Conozca cómo los habitantes de El Cairo arriesgan su vida en un puente colgante

Enero 14, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Rosa Silva | Especial para El País

Así es el drama que viven los habitantes del municipio de El Cairo luego de que su principal vía de acceso colapsara por el fuerte invierno. Un puente colgante es el único medio de conexión del municipio con el resto del país.

En El Cairo, Valle, la vida de una persona cuesta dos mil pesos. Eso es lo que le pagan a ‘El mocho’ por cruzar un improvisado puente de guadua y alambre, cargado con 50 kilos de mercancía al hombro, mientras la madera rechina bajo sus zapatos y el mundo se mueve de lado a lado como una hamaca.Y es que no hay más opciones. En noviembre pasado el invierno azotó con tal furia a esta zona del norte del Valle, que la vía se desmoronó como una galleta vieja. Desde entonces, los habitantes de la zona viven como en una isla, sin posibilidad de pasar sus carros al otro lado de la carretera.Bultos, cajas, televisores, pipas de gas y, aunque parezca absurdo, hasta baños portátiles. Todos necesitan pasar algo. Ya sea por el puente o por el camino que han logrado abrir junto a la montaña, al lado del precipicio, alguien tiene que arriesgarse para pasar la mercancía. Muchos se preguntan qué habría sido de ellos de no ser porque, dos semanas después del derrumbe, cuatro comerciantes juntaron ahorros y construyeron el puente artesanal. Antes de eso, la gente debía rodear la montaña para salir a cualquier parte. Los más osados pasaban junto al precipicio, arriesgando su vida, con el lodo hasta la cintura. “Yo pagaba para que pasaran a mi hijo en hombros”, comenta una señora.Por eso, pagar un carguero ya no es lujo, sino necesidad. Pese a que ‘El mocho’ perdió una parte de su brazo izquierdo hace nueve años, cuando le estalló una caja bomba en sus manos al bajarla de una chiva, desde hace mes y medio trabaja junto al puente, bajo el sol. Como él son varios los que se ayudan a los transeúntes. Cuando no hay nada qué cargar, juegan a ‘la chola’, insertando monedas en un hoyo, como apostándole al tiempo. Esperan, a ver si alguien del Gobierno se apiada y se digna a reconstruir la vía que lleva a aquel pueblo olvidado en medio de la montaña, el más lejano del Valle. Irónicamente, El Cairo es un municipio reconocido como patrimonio de la humanidad por la Unesco y hoy no tiene una vía de acceso decente.El guardián del puenteAntes, un cairense, con esfuerzo, pagaba $10.000 para llegar a Cartago, la ciudad más cercana. Hoy, ir hasta el derrumbe vale $4.000 y tarda algo más de una hora. Allí, hay que ingeniárselas para pasar al otro lado, con las cosas al hombro o pagando a alguno de los cargueros y, finalmente, hacer transbordo, pagando otros $8.000.Para pasar, además, hay que pagar $1000 a uno de los constructores del puente, quien día y noche permanece en un extremo del mismo, como un fiel guardián. “No queremos estafar a la gente, sólo recuperar la inversión. El sólo cable nos costó $2.500.000”, narra.“El puente es una bendición, al menos es barato”, dice otro hombre. Antes del puente, alguien había puesto una ‘garrucha’, es decir un cable que atravesaba el hueco donde antes estaba la vía, al que amarraban unas estibas para pasar los elementos al otro lado. Hasta $30.000 podía costar una pasada.Hoy, familias enteras, con abuelos incluidos, viajan desde otras ciudades para tomarse la foto en el ‘famoso puente’. Ya hasta salieron en televisión y ese es el tema de conversación preferido de muchos. “Somos famosos, pero nadie soluciona nada”, grita don Armando. Lo cierto es que a doña Celina no le hace gracia. Con el cansancio que revelan sus arrugas, pasa rezando junto al precipicio. “A ese puente yo no me monto, por Dios bendito”. La mujer de 74 años salió del pueblo porque su nieto estaba grave de salud. Si no arreglan rápido la vía, sospecha que ésta habrá sido su última salida. Jueves de polloPara un comerciante, el ‘paseo’ para entrar sus productos a El Cairo o El Chocó puede valer hasta $60.000 más de lo normal. Eso es lo que cuesta pasar 30 bultos de un extremo a otro del puente. Por eso, todo ha subido de precio. Una libra de papa, que costaba $1.000, ahora cuesta $1.300. La leche de $2.000 subió $200 pesos. El galón de Acpm, de $7.700 pasó a $8.200. Y va sumando. Hay artículos que ya no llegan. Algunos lácteos hace veinte días no aparecen. El arroz escasea. Si no fuera por don Neftalí, que todos los jueves lleva el pollo, quién sabe qué sería del almuerzo. Para el alcalde, que lleva 15 días en su cargo, el problema de vías es culpa de la Gobernación anterior, que “dejó el pueblo en el abandono”. La esperanza ahora está en un viaducto que entre Colombia Humanitaria y la Gobernación construirían, pero para el cual aún no hay recursos. De aprobarse esa opción, el puente artesanal sería retirado y la vía quedaría cerrada por varios meses. Los habitantes deberán movilizarse por la carretera alterna, que hoy es intervenida, ya que posee innumerables deslizamientos. Por ese camino, el tiempo de desplazamiento aumenta en una hora. Mientras tanto, ‘El Mocho’ no se detiene. Va a extrañar el puente, tal vez un poco más que otros. Se detiene frente al precipicio y lo mira con nostalgia. Él no lo sabe, pero su vida seguro vale mucho más que $2.000.

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