A compartir gratas vivencias con otros docentes del país

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Dos profesoras del departamento, entre los candidatos a los premios Compartir al Maestro.

A compartir gratas vivencias con otros docentes del país

Agosto 01, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
A compartir gratas vivencias con otros docentes del país

Junto a Yolimar, algunos de los estudiantes conciliadores del Colegio Vicente Borrero, encargados de servir de mediadores cuando se presenta un conflicto entre sus compañeros.

Dos profesoras del departamento, entre los candidatos a los premios Compartir al Maestro.

Por el rescate del folclor y la cultura ciudadanaA Liliam Patricia Valdés Morales, una maestra que se enorgullece de ser colombiana hasta los tuétanos, le daba tristeza ver cómo en los homenajes a la Bandera y en los actos culturales del colegio donde trabajaba, los niños cada vez más iban perdiendo el interés por bailar las danzas folclóricas del país y por conocer sobre sus tradiciones y cultura. También le dolía observar cómo ellos y el resto de la sociedad en general poco les importaba rayar las paredes de la escuela o de la ciudad o cómo no se respetaban unos a otros.Ella, maestra de preescolar se dijo entonces: “Yo tengo un semillero, voy a contribuir a rescatar ese folclor y esa cultura ciudadana que se están perdiendo”. Y emprendió su idea hace ocho años cuando laboraba en la institución Juan Pablo II, en la sede Portete de Tarqui, en el barrio Lourdes. Fue una experiencia productiva que ella contagió a toda la institución. Con el paso del tiempo se sentó a escribir su propuesta y le dio forma de proyecto. Trasladada a la institución José Holguín Garcés, sede Ana María Lloreda, del barrio Terrón Colorado, siguió con su proyecto: ‘Adquiriendo el conocimiento oral y escrito a través del rescate del folclor y la cultura ciudadana desde el preescolar’. Hoy es uno de los 33 seleccionados en todo el país a los premios Compartir al Maestro. La enseñanza integral que brinda a sus niños la logra a través de juegos, vivencias, historias, música y danzas relacionados con la propia cultura y el folclor colombianos. Es así como ella invita a los pequeños a conocer sobre sus ancestros y los lugares de donde provienen sus padres y abuelos. De esta manera, aprenden sobre la comida típica, las costumbres, la música y bailes de las regiones. Les enseña además, a elaborar instrumentos musicales y disfraces de las diferentes zonas colombianas con material de reciclaje: las peras de los inodoros se convierten en maracas; los tubos de PVC en flautas y zampoñas o las tapas de gaseosas, sacos y retazos de tela se transforman en llamativos disfraces típicos.Un buen día una abuela del Huila (o de otra población) les habla a sus alumnos caleños sobre su terruño, les muestra un plato típico, les cuenta mitos como el de la Llorona y la Madre Monte y les enseña a bailar El Sanjuanero. Sus estrategias para sensibilizar a los niños por el amor a la patria, el sentido de pertenencia y el respeto por su ciudad, por su país y sus habitantes se ponen en evidencia desde la forma en que decora el aula de clases: rincones típicos de las regiones del país y apuesta por frases como ‘Yo vivo en Cali, voy a tener limpia mi ciudad’ o ‘Voy a cuidar el MIO’ son pan de cada día. Entre los otros recursos que emplea están ponerlos a jugar lotería con el mapa urbano de las comunas de Cali, “ya ellos saben que son 22 y ubican su barrio en la comuna a la que pertenecen, la 1”, dice orgullosa la profesora. También los invita a colorear las banderas de Colombia, del Valle y Cali para que las distingan; a cantar himnos y coplas; representar con títeres personajes típicos. Organiza el Desfile del Ecofolclor y un tour por los sitios turísticos de nuestra ciudad. “Algunos no conocían el MIO; nunca habían ido a la parte central de la ciudad y se mostraban sorprendidos, igualmente, algunos padres”, comenta la docente que siente que gracias a este tipo de trabajos, papás y abuelos están más comprometidos con la formación de los niños. Todo esto, destaca Liliam, dentro de un aprendizaje global. Aplicamos todas las dimensiones: cognitiva (conocimientos), socioafectiva (sentido de pertenencia), corporal (“si están aprendiendo danza por ejemplo, atienden órdenes como pie derecho adelante, hacia atrás, se ubican en el espacio”). Con