la ingeniera agrónoma Rosa Saavedra, “cuando se haga un análisis fisicoquímico del agua, vamos a encontrar que es un río muerto”, y agregó que “lo grave es que cada vez aumentan más su contaminaciones directas y difusas”. Mientras tanto, las autoridades ambientales creen que una forma de frenar la agonía del Bolo es creando conciencia para erradicar toda su contaminación.Qué responden los organismos ambientalesLa CVC está adelantando acciones tendientes a la preservación del río Bolo, de acuerdo con el Plan de Ordenamiento y Manejo de la Cuenca del Hidrográfica, Pomch, según indicó Rodrigo Mercado, funcionario de ese organismo, quien aseguró que el documento se encuentra listo para su promulgación.Sin embargo, aclaró que no es la CVC la encargada de ejecutar los proyectos que se formulan en el Pomch, sino los municipios, que deben gestionar los recursos para ello.Asimismo, planteó, sobre algunas acciones emprendidas contra el río, como la extracción de arena y el lavado de sacos en sus aguas, que son las alcaldías las que deben emprender los correctivos, en coordinación con la Policía y la CVC, conforme al Código de Minas y la ley.La comunidad del corregimiento Bolo La Italia, de Palmira, denunció la existencia de por lo menos 150 toneladas de escombros y bloques de cemento de gran tamaño en las orillas del río en el sector conocido como Grano de Oro. Sobre el particular, el funcionario precisó que si esta actividad se hace con ese tipo de elementos, bajo un plan concebido y diseñado para proteger el afluente, como ocurre en algunos casos, es una acción aceptable. No obstante, aclaró que “hay que tener en cuenta que se haya solicitado el debido permiso y que sea funcional” y enfatizó en que las autoridades necesitan de la colaboración de la comunidad. Bondades de la Cuenca El río Bolo nace en la Laguna de Los Cristales, en el corregimiento Bolo Azul, de Pradera, para pasar también por los municipios de Candelaria y Palmira.A su paso se le unen gran cantidad de afluentes, siendo los principales Bolo Azul, Bolo Blanco, La Cristalina, La Bocana, El Nogal, Los Negros, El Tamboral, Agua Clara y La Leona.Al llegar a su desembocadura, en inmediaciones del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, en territorio palmirano, se une con el río Frayle, formando El Guachal.La cuenca del Bolo tiene en su zona de ladera un área superior a los 250 kilómetros cuadrados, mientras que en la parte plana la extensión es mayor a los 187 kilómetros, contando con varias unidades de clima como paramuno, frío, muy frío, medio y cálido.En el momento se adelanta de manera lenta un proyecto a través del cual se pretende abastecer con las aguas del río la zona urbana de Candelaria.

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