Candelaria, un pueblo de fe y gente pujante.

Candelaria, un pueblo de fe y gente pujante.

Febrero 11, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción PalmiraHoy

Este municipio ubicado al suroriente del Valle del Cauca está celebrando los 466 años de su fundación, lo que coincide con la conmemoración fiesta de la Virgen. Allí radica el fervor que sus habitantes exhiben durante la fiestas patronales que terminan mañana en una tierra de gente talentosa, que se refleja en la música, el arte, el deporte y la pintura.

Candelaria es una tierra de contrastes, como casi todas las poblaciones localizadas en el fértil y pujante valle del río Cauca. Enclavado al suroriente del departamento, es un municipio que se destaca por cobijar centros poblados que son tan prósperos y grandes como su cabecera.En efecto, sus cerca de 70.000 ‘hijos’ están distribuidos en once corregimientos extendidos a lo largo de la carretera a Cali y entre ellos se destacan Villagorgona, Juanchito, El Cabuyal y El Carmelo.Sin embargo, Candelaria es una tierra de ingenio, no sólo porque está rodeada de importantes industrias dedicadas al cultivo de la caña, en la cual se sustenta en más de un 70% su economía, sino también porque su gente se destaca en varios campos. Es cuna privilegiada de artistas y deportistas, -como olvidar a María Isabel Urrutia, oro olímpico en pesas-, al igual que de varios gestores culturales y periodistas.También alberga el más rincón más famoso para los salseros de Colombia y el mundo: Juanchito, debido a las numerosas discotecas de ese género musical que se albergan allí.Pero de igual forma es una tierra de fervor. Cada primera semana de febrero celebra sus fiestas patronales en honor de la Virgen de la Candelaria y durante siete días se debate entre la devoción y el jolgorio, ya que estas son seguidas por sus ferias.Con motivo de esta celebración, que también gira alrededor del aniversario número 466 como municipio, PalmiraHoy hizo un recorrido por los corregimientos, las industrias, la cultura y los orígenes de Candelaria, una población que cada día toma más importancia en el departamento.Villa de la Candelaria Cuentan los que saben que existen dos historias que hablan del nacimiento de este municipio. Las dos coinciden en afirmar que fue un 2 de febrero. De ahí el enorme sentido religioso y cultural que predomina en la localidad hasta hoy día.El docente e historiador Édgar Marino Olave Martínez explicó que en tiempos de la Conquista esta tierra era paso obligado para los españoles tanto para ir a Popayán o a Quito como para llegar a Buga.En esta zona tenían sus asentamientos las tribus Los Gauliés, Gorgones y Buchitolos, que hoy dan nombre a algunos corregimientos candelareños.Paradójicamente, recuerda Olave Martínez, era una tierra bañada por grandes ríos como Párragas, Bolo y Chontaduro, que proveían a la localidad de agua y peces.“Se dice que fue un 2 de febrero que Sebastián de Belalcázar llegó aquí y por eso le puso el nombre de Villa de la Candelaria, en homenaje a la Virgen, pues es la fecha en que ellos, los españoles, celebran esa fiesta. Nosotros continuamos con la tradición”, manifestó el profesor.La otra historia hace referencia a la llegada de unas personas desde Cali para conseguir guadua para levantar lo que hoy se conoce como la Sultana del Valle, ya que en esta localidad del suroriente del departamento había grandes extensiones de este árbol.Los visitantes habrían llegado el 2 de febrero de 1545 y le pusieron por nombre Villa de la Candelaria, pero sólo hasta 1865 fue incluida como parte del Valle del Cauca y erigida como municipio.Su arraigo religioso y su devoción a su ‘patrona’ no es entonces gratuito. En el templo principal de la población que hoy lleva este mismo nombre reposa una imagen tallada en madera, traída en 1903 desde Barcelona, España, y que muestra a la Virgen con el Niño Jesús en el brazo derecho y un cirio en la izquierda, junto con unas tórtolas o palomas.