Dime qué publicas y te diré quién eres

Abril 10, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Adolfo Ochoa Moyano, reportero de El País

Hoy las personas tienen, como mínimo, dos personalidades: una real y otra que venden y alimentan a través de las redes sociales. El que esté libre de pecado, que lance el primer ‘toque’.

¿Quién no ha dedicado los post del muro de su Facebook a un amor ingrato durante todo un día? ¿Quién no ha creado álbumes infinitos de vacaciones en las que sólo se le ve sonriendo y recién salid@ del gimnasio? Desde que el ‘boom’ de las redes sociales explotó en el mundo, es común que los usuarios las usen para contarles a sus ‘amigos’ en el planeta entero su estado de ánimo, en qué va su relación amorosa o si empezó un nuevo empleo y cómo le ha ido hasta ahora. Incluso, hay adolescentes que convierten su estado en Facebook en una especie de itinerario de dónde están, cómo están y para dónde van.Expertos en temas de Internet, como Víctor Solano, explican que tanto tiempo dedicado a las redes sociales hace que muchos creen un alter ego que funciona según las dinámicas digitales.Un estudio de la compañía de Internet Interactive Advertising Bureau revela que el 61% de los cibernautas entre los 18 y 55 años usan redes sociales a diario, siendo Facebook la página más visitada, con el 82% de preferencia y con el único objetivo de entablar relaciones personales.De hecho, Colombia es el país más ‘amiguero’ de Latinoamérica. De acuerdo con la agencia internacional de medios UM, mientras el promedio de amigos de una persona en el resto del continente es de 52, en nuestro país es de 88.Y esos análisis además arrojan datos importantes como por ejemplo que en comparación con el resto del mundo, los latinos son quienes más usan las redes sociales para hablar con amigos y menos para temas de trabajo.“En Latinoamérica es claro que lo que más nos gusta es el chisme y los contactos con los amigos”, explica Beatriz Polo, planeadora estratégica de UM, después de lanzar el informe. Por esa razón, expertos en psicología como Silvana Ianinni dicen que ahora que la comarca no es el límite, que puedo ser amigo de miles, que mis palabras pueden ser leídas hasta en Mongolia, es simple crear una versión 2.0 de uno mismo: exitosa, profunda, atractiva, deseable o pretenciosamente intelectual. ¿Cuál es su personalidad web?El amargadoCaza pelea con el que sea. Por lo que sea. Cuando sea. Todo, para él o ella, es motivo de ira e intenso dolor, desde el carrusel de las contrataciones hasta el nuevo video de Shakira. Es el caso de una cibernauta que ha hecho un nombre en la red a pulso de insultar sin piedad a todo aquel que se cruce en su camino, incluido Vladdo, el caricaturista de la Revista Semana, a quien llama ‘Aleido’ y lo insta a “salir del clóset” cada vez que él comenta algo en su cuenta de Twitter. Esta anónima ha peleado con ex presidentes, blogueros y periodistas. De eso vive, al menos en la red. Para la psicóloga Silvana Ianinni, esta es su manera de relacionarse: “Tal vez el amargado no tenga muchos amigos en su vida real y las peleas sean la única manera de recibir atención”. El hiperexitosoPara el periodista experto en redes sociales Carlos García, la red es el medio más propicio para los que quieren tener una vida paralela en la que son exitosos, en la que muestran su mejor ángulo eligiendo milimétricamente cada foto, en la que son amados y tenidos en cuenta. La razón es que muy pocas veces hay conversaciones directas en Facebook o Twitter, sólo un monólogo que dice: vean qué bueno soy. “En la red hay muchas maneras de controlar lo que quiero parecer”, dice García. Pero no sólo es soledad lo que impulsa a estos personajes, sino el afán de hacer negocios: un corredor de bolsa caleño que prefirió omitir su nombre, confiesa que se muestra en las redes como un gran jugador de golf y un experto en gastronomía para atraer a posibles clientes. El incontinenteLo comparan con un vendedor de autos usados o con el presidente de un país vecino: realmente no se calla. Escribe de todo. Todos saben qué almorzó, a dónde viajó, cuántos minutos lleva en el trancón y qué cosa ‘genial’ acaba de leer. No siempre son detestables. Para la muestra, el periodista Andrés Grillo, quien nunca se desconecta ni pierde oportunidad de publicar (aunque vaya en un taxi), y confiesa que a veces madruga sólo para escribir en redes. Sin embargo, sus comentarios y sugerencias sobre infinidad de cosas tienen tanta acogida, que se ha vuelto un ‘cazador de tendencias’ seguido por muchos. El docente de la Javeriana de Cali, Jorge Manrique, explica que la excesiva frecuencia de publicaciones es sólo una manera moderna de atraer la atención sobre sí.El intelectualoideLo reconocerá por las profundas frases de Oscar Wilde, Mark Twain y Shakespeare que publica, y que tienen el único objetivo de ‘descrestar’ a los más sugestionables. Desde el colegio, este tipo de individuos ansiaban sentirse especiales citando libros y autores que “nadie del común leía”. Ahora que sus viejos amigos no están allí para reafirmar esas supuestas cualidades intelectuales, el nuevo escenario para maquillar su ‘yo’ son las redes sociales. ¿Depresión profunda o una necesidad apremiante de conectarse con los demás? Hay de todo. La psicóloga Margarita Concha explica que estos casos esconden una gran egolatría, pues estos individuos “buscan a toda costa la rearfirmación de su condición intelectual”, así no lean ni las etiquetas de la leche. El exhibicionistaMuy pocas cosas quedan para la imaginación cuando un exhibicionista descubre las redes sociales. Si lo agregó a su Facebook o lo sigue en Twitter, prepárese para saber de primera mano lo indecible: preferencias sexuales, gustos en ropa interior... y más. Mucho más. Ese es el caso de Tatiana. Ella se declara hipersexual y por eso cada día publica sugestivas fotos suyas (muchas veces sin prendas) o detalla encuentros íntimos sin mejillas sonrojadas. El experto en multimedia y redes sociales Jorge Rivero, explica que cuando una persona decide exponerse a ese nivel en las redes se escuda en el anonimato que ofrece Internet. “Aunque usen un nombre real, muchas personas no te conocen o no saben de dónde eres. Así es fácil provocar. Su discurso de fondo es “miren y hablen de mí”.La plañideraLe dicen caja de pollos (por quejumbrosa). Y cada que pueden la mandan donde la mamá, que es “la única que se la aguanta”. Y es que Nicole, una universitaria de 22 años, pasa más tiempo llorando que comiendo, dicen sus amigos. En broma comentan que se queja tanto en redes sociales de su vida sentimental, que ya hay una campaña de recolección de firmas para que no le regalen el portátil que pidió para su cumpleaños. Cada vez que cambia de romance es lo mismo: canciones ‘corta venas’ en el muro de Facebook y frases de desamor que desconciertan a todos. La psicóloga Silvana Ianinni dice que este tipo de personas usan las redes sociales como paño de lágrimas para ser el centro de atención. “Ruegan que alguien les recuerde que son únicos y especiales”. El más popular de la cuadraTienen 4.234 amigos en Facebook. En Twitter los siguen más de 2.000 personas. Admiten que no conocen cara a cara ni siquiera al 10% de estas personas. Muchos de esos supuestos ‘amigos’ ni siquiera cruzan palabra con ellos, pero eso no importa, con tal de cumplir la meta de agregar a dos personas por día. Este comportamiento, según el consultor en temas digitales Víctor Solano, es comparable al de un exhibicionista: quieren que miles de personas, así sean completos desconocidos, sepan de sus actividades. Solano dice que también hay mucho de voyerismo en esta conducta compulsiva. “Así como quiero que me vean, yo también quiero mirar. Quiero ver fotos, quiero saber quién sale con quién. Es una suerte de ganas de contarlo todo pero de saberlo todo al mismo tiempo”. Favor: no publicarChismes de su trabajo. Si está enfadado con su jefe o se está ausentando de manera injustificada de su puesto de trabajo, no hable de ello en las redes sociales. Evite a toda costa escribir sobre sus problemas laborales, podría perder su empleo.Fechas de vacaciones Muchos ladrones admiten estar muy atentos a las redes sociales para perpetrar sus asaltos. No dar payaya es la clave.Rutinas diarias. Si revela por ejemplo sus horas de entrada y de salida del trabajo, o el restaurante en el que suele almorzar, puede convertirse en el blanco de criminales que acechan la red.

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