su estrategia pedagógica Liliam ofrece entonces a sus estudiantes una educación integral y restablece valores que se han perdido. Desarrolla el espíritu de investigación, la clase es mucho más amena porque se aprende haciendo, se despierta el amor por la música y el floclor y facilita la integración familiar. Además, se involucran todas las áreas del conocimiento, se descubren aptitudes en los estudiantes y se desarrolla el sentido de pertenencia hacia su región de origen y donde viven. Por eso su proyecto es una grata experiencia educativa para compartir.Conciliación escolar: prevención de la violenciaYolimar Medina, docente del Colegio Vicente Borrero Costa, del barrio Alfonso López, es la primera vez que participa en el Premio Compartir y su propuesta fue destacada entre 1090 que fueron presentadas. Gracias a la implementación de su iniciativa se han disminuido los conflictos en la comunidad educativa donde trabaja, ya que todos sus miembros se están conscientizando de que el diálogo, la tolerancia y el respeto por el otro son la mejor herramienta para mantener la concordia y la paz. ‘Conciliación Escolar: prevención de la violencia’ es la propuesta de esta licenciada en sociales con especialización en historia universal. Consiste en generar procesos de transformación y cambio de actitudes y respuestas frente al conflicto interpersonal para prevenir expresiones de agresividad en los estudiantes. La maestra se motivó a formular este proyecto porque observaba cómo los estudiantes siempre recurrían a la violencia para resolver cualquier diferencia o conflicto. “Eso se había convertido en una situación casi inevitable para la institución y era ya vista como cotidiana y la única salida que le quedaba al colegio era la aplicación de los correctivos establecidos en el Manual de Convivencia que no resolvían el problema de fondo porque las partes involucradas no quedaban conformes y el problema tendía a desembocar en enfrentamientos violentos por fuera del colegio y en donde participaban familiares, vecinos, pandillas”. Diseñó entonces con la participación de todo la comunidad educativa un mecanismo que permitiera desarrollar habilidades en los estudiante para resolver de manera pacífica y dialogada los conflictos, fortalecer la capacidad de relacionarse con otros y de construir una sociedad más pacífica. El primer paso fue hacerle una reforma al Manual de Convivencia para que permitiera respetar los derechos fundamentales de todos, en especial el del debido proceso y se le añadió un capítulo relacionado con la conciliación escolar como mecanismo alternativo para solucionar los problemas. Se diseñó el plan del área de Ética y Valores para introducir como ejes temáticos la prevención de la violencia escolar y el desarrollo de competencias ciudadanas. Es así como en todas las clases, con énfasis en las de ética, los maestros hacen estudios de casos, trabajan a partir de dilemas morales, profundizan en valores, en derechos humanos, trabajan el manejo de emociones. También, se hace una convivencia anual con un grupo a un lugar campestre. En ésta se trabajan temas de convivencia pacífica, respeto, tolerancia, autoestima y proyecto de vida, entre otros. Para poder implementar esta propuesta se conformó un grupo de estudiantes conciliadores que son los encargados de servir de mediadores cuando se presenta un conflicto entre sus compañeros. Ellos, que deben cumplir con cierto perfil académico y disciplinario y ante todo son líderes naturales, reciben constantemente capacitación. Cuentan con una sala o centro de conciliación donde citan a las partes en conflicto y adelantan la audiencia de conciliación. Yolimar siempre está presente como coordinadora del centro. “Del 2006 a la fecha llevamos resueltos unos 40 casos, de cada uno se deja un acta en la que se establece el acuerdo que beneficia a las dos partes sin vulnerar los derechos de ninguna”, comenta la docente. El cambio de actitud de los estudiantes es lo que más satisface a Yolimar. “Ahora ellos son más tolerantes, más respetuosos, tienen menos temor de expresar lo que les está pasando y son más participativos y más sociables”, dice orgullosa esta profesora que sólo anhela que en todas las instituciones educativas de Colombia se establezcan propuestas que contribuyan a sembrar semillas de paz en los niños y las niñas.

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