Y después de la firma del acuerdo de paz con las Farc, ¿qué?

Y después de la firma del acuerdo de paz con las Farc, ¿qué?

Diciembre 31, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Eduardo Álvarez Vanegas / Coordinador del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz
Y después de la firma del acuerdo de paz con las Farc, ¿qué?

Los miembros del Gobierno Nacional durante la firma del acuerdo sobre víctimas en La Habana.

El analista Eduardo Vanegas expone diferentes escenarios que pueden surgir en el país, tras finalizar el proceso en Cuba.

De cumplirse el cronograma acordado entre el presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las Farc, Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, el próximo 23 de marzo será sin duda un día histórico. Un día en el que se firmará el acuerdo que eliminará la lucha armada como herramienta política para miles de hombres y mujeres, pero que al mismo tiempo nos traerá muchas incertidumbres.  Y no es para menos: la implementación de los acuerdos será un largo camino que tendrán que recorrer los territorios más golpeados por un conflicto armado que podrá mermar mas no cesar y donde con seguridad habrá bloqueos, resistencias y riesgos para la paz. Un primer riesgo serán las economías criminales que giran alrededor del tráfico de cocaína, la minería ilegal, el tráfico de madera, el tráfico y trata de personas y el contrabando, entre otros, y que se mantienen gracias a las capacidades innovadoras y adaptativas de empresarios criminales o de bandas criminales y estructuras de grupos guerrilleros. Estas son un riesgo que afectarán la seguridad de desmovilizados de las Farc, sus familias y comunidades. Además, han llegado a tal nivel de maduración que en diferentes regiones del país –Catatumbo, Bajo Cauca, litoral Pacífico, por ejemplo– parecen estar más preparadas para un escenario de posacuerdos que el mismo Estado. Sumado a lo anterior, algunos territorios quedarán vaciados de poder, por lo que no nos deberá extrañar que otros grupos armados como bandas criminales, ELN, potenciales disidencias de las Farc y redes criminales transnacionales que tienen presencia en Colombia busquen transferir capacidades y copar esos espacios.  En esa medida, cabe preguntarse por las reales capacidades del Estado para contrarrestar este riesgo.  ¿Estará preparado para llenar aquellas brechas institucionales, de seguridad y autoridad que requerirán los acuerdos para ser implementados, mediante medidas de estabilización que generen un dividendo en seguridad? Pero no todos los riesgos se pueden reducir a los actores armados tradicionales y sus economías de guerra. Hay otros con apariencia de legalidad por lo que quizá el saboteador más preocupante pero del que menos se habla será la combinación entre poderes locales, corrupción y las burocracias de la implementación. Una mirada desprevenida a cómo se ha construido el Estado en los territorios de la implementación deja ver que los poderes locales han personalizado y parroquializado el poder a tal punto que han sido, en gran medida, los responsables de mantener desarticuladas estas zonas del territorio nacional para conservar el poder político y económico. A esto se suma que los lazos de sangre, linaje y compadrazgo han determinado la forma para hacer la política real, acceder y administrar recursos públicos. En últimas, los poderes locales han fabricado una forma del ‘ser Estado’ en lo local que seguramente verán en la paz otro botín más; no para movilizar medidas modernizantes y democratizadoras, sino como una alcancía para reproducir y mantener sus estructuras de poder. En esta medida, la sociedad civil en estos territorios deberá ejercer una activa veeduría y entre más cohesionada y vigilante esté, se convertirá en vehículo para los cambios que el país requiere. Ahora bien, las burocracias de la implementación en los territorios –a través de presupuestos, programas, proyectos, por ejemplo– no escaparán de los poderes locales tradicionales.  Históricamente, estas burocracias han sido la viva representación del Estado local, las que han moldeado las relaciones ciudadanía-Estado y las que han administrado lo público en beneficio de pocos intereses privados; en gran medida porque están integradas y dirigidas por representantes de los poderes locales que han bloqueado los tipos de cambios que buscan los acuerdos de La Habana. ¿Escapará, por ejemplo, la reforma rural integral de esta realidad política y cultural? Por otro lado, queda por plantear una seria discusión acerca de las milicias farianas, los potenciales riesgos que significarían para la seguridad rural y urbana, la reproducción de ciclos de violencia y, por consiguiente, del tratamiento que se las dará. ¿Serán sujetas de alguna medida para su tránsito de la clandestinidad a la vida pública? De igual forma, es imprescindible repensar las relaciones entre Estado y sociedad en especial en aquellas regiones donde la representación más común del mismo ha sido la bota, el fusil y el camuflado.  Sin desconocer la labor de las Fuerzas Armadas en la recuperación de la seguridad en los últimos 15 años, para nadie es un secreto que estas relaciones también han estado mediadas por la estigmatización hacia poblaciones y por otras formas de violencia, unas más extremas que otras, que en todo caso hacen que en los territorios de la implementación, el Estado sea deseado pero al mismo tiempo temido. Es, pues, normal que toda firma de una negociación traiga estos riesgos e incertidumbres que por definición también son la cara de oportunidades latentes. Y caerá sobre los hombros de las instituciones de la implementación, de la sociedad civil, empresarios, academia y la comunidad internacional para que esta oportunidad de un país distinto no vaya a ser la repetición de una tragedia pero esta vez como comedia, tal y como lo enseñó Marx. 

Eduardo Álvarez Vanegas

Estudios: Coordinador del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de la Fundación Ideas para la Paz.

Magíster en antropología socio-cultural de la Universidad de Columbia (Nueva York, EEUU) y politólogo de la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá, Colombia).

 

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad