"Se debe acabar la paciencia para la guerra, no para la paz": Ángela Robledo

"Se debe acabar la paciencia para la guerra, no para la paz": Ángela Robledo

Marzo 28, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo | Reportera de El País

Ángela Robledo, copresidenta de la Comisión de Paz de la Cámara.

La representante Robledo dice que los ministros de Santos están muy poco comprometidos con el proceso con las Farc.

Ojalá pudiésemos tener la firma del proceso de paz este semestre, pero si nos hemos demorado tanto para hacer la guerra, hay que darle tiempo a  la paz”. Esto lo asegura la representante a la Cámara por la Alianza Verde, Ángela Robledo, quien, como copresidenta de la Comisión de Paz de esa Corporación, está convencida de que es preferible “una firma con plenas garantías para los dos lados de la Mesa y para los colombianos, a precipitarnos frente a aspectos tan delicados como los que se discuten ahora en La Habana”. Para esta sicóloga defensora de los derechos de  las mujeres y las víctimas del conflicto, “llegó el momento de que el presidente Santos tenga un gabinete diverso, regional y con hombres y mujeres con mayor capacidad de comunicarse y entender lo que es el pueblo colombiano”. Sobre esos temas y las razones por las que aún no se formalizan los diálogos públicos con el ELN, la congresista  habló con El País. Se ha especulado mucho sobre por qué el ELN no se decide a saltar a las negociaciones formales, ¿cuál diría que es la  razón real? Creo que las dificultades no son solo del ELN, también del lado del Gobierno. Esto es una negociación y en la mesa de exploración ha habido falta de claridad. El punto que parecería de enorme tensión es que el ELN demanda la participación de la sociedad civil y hay que encontrarle una salida política y metodológica al tema,  diferente de la mesa Farc-Gobierno, donde la negociación se aisló de lo que estaba ocurriendo en el país. El otro tema es el lugar donde va  a funcionar la mesa, porque eso corre por condiciones políticas en Venezuela, que vive un momento muy complejo, y porque hay gente en Colombia que quiere olvidar o minimizar el rol que ha cumplido Venezuela tanto en las negociaciones con las Farc como en esta fase de exploración con el ELN. Quizá una mesa que funcione en ocasiones en Venezuela y otras en Ecuador pueda ayudar a bajar las tensiones. Pero a los colombianos  se les está acabando la paciencia y el ELN insiste en hacerse sentir, sabiendo que sin  ellos no habrá una paz completa… En este país se debería acabar la paciencia para la guerra y no para la paz. Claro que ha habido actos de agresión y de violencia muy fuertes de parte del ELN, pero también ha habido confrontación del Ejército y no hay que olvidar que en esas condiciones, sin cese unilateral, inició la negociación con las Farc, pero hemos señalado que ojalá la mesa de formalización con el ELN se pueda iniciar al menos con un cese bilateral que facilite el clima de negociación y le  devuelva algo de confianza al pueblo colombiano.   Hablando de las Farc, ¿cuándo cree que se podría firmar la paz,  ya que no fue el 23 de marzo? En este momento hay dos puntos clave de la  agenda sin resolverse, el de las zonas de concentración, y lo que ha venido ocurriendo el último mes en Colombia y  es que 32 líderes sociales han sido asesinados en medio de señalamientos de emergencia de fuerzas paramilitares, lo que es un factor de inseguridad absoluta para las Farc, que han dicho que no quieren que se repita  el genocidio de la UP. Uno  esperaría que la reunión con Jhon Kerry haya sido un hecho importantísimo para la negociación, no solo en términos simbólicos, y que, hablando con el deseo, pudiésemos tener esa firma en este semestre, pero si nos hemos demorado tanto para hacer la guerra, hay que darle tiempo a  la paz.   Es preferible una buena negociación y una firma con plenas garantías para los dos lados de la mesa y los colombianos, a precipitarnos frente a aspectos tan delicados como los que se  están discutiendo en estos momentos en La Habana. ¿Pero será que la reunión con el secretario de Estado John Kerry sí  pudo ayudar a destrabar temas como el de las zonas de concentración? El mecanismo de verificación y monitoreo de los tres componentes, que son cese el fuego, cese de hostilidades y dejación de armas lo va a analizar el Consejo de Seguridad, lo que ya no es un hecho simbólico, sino que está atado al documento que está elaborando Naciones Unidas para determinar cuál va a ser la metodología, y que la mesa determine dónde van a estar esas zonas, entonces también es un tema jurídico y muy importante  no solo para la guerrilla y el Ejército sino para los pobladores de Colombia, que es el de la seguridad. Entonces creo que parte de la  conversación con Kerry pudo tener relación con ese mecanismo, que fue solicitado de manera conjunta. Y creo que tiene un enorme valor porque el de las zonas de concentración no solo va a ser un asunto de  si hay ataques o acciones ofensivas, sino que allí también se van a ir tejiendo las relaciones entre un país de victimarios y víctimas. Usted  ha dicho que al Gobierno le falta hacer  pedagogía sobre la  paz, ¿‘La conversación más grande del mundo’ cumple ese propósito? Creo que el país ha confundido el instruir sobre el proceso de paz a hacer pedagogía sobre él. La pedagogía es una relación con otro y siempre se establece en el marco del diálogo, y lo que siento con ‘La conversación más grande del mundo’  es que es un mensaje que da el Gobierno a la ciudadanía, pero no hay un diálogo ni reacciones de la ciudadanía de manera masiva. ¿Cómo vencer la apatía de los colombianos frente al proceso de  paz a esta altura de los diálogos, cuando hay tanta desinformación? Parte de lo que hace un proceso pedagógico es entregar información clara, contundente,  pero debe ir acompañada de debate, de diálogo, y yo diría que los  grandes medios de comunicación deberían asumir el compromiso, sin renunciar a su  tarea de ser críticos y de mostrar escepticismo, de ayudar a identificar los temores que  tienen fundamento y dónde hay mentiras que distorsionan el sentido de lo que se está haciendo. Lo otro fundamental es trabajar las emociones, hay tantos temores, odios y resentimientos totalmente explicables, pero si Colombia logra hacer una especie de catarsis colectiva con ellas, incluso desde la conversación cotidiana, todos podemos ayudar a hacer esa pedagogía, que también es  responsabilidad de las autoridades locales, de las escuelas, de las organizaciones sociales y de los políticos, no solo para saber cuáles son los acuerdos sino para imaginar  qué país podemos ir construyendo. ¿Qué siente como legisladora cuando aprueba leyes para abrirle camino a la paz y las Farc muestran su desacuerdo con ellas? Uno entiende que el Gobierno quiere crear una institucionalidad legislativa que vaya abriendo espacio ya sea a esa Comisión Legislativa, a unas facultades extraordinarias para que Santos pueda poner en marcha los acuerdos y en la Ley de Orden Público,  que  venía como la había presentado el Gobierno y de pronto, por el acuerdo con Uribe, se traicionó un punto de  negociación en La Habana y era que esos lugares  no iban a  ser cárceles de cielo abierto. Entonces, lo que nos toca como legisladores es entender que esto no es de tonos claros y oscuros sino ver los grises que a veces hacen compleja la tarea legislativa, pero lo que hemos votado lo hemos hecho pensando que puede facilitar la tarea y no obstaculizarla, sobre  todo los que desde hace cinco años venimos diciéndoles sí a la negociación  con ELN y Farc. ¿Entonces usted  votó favorablemente todos esos proyectos? En del plebiscito estuvimos a  favor, pero dejamos una constancia de que ojalá se convirtiera en  un mecanismo bilateral. En el de Orden Público también dejamos constancia de que era uno de los puntos que no estaba claro en la mesa, cuando se  dice que no estén ubicadas en zonas donde  haya población civil. Y en la reforma electoral para la Comisión Legisladora Especial he planteado que, como son doce cupos que no se ha definido para quiénes son -pero que estaría  conformada por la Comisión Primera  de Senado y Cámara y doce puestos más-, sí las Farc dejan las armas, algunos de sus integrantes más significativos podrían hacer parte de ese mecanismo de implementación, porque, ¿qué les va a garantizar a ellos que se van a respetar los acuerdos? Cambiando de tema, ¿cree que la mala hora que está viviendo el Presidente debido a distintos problemas del país también lleva a que los cuidanos le pierdan el interés a la paz,  su bandera de gobierno? A los gobiernos de los partidos tradicionales les ha faltado coherencia y gobernar en función del bien público. No es solo Santos, también es un legado de Álvaro Uribe, pero es verdad que en Santos se nota más porque su mensaje es el de la paz. Pero si se acaba la guerra, los que ganamos somos los colombianos,  esto  no es asunto de Santos. La paz que seguramente quiere Santos es una paz muy distinta a la que necesitan los  campesinos, los afros y las personas que viven en condiciones de total desigualdad. Hay que  exterminar este conflicto para poder acometer los principales problemas de Colombia y lo que ha significado que la salud, la educación y la vivienda hayan terminado convertidos  en mercancías y no en derechos fundamentales. ¿Y es de los que cree que la solución para superar esa mala hora está en  un revolcón ministerial? Yo creo que  Santos tiene una enorme incapacidad de comunicarse  con las necesidades de los colombianos y las colombianas, entonces no se trata de que se vuelva populista sino que cree mecanismos que le permitan conocer de  manera más profunda lo que está ocurriendo en Colombia. Fruto de eso fue lo que pasó cuando ‘Este paro no existe’ y la famosa revolución de las ruanas, o hace poco, cuando todo el mundo decía que íbamos a un apagón o a un  racionamiento, y Santos decía que aquí nada de eso estaba pasando. Entonces sí creo que esto tiene que ver con el equipo de trabajo de Santos, que sí es de personas calificadas, con muchos diplomas,   pero también muy lejano de la Colombia de color. El gabinete de Santos no tiene nada que ver con las expresiones regionales y populares de la Colombia profunda. Además, creo que los ministros que tiene  muy poco se han comprometido con el proceso de paz. Llegó el momento de que tenga un gabinete diverso, regional, con hombres y mujeres con mayor capacidad de comunicarse y entender lo que es el pueblo colombiano.

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