Conozca a los expertos en salvar vidas bajo tierra

Agosto 10, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | El País.
Conozca a los expertos en salvar vidas bajo tierra

En los 30 años de labores que completa el equipo de salvamento minero del Valle, por fortuna – (y por las medidas de precaución que toman) jamás ha muerto un socorredor mientras atiende una emergencia.

En el último año, el equipo de salvamento minero del Valle rescató a 5 mineros y recuperó 29 cadáveres en 14 emergencias. ¿Por qué alguien decide que su trabajo consista en permanecer en las profundidades del planeta?

Los  carros fúnebres son los que primero llegan a las emergencias mineras. O al tiempo, incluso, que Carlos Andrés González, que hace parte del equipo de salvamento minero de Colombia. Tal vez en las funerarias conozcan las estadísticas. La mayoría de los accidentes mineros son fatales.  Es lunes y en la estación de salvamento del Valle ubicada en  Jamundí todo parece  tranquilo, todo está en silencio. Como un colegio en días de vacaciones. Los perros que custodian la entrada duermen. Carlos, “el líder” (así llaman a quien está a cargo) permanece en su oficina. Desde la calma coordina, sin embargo, el caos. Ese día (mediados de mayo) sus compañeros se mantenían a 150 metros de profundidad en un socavón de Riosucio, Caldas, intentando recuperar los cuerpos de los 15 hombres que murieron ahogados en la más reciente tragedia minera de la que se tuvo noticia en el país.  - Se cree que hubo un reventón. Los mineros realizaron labores hacia el río Cauca, las paredes no resistieron y pum: el río se metió a la mina.  En la oficina hay un portarretratos y en él una foto de Carlos con su esposa y su hija.  Ellas nunca han conocido detalles de lo que él ha visto intentando rescates. Es la recomendación de los sicólogos.  De lo contrario permanecerían con un miedo insoportable de solo pensar que Carlos podría terminar como las personas que a veces se traga la tierra. - Hay algunos socorredores que se sueñan con el cuerpo que rescataron. A veces creen verlo. Ya después uno se acostumbra. Como si se volviera duro de corazón. Después de tantos cuerpos que ves se vuelve natural sacarlos, quemar la ropa que se utilizó para evitar infecciones, ducharse, seguir la vida normal. Pero no te lo creas. Mucho se queda ahí (señala su cabeza). Hay veces que charlamos con sicólogos para descargar la energía que llevamos por dentro sin saberlo. Y uno llora. Hay un día que uno llora. Por eso en las emergencias se comenzó a trabajar con sicólogos.  Antes de atender un caso nos activan: “Van a encontrar personas muertas, van  a ver esto, van a ver aquello”. Nosotros vamos, sacamos los muertos  (o los vivos si es posible)  y cuando todo termina los mismos sicólogos nos desactivan, nos dicen: “Todo lo que vieron se queda en la mina”. No es que vamos a llegar a casa a decirle a la esposa que encontramos un cuerpo aplastado. Luis Carlos Rengifo, un bombero voluntario, dice que  funciona igual para todos los socorristas: él ha estado en incendios tan terribles como para haber consumido  un supermercado  y sin embargo, cuando ha llegado a  casa, ha dicho que el día fue una maravilla, que el incendio que atendió apenas eran “unas llamitas, un humito”. Pese a las tragedias que suceden , la vida, de alguna manera, tiene que seguir.  El radioteléfono suena. Carlos se comunica  con sus compañeros en Riosucio.  Entre ellos está Gloria Rojas, 38 años, una de las tres socorredoras mineras que existen en Colombia. El oficio de sacar cuerpos de  la tierra no es muy apetecido por las mujeres.  Para hacerlo, para ser socorredor, se exige un curso de salvamento de 80 horas  y un  mínimo de dos años de experiencia en una mina. Carlos, que nació en Boyacá, es ingeniero de minas y antes de ingresar al equipo de salvamento trabajó en ellas. Como los médicos que hacen su año rural para graduarse, él debió hacer algo parecido.  ¿Pero por qué alguien decide que su trabajo consistirá en sacar cuerpos de las profundidades? Carlos cree  que en su caso es por vocación. Siempre ha sentido un impulso natural por  ayudar  a las personas así estén en el mismísimo estómago del planeta.   - Los que integramos el equipo de salvamento  somos los únicos autorizados para ingresar a  una mina en caso de una emergencia. Ni bomberos, ni la Defensa Civil, ni la Cruz Roja pueden entrar. Ellos hacen labores en superficie. No es lo mismo rescatar a alguien que está debajo de la tierra a quien está en un edificio en llamas o en ruinas. Nosotros estamos preparados y tenemos los equipos para, por ejemplo, respirar en atmósferas en las que sería imposible hacerlo, detectar gases peligrosos o estabilizar  una mina en riesgo de derrumbarse.  Entre otras cosas, un socorredor minero no debe sufrir de claustrofobia,   mucho menos temerle a la oscuridad o a los murciélagos  y debe ser lo suficientemente resistente como para acostumbrarse a estar a 200 metros de profundidad atravesando caminos  que la única manera de atravesarlos es gateando, descansar un poco, y volver a hacer lo mismo al día siguiente. La socorrista Gloria Rojas, por ejemplo, estuvo doce días en Riosucio en busca de sus colegas.   - Los  días que estuve nunca sentí cansancio. El cansancio se siente después. Antes sientes  adrenalina para ayudar a como dé lugar. No importa lo que veas allá abajo, no importa lo que huela, no te afecta. Te afecta el día en que no puedas ayudar, dice la mujer, ya de vuelta en Cali.  IIEn Colombia hay cinco estaciones de salvamento, cada una ubicada donde hay mayor actividad minera: Boyacá, Norte de Santander, Cundinamarca, Antioquia y Valle. A raíz del aumento de las emergencias en zonas alejadas de las estaciones, se crearon también puntos de apoyo en Pasto,  Paipa,  Marmato y  Bucaramanga. Mientras que cada estación la integran seis funcionarios (tres ingenieros, dos mecánicos de equipos y un conductor)  los puntos de apoyo los conforman dos ingenieros y un mecánico. En  promedio  ganan $3.600.000 al mes y     no se dan abasto.  Por ello también entrenan   -sin costo alguno-  a mineros que deseen ser socorredores. En el Valle hay 60 de ellos, mientras que en el Cauca son 120 por una lógica simple: hay más minas. La estación de salvamento de Jamundí debe atender las emergencias de ambos departamentos, aunque si sucede algo grave fuera de su jurisdicción también acude. Como los médicos y los soldados, los ingenieros de minas a  veces no saben cuándo  verán a su familia. Carlos y su equipo salieron hace unos días a las 10:30 de la noche para atender el caso de un minero que se electrocutó. Era viernes, y su cuerpo estaba en el fondo de un socavón.  Generalmente, quienes los alertan de cosas así son los mismos mineros que han entrenado. Fueron ellos los que  advirtieron  lo que sucedía en Riosucio.  IIIGloria está frente a su computador. En su escritorio hay un plato con uvas y ella toma una cada tanto. En su rostro no hay síntoma alguno de cansancio. Por el contrario, luce como  quien llega a la oficina después de una licencia.  - Cuando llegué de Riosucio me encerré en mi casa. Todo me dolía.  Necesitaba dormir.  Gloria toma una hoja y empieza a dibujar lo que sucedió en esa mina de oro. Los mineros cavaron un hueco de 150 metros de profundidad. Técnicamente se le llama ‘clavada’.  Ya en el fondo, comenzaron a hacer labores  en diferentes direcciones, pero  no tenían los planos topográficos.  Supusieron que estaban pasando por debajo del río Cauca –ese era su objetivo- pero en realidad estaban a su nivel. Entonces rompieron el lecho del río y todo se inundó tan rápido que nadie tuvo tiempo de salir.  -Lo más complicado de nuestro trabajo es la presión de las familias   de las víctimas. En este caso, después de que recuperamos los primeros seis cuerpos, nos tomó casi una semana sacar el agua  y  realizar los trabajos de ventilación de gases.  El trabajo de minimizar los riesgos para entrar es muy complejo, pero las familias quieren que entremos ya. Lo entendemos. Pero también debemos tener claro que no podemos generar más tragedias.  En una ocasión, dos mineros quedaron atrapados en una mina de Boyacá. Afuera estaba la esposa de uno de ellos y preocupada, decidió entrar. También estaba su hijo, que igualmente, como vio que su madre tampoco regresaba, decidió entrar. Al ver que nadie salía, el dueño de la mina hizo lo mismo.  Por buscar dos personas, murieron cinco que hacen parte de una estadística que debería servir para ponerle atención a lo que en realidad es un problema social: en los últimos diez años los accidentes mineros han dejado mil muertos, aunque la cifra debe ser mucho mayor. Hay muertos en sitios tan lejanos que nadie registra o que los ocultan para evitar que las autoridades cierren los socavones. Solo en el último año y medio la Unidad de Salvamento Minero del Valle ha atendido 14 emergencias que han dejado 29 víctimas fatales.  La mayoría de los accidentes ocurren en minas ilegales que no cumplen con los requisitos de seguridad como hacer túneles con la altura suficiente para que un hombre promedio entre de pie o que los mineros cuenten con equipos que los alerten de los gases peligrosos. Algunos de esos gases como el monóxido de carbono son incoloros, tampoco huelen  a nada en particular y mientras los mineros los inhalan sin saberlo,  se les duerme la lengua, después los brazos, las piernas,  así poco a poco hasta que  mueren. Lo llaman ‘la muerte dulce’. También mueren por deslizamientos, por explosiones, por deficiencia de oxígeno, por tantas cosas que suceden allá bajo y sin embargo, la mayoría no tiene seguridad social, así que sus familias quedan desamparadas, sin cómo reclamar una indemnización. Pese a todo, vuelven a la mina. Para muchos  la única manera de ganarse la vida es arriesgarse a ganar la muerte.  -En Riosucio, la gente tenía afán de que sacáramos los cuerpos no tanto por sus familias, sino para volver a a la mina, dice Gloria.  En ocasiones en todo caso alguien sobrevive a los derrumbes, las explosiones, los deslizamientos y rescatarlo  es el gran premio del equipo de salvamento minero. En  2014 y lo que va de 2015  le salvaron la vida a 5 personas. Pese a ello no ha cambiado la forma en que algunos miran a los ingenieros socorredores que visten de overol verde.-Nos miran como representantes del Estado, y la gente siempre tiene rabia contra el Estado, había contado  Carlos hace unos días. ¿Por qué insisten en que su trabajo  consistirá en aventurarse en lo más hondo de  las montañas? ¿Por qué una mujer elige este oficio?Gloria toma otra uva. Ella, cuenta, nació en Rosas, Cauca, y al principio quería estudiar ingeniería industrial. Su plan era entrar a una carrera cualquiera  y después cambiarse de facultad. Entonces entró a ingeniería de minas. Su primera práctica consistió en un reconocimiento geológico y  fue cuando sus planes cambiaron para siempre.  -Simplemente quedé flechada. Me encantó lo que estaba estudiando. Ver las formaciones de la tierra, conocer cómo se formaron los minerales, fue muy bonito. Y me quedé. Ser socorredora minera no es tan difícil como algunos piensan. Es simplemente amor por la carrera y, de alguna manera, por ayudar a las personas.  Y  alguien tiene que hacerlo: intentar salvar  a los mineros que se meten donde nadie lo  haría porque no tienen otra opción.   

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