Caricias y abrazos sustitutos que dan vida en Cartago

Caricias y abrazos sustitutos que dan vida en Cartago

Septiembre 29, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Mónica Arias, reportera de CartagoHoy.

En la Villa de Robledo hay 40 ‘madres’ que cuidan a 89 niños en situación de abandono, discapacidad o derechos vulnerados. Si bien las solicitudes de adopción van en aumento, la suerte no favorece a los mayores de 10 años ni a los enfermos.

Una pequeña bicicleta de pilas llama la atención de José David. Él se arrastra tras de ella, con sus piernas y brazos lánguidos, como si fueran de caucho, mientras su ‘madre’ recuenta como llegó él a su vida.José David cumplirá 6 años mañana domingo, pero conversa como si fuera un niño de 10. Le gusta ver televisión, el cuento de ‘Los tres cerditos’, tiene una novia llamada Valentina, cursa transición en un jardín público, escogió sus padrinos de bautizo y con su picardía y espontaneidad logró gestionar un coche especial para su movilización.Él hace parte de los 19 niños con discapacidad que viven en hogares sustitutos, luego de ser declarados en abandono y situación de adoptabilidad por parte del Instituto de Bienestar Familiar. Magnolia Gutiérrez es su ‘madre’ y, a pesar de sus 65 años de edad –24 de los cuales ha dedicado a cuidar niños abandonados o maltratados-, cuida de él con todo el amor y la paciencia que requiere un paciente con síndrome de Larsen, una rara enfermedad que consiste en multiples luxaciones de las articulaciones, además de hiperelasticidad articular.Pero para Magnolia eso es mínimo frente a la alegría que siente por tener a José David, pues él llegó a su casa desde que tenía 4 meses y se convirtió en “su vida”, al punto que asiente: “Y lo mejor es entregar mi vida a él. Mi anhelo es verlo caminar”.Pero mientras José David ilumina la vida de Magnolia y la de Gabriel, su único hijo biológico; Felipe, Cristian y Elio Fabio hacen lo propio con la de Blanca Nubia, otra de las 40 madres sustitutas que hay en Cartago, pero que atienden niños de nueve municipios más.Los tres, que no son hermanos de sangre, pero sí de crianza, comparten sus alegrías, sus tristezas y sus esperanzas con la familia que los acogió hace catorce años, luego de que fueran retirados de sus hogares biológicos por maltrato.Pero estos no han sido los únicos ‘hijos’ de Blanca, pues durante los 23 años que ha desempeñado esa labor han sido muchos los niños y las niñas que han pasado por su casa del barrio El Guadual.“Me siento muy contenta, mi familia estuvo muy de acuerdo con que fuera madre sustituta”, comenta quien terminó su bachillerato hace poco y cada vez se prepara más para saber cómo atender los niños que llegan a su hogar. “Le pido a Dios salud, paciencia y tolerancia para entenderlos”, afirma Blanca.De corazónEstos cuatro menores hacen parte de los 89 que en este momento viven en hogares sustitutos del Instituto de Bienestar Familiar, Icbf, mientras encuentran una familia que los acoja.Diana Suárez Posso, jefe del Centro Zonal del Icbf, explicó que son una modalidad de atención en protección.Es decir, allí llegan los niños vulnerados que deben retirarse de sus familias, los que no tienen cuidador o los que dejan abandonados.No obstante, el trabajo que representa el cuidar un pequeño con estas características no genera sueldo alguno para estas mujeres, más que las alegrías y los triunfos de sus protegidos.Sólo reciben una cuota de sostenimiento que entrega la entidad gubernamental, que corresponde a $326.000 para niños vulnerados y $388.000 para los que están en situación de discapacidad.Además se les entregan aportes para gastos de emergencia y dotación personal, escolar y medicamentos.“Una persona no puede pensar que ser madre sustituta es una solución para una situación de desempleo, porque no es una posibilidad de obtener recursos familiares”, explicó la Directora zonal del Icbf.Y, efectivamente, es un trabajo de tiempo completo y de corazón grande, puesto que las madres deben “estirar la platica”, como dice doña Magnolia, porque son muchas las necesidades, más cuando en la mayoría de ocasiones deben ‘revivir’ los menores que llegan a sus manos.Por eso, sin temor a equivocarse, Claudia Marcela Arboleda, asesora del programa, sostiene que las madres sustitutas son “mágicas” y “consagradas”, ya que siempre tienen sus puertas y sus vidas abiertas para estos pequeños.No obstante, en el Icbf saben que se requiere de un relevo generacional, puesto que, aunque las actuales ‘mamás’ aún tienen mucho amor para dar, su capacidad física no es la misma de antes.De ahí que en este momento en el norte del Valle se estén buscando nuevas madres que quieran acoger en sus viviendas y en sus vidas a estos niños, quienes con una sonrisa pagarán todo el amor recibido durante su paso por sus hogares.Buscando hogarMuchos niños que llegan a los hogares sustitutos son declarados en adoptabilidad. No obstante, los que están en situación de discapacidad o han sobrepasado los 10 años tienen menos posibilidades de hallar un hogar.Así lo reveló Diana Suárez, jefe del Centro zonal Cartago del Icbf, quien señaló que de los 89 menores que están en el programa en la región hay cerca de 25 declarados en adoptabilidad, más los 19 en situación de discapacidad.Ahora, la esperanza es que las solicitudes de adopciones por asignación (familias que buscan un hijo) son de cinco al mes, cuando antes era de cinco al año.“La gente ha perdido el prejuicio de venir a la institución, porque la mayoría de hombres en Cartago y los municipios del área de influencia son los que son infértiles”, señaló.En lista de espera de adopción hay 553 familias residentes en el exterior y 128 colombianas, una de las cuales es del Valle.

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