“Esta imagen tiene que ver con la historia bíblica de la presentación del Niño Dios en el templo. Las personas pobres que no podían ofrendar un gran tributo llevaban unas palomas y un cirio que representa la luz, por eso también se conoce como la fiesta de las candelas”, agregó el historiador.Por eso, cada 2 de febrero, el municipio de Candelaria celebra sus ferias y fiestas patronales y declara esta fecha como día cívico para que los candelareños se congreguen alrededor de sus tradiciones culturales y religiosas.La cultura también tiene su arraigoCon la llegada de la industrialización, y especialmente de los ingenios azucareros, Candelaria comenzó a vivir importantes oleadas migratorias que marcaron su senda artística y cultural. La primera fue en los años 40, cuando un gran número de nariñenses, tanto del interior como del litoral, arribaron a la localidad para trabajar en el corte y la recolección de la caña.La otra gran oleada fue en los 70, pero esta vez de la Costa Pacífica.Bernardo Cortés, más conocido como Perogoyo, docente y gestor cultural adscrito a la Casa de la Cultura, indicó que el folclor candelareño es una mezcla entre el costeño del Pacífico, el nariñense y el vallecaucano.“El mundo artístico y cultural del pueblo se mueve a través de la danza, de los grupos musicales de percusión, las chirimías y las bandas musicales”, añadió.En esta tierra, donde el talento brota de la tierra como la caña, se destacan importantes grupos como Danza Madera Internacional, dirigido por el coreógrafo John Jairo Sinisterra, quien en julio realizará la décima versión del Festival Nacional e Internacional de Danzas Afrocandelareñas, con la asistencia de representantes de Argentina, Ecuador, Perú y Venezuela y tal vez Brasil.Así mismo, el grupo Candela, dirigido por el profesor Isaías Gamboa, compositor de la letra del himno de Candelaria.Perogoyo, por su parte, tiene a su cargo ocho grupos de danzas diseminados por los diferentes corregimientos.Uno de los más queridos por la comunidad candelareña es el grupo de los niños especiales. Son 20, entre los 15 y los 36 años de edad, de los cuales ocho tocan instrumentos, mientras los demás bailan.“Esta es una tierra que siente el folclor, que vive sus raíces nariñenses y pacíficas en cada una de las manifestaciones culturales”, puntualizó Peregoyo.Motores del Desarrollo LocalEn Candelaria, la cabecera municipal no es el eje central sobre el cual gira su población, como sucede en la mayoría de poblaciones.Sus corregimientos funcionan como pequeños centros urbanos, e incluso, tienen más habitantes que la cabecera, como es el caso de Villagorgona, donde residen cerca de 22.000 personas.Todo esto, según explicó Iván Cobo, empleado de la Administración Municipal y un apasionado por la historia de la localidad, debido a la industrialización de la comarca y a la cercanía de los corregimientos a grandes ciudades como Palmira y Cali, donde muchos de ellos trabajan.“Candelaria se ha convertido en un sitio de dormitorio, aunque aquí también se han instalado parques industriales como La Nubia, donde hay empresas de calzado, comestibles, dulces, etc”, agregó.También señaló que Villagorgona, junto con Juanchito, son los dos grandes jalonadores del turismo en la zona.El primero es famoso por su comida típica, la rellena y la fritanga.El segundo es conocido a nivel mundial como centro de la rumba por sus famosas discotecas dedicadas a impulsar este género musical e incluye la vereda Domingo Largo, donde viven cerca de cinco mil candelareños.Desde hace más de doce años algunas administraciones y gente del pueblo vienen hablando de un gran sueño, El malecón de Juanchito. Para algunos sólo se trata de una utopía, para otros es un proyecto increíble. “La idea es volver navegable el río Cauca, como existió hace muchos años atrás. Construir una vía veredal que bordee el afluente y una a Candelaria con el valle del Lili, en Cali, mientras la gente escucha música y disfruta de una rica comida”, explicó Cobo, quien añadió que serían 20 kilómetros en total, desde el malecón hasta El Tiple.Sin embargo, este proyecto todavía sigue consignado en el papel, sin que se haya convertido en realidad. El Cabuyal y El Carmelo, cada uno de ellos con cinco mil pobladores, son otros de los corregimientos que inciden fuertemente en el desarrollo comercial y económico del municipio. Pero, para consolidar estas fortalezas, enfatizó Cobo, es necesario mejorar la vía Cali-Candelaria y la seguridad en la localidad.

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