Agricultores del Valle del Cauca hablan sobre la realidad del sector

Agricultores del Valle del Cauca hablan sobre la realidad del sector

Septiembre 02, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País Palmira y Cartago
Agricultores del Valle del Cauca hablan sobre la realidad del sector

Los campesinos de la zona alta de Tenerife se quejan de que las vías de acceso están en pésimo estado y cuando llueve no pueden sacar sus cosechas.

Aunque aman la tierra, muchos cultivadores piensan en dejar la agricultura. Todo cambió.

Una realidad de las protestas campesinas y agrícolas que se realizan en el país es que todo ha cambiado para el agro nacional y que hoy los productores compiten con otros de diferentes países.La queja de muchos agricultores no es tanto la competencia, sino que es esta sea hace en forma desigual. Por ejemplo, asegura Diego Duque, gerente de Asohofrucol en el Valle del Cauca, que no hace mucho tiempo compraban fertilizantes a $5000 el bulto, mientras que ahora los precios de estos pueden llegar a $50.000.Unido a esto aparece la coyuntura de los precios internacionales que tienden a la baja y afecta a los productores nacionales en casos como el del café.Para Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, el problema del agro es de rentabilidad y de la carencia del suficiente apoyo para que los cultivadores puedan ser más productivos, es decir, que logren obtener mayores producciones en las actuales hectáreas sembradas. Esto lo han logrado muy pocos sectores; además con la temporada invernal de los años anteriores, se perdió mucho de lo que se habían logrado.Algunos gremios aseguran además que en Colombia no hay política agraria de Estado y al parecer no existen cambios a la vista. Los cultivadores son testigos de los cambios y del ‘ocaso’ de la agricultora en todo el territorio colombiano. El País habló con varios representantes del sector agropecuario del municipio de Palmira y de otras poblaciones en el norte del Valle del Cauca, donde campesinos como Carlos Andrés Salazar afirman que por ahora en el campo solo se puede sembrar incertidumbre.“Valen más los insumos que lo que producimos”Edinson Escobar tiene 42 años y desde que nació lo único que ha conocido es la tierra, el campo que su padre le enseñó a trabajar desde muy pequeño y del cual sustenta los ingresos para su familia. Por eso, no puede ocultar la tristeza en su rostro cuando habla de la difícil situación por la que atraviesan más de 3000 productores del sector del Cañón del Chinche, zona rural del municipio de El Cerrito, conocido como la despensa del Valle, debido a su inmensa riqueza agrícola. En esta región, aseguró, se producen 35.000 litros de leche diarios, así como 13.000 atados de cebolla larga; 5000 de cilantro y similar cantidad de repollo, semanalmente. Sin contar los cultivos de fresa, papa, maíz, tomate, frijol y cebolla de huevo, entre otros alimentos.Según Escobar, desde que se firmaron los Tratados de Libre Comercio la problemática del sector, que ya venía siendo complicada, se agudizó. Por eso, no vaciló en afirmar que con el TLC con EE.UU. el Gobierno “nos apretó aún más y nos tiene a punto de asfixiarnos”.Para el productor de cebolla, dueño de la finca El Brillante, en el corregimiento de Tenerife, y padre de tres hijos de 17, 14 y 11 años de edad, este negocio dejó de ser rentable y prácticamente lo que producen alcanza para sostenerse.Aseguró que el alto costo de los insumos y fungicidas, además de los intermediarios (los otros grandes enemigos del pequeño agricultor) están amenazando con arrasar y hacer desaparecer el campo. “Un bulto de abono cuesta $198.000 y gastamos 5 bultos en 500 atados cada tres meses. El orgánico vale $135.000 y en lo que dura el cultivo se van seis toneladas, mientras que por atado nos pueden pagar $3000 y si estamos de buenas de $10.000 a $15.000.“La despensa del Valle se acaba”Carlos Andrés Salazar, otro productor de la zona de Tenerife, considera que la tierra es lo más lindo que hay en la vida, pero en los últimos meses se ha hecho insostenible trabajar en ella.“La situación está muy dura, la finca no está dando nada. Uno no entiende como el Gobierno aprueba que ingresen alimentos de otros países y traigan toneladas de leche en polvo. No tienen por que hacer eso cuando aquí producimos los mejores alimentos y tenemos las mejores vacas lecheras. Deberían darle prioridad a los productos de la región, de Colombia, es muy triste todo lo que está pasando”, aseveró el productor para quien estas decisiones “están enterrando al campesino”.Cada día, agregó, se levanta a las 5:30 de la mañana para trabajar en los cultivos, los cuales cuida con dedicación y esmero hasta que está lista la cosecha, pero cuando se saca el producto a la venta, y no vale nada, siente una gran impotencia y dolor en su corazón.“Estamos abandonados, las vías de acceso están en pésimo estado, cuando llueve son intransitables. Aquí hay gente que tiene que pagar hasta tres transportes porque tienen que sacar la leche y los alimentos en bestias, después pagar la chiva y finalmente el transporte en las plazas de mercado de la región”, recuerda el campesino quien afirmó que la despensa del Valle se está acabando cada día más.Según dijo, en esta región se produce toda la comida del Valle del Cauca, agua, trabajo y paz, y a cambio el Gobierno Nacional les da “indiferencia, represión y abandono total”. “La única belleza del campo en este momento son sus paisajes porque la agricultura es una tristeza, antes en este cañón se respiraba alegría. Ahora el campo sólo está sembrado de incertidumbre”.“La crisis agraria inició hace 20 años”Don Manuel Fabio Pérez tiene 66 años y dice que ha trabajado la tierra desde que nació. Es del Hato, Santander, pero vive en La Victoria desde donde viaja todos los días hasta la vereda Linderos, en la ribera del río Cauca entre La Unión y La Victoria, para cuidar sus cultivos de melón, maracuyá, yuca y pimentón.Sus manos y su rostro están resecos por el inclemente sol de La Unión, municipio de 31.000 habitantes y despensa hortofrutícola del país. Habla con propiedad del oficio de ser agricultor y sin temor a equivocarse resalta que la crisis del sector se inició hace 20 años, por lo que al paro actual lo califica como “una bendición” y “un beneficio”.De las más de 3.000 toneladas de frutas y verduras que esta semana han dejado de salir de esta localidad del norte del Valle del Cauca, don Manuel perdió 9 toneladas de melón que le representan cerca de $7 millones, “el precio estaba bueno, casi $700 el kilo”, lamenta.Y es que los melones, al lado de las papayas, son las frutas más perecederas, por eso, en el caso de los primeros, si terminado el ciclo de 80 días no se recoge, el producto empieza a dañarse. La cosecha de este agricultor coincidió con la protesta nacional agraria.Ahora, allá en Linderos, a tres kilómetros adentro de la vía principal, don Manuel Fabio recoge lo poco que quedó y que debe desechar para empezar una nueva cosecha, aunque declara que ahora sí está pensando en “tirar la toalla”.Y no es para menos. Con el trabajo de la tierra don Manuel crió a sus tres hijos, sostuvo un hogar y compró un terreno como fuera su sueño, pero hace 16 años tuvo que venderlo para cubrir las deudas que tenía con la otrora Caja Agraria. Desde entonces ha trabajado como empleado o en sociedad, como lo hace actualmente.Sin embargo, los altos precios de los insumos y el combustible, las plagas, la falta de apoyo y capacitación lo tienen decepcionado, pues resalta que mientras todo sube, el precio de venta es igual “porque este se define por la abundancia o la escasez. Por ejemplo hace 20 años un bulto de cebolla se vendía en promedio a $35.000, hoy el precio está a casi lo mismo y los insumos más caros”, explica.Otro caso afirma el cultivador, es la producción de melón, para lo cual se requiere plástico que compra a $430.000, un rollo de mil metros, y cinta de riego que vale $520.000 (un rollo de 3.200 metros), “en esta cosecha todo eso también se perdió”.En los lotes que tiene don Manuel trabajan dos personas más y su socio, y aunque él es consciente de las políticas laborales, dice que no puede pagarles prestaciones sociales a los jornaleros y que el sueldo de él y su socio se lo ganan con el trabajo en el terreno.Pero también se ven afectados por el poco consumo. Tal es el caso de la yuca, pues según este agricultor desde hace seis meses pasó de vender 10 arrobas a cinco arrobas en tiendas y supermercados locales. “Con eso hay problemas, porque ahora vendo a los rayadores que me compran en promedio 70 arrobas semanales que salen de 140 matas y yo tengo cerca de 4.000 matas, es decir, que tardaré entre 6 y 7 meses para vender”.Entre tanto sus pimentones son presa de las plagas y por ello “también la cosecha se perdió”. Asegura que no ha salido a marchar, pero respalda totalmente el paro agrario y espera que los colombianos tomen conciencia de que si no hay apoyo al campo no habrá que comer, “a lo que se suma que somos los viejos los que trabajamos la tierra, porque los jóvenes ya se fueron lejos”.

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