¿Qué tanto futuro tiene el voto de los cristianos en el proceso de paz?

Octubre 17, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Olga Lucía Criollo | Reportera de El País
¿Qué tanto futuro tiene el voto de los cristianos en el proceso de paz?

Las multitudinarias marchas que se realizaron en varias ciudades del país, como Barranquilla, en contra de las cartillas del Ministerio de Educación se convirtieron en un contundente antecedente de la forma como iban a votar los cristianos en el Plebiscito por la Paz.

Según expertos, si bien los evangélicos sumaron mucho al No al Plebiscito, su éxito en política se da cuando se unen a otros partidos, no como opción independiente.

“Reiteramos la necesidad de estimular los valores de la familia, sin ponerla en riesgo. Los valores de familia, defendidos por nuestros líderes religiosos y pastores morales”.

Para muchos, estas palabras, incluidas en el discurso que pronunció el expresidente Álvaro Uribe Vélez  la noche del 2 de octubre, al conocer el triunfo del No en el Plebiscito por la Paz, confirmaron lo que ya era un secreto a voces: que muchas iglesias cristianas le habían dado el Sí a quienes se oponían a la refrendación de  los acuerdos entre el Gobierno y las Farc.

No obstante, algunos analistas van más allá y aseguran que los votos provenientes de ese caudal de feligreses resultó definitivo para que la balanza se inclinara hacia el No, máxime cuando la diferencia final entre quienes aprobaron el plebiscito y los que no fue de poco más de 50 mil sufragios.

“Hubo un rol decisivo de las iglesias cristianas, que saben hacer votos, contar los votos”, le dijo a El País con tono de indignación la representante a la Cámara Ángela Robledo.

Y aunque los líderes de varias de esas congregaciones se niegan aceptar que su No haya obedecido a una decisión política, la vocera del Partido Alianza Verde no es la única que piensa que hubo una  marcada coincidencia entre la votación del plebiscito y el apoyo que el Centro Democrático, liderado por el hoy senador Uribe Vélez, le dio a la cruzada religiosa q ue tres meses atrás se levantó en contra de las cartillas del Ministerio de Educación que hablaban de la ideología de género.

También lo considera así el profesor Rubén Sánchez, politólogo de la Universidad del Rosario, quien asegura que en las redes sociales “se muestran discursos de algunos pastores, principalmente evangélicos, no solo desinformando a la comunidad, sino asustándola con cosas ridículas” al respecto.

Máxime, dice, cuando ideología de género es un término “absolutamente erróneo desde el punto de vista teórico y práctico. “Uno puede hablar de cultura de género, de enfoque, pero ideología de género no existe”.

Ahora bien, para los expertos la cuestión no se queda en un simple pago de favores, sino que corresponde al poder electoral que han ido acumulando varias de las 5600 iglesias cristianas que están registradas en el Ministerio del Interior y que solo en la Confederación Evangélica de Colombia, Cedecol, reúne a diez millones de personas en todo el país.

“Sobre todo en los pueblos donde la gente sigue estando dominada por este tipo de creencias, esto es un factor de poder muy grande,  poderosísimo para manejar a la población”, agrega Sánchez.

Pero para el profesor de ciencias políticas de la Universidad de La Sabana, Cristian Rojas, ese “despertar electoral” de integrantes de credos evangélicos o protestantes es evidente e importante, pero no nuevo. De hecho, sostiene que, como cualquier partido, ya han tenido reveses, como ocurrió en los últimos comicios para el Congreso de la República, cuando varios candidatos cristianos resultaron ‘quemados’.

“Lo que sí es cierto es que es un voto dirigido, comprometido, es decir que se puede captar rápidamente a un grupo a partir de sus pastores, lo que lo convierte en un grupo ideal electoralmente porque es fácil de manejar”, explica el politólogo.

Otra cosa piensa Luisa del Río, pastora de la Iglesia Misión Carismática, para quien el tema de las cartillas “unió a todo el pueblo cristiano de Colombia, a uribistas y no uribistas”, en “marchas  sin color político” y sus congregados “ejercen de manera libre su derecho al voto”.     

Lo que los antecedentes muestran es que cuando las iglesias  cristianas han tratado de crear sus propios movimientos políticos, como en el caso del Compromiso Cívico Cristiano con la Comunidad, C4; o la Iglesia Nacional Cristiana, los resultados no han sido tan positivos como cuando se suman a partidos políticos ya existentes.  “El Mira  casi se queda sin la personería jurídica. Sino es porque sacó una  curul de Cámara, se queda por fuera del escenario político, porque no sacó a nadie para  el Senado”, afirma Rojas.

En cambio, otra ha sido la historia del  Partido Nacional Cristiano, que pasó a ser parte de Cambio Radical, después llegó al liberalismo y finalmente se estacionó en el Centro Democrático.

“Es la Iglesia Carismática Internacional, el partido de Claudia Rodríguez, que ya no está, pero que ahora tiene otros líderes,  y del pastor  César Castellanos, un grupo muy fuerte y comprometido totalmente con el uribismo. De hecho, tiene concejales y representantes a la Cámara y ha tenido senadores”, dice el experto de la Sabana.

Y esa  unión se hizo más evidente de cara al plebiscito, porque, al ser una elección de Sí o No, los cristianos no estaban repartidos en diferentes partidos, amén que se trabajó la idea de que el acuerdo de La Habana incluía la ideología de género contra la que ellos habían batallado semanas atrás.

Sin embargo, si bien para los expertos no hay duda de que, dada lo cerrada de la  votación, “sin el apoyo de estas organizaciones en el plebiscito no habría  triunfado el No”,  nada garantiza que su peso vaya a ser igual de determinante en  las elecciones del 2018.

Eso sí, para los analistas es claro que el uribismo aprovechó la reciente coyuntura para acercarse a nuevos grupos cristianos a los que   seguro seguirá “cuidando” con detalles como el del discurso del domingo pasado. 

Pero  no todas las figuras cristianas sobresalientes están en el Centro Democrático, lo que sin duda animará la contienda al interior de esas iglesias. También está Viviane Morales, que se destaca en el liberalismo, que a su vez hace parte de la Unidad Nacional, y Jimmy Chamorro, que fue elegido directamente por el partido de la U.

 Y a ellos se suma Ángela Hernández, la diputada de Santander que encendió la polémica por las cartillas del Mineducación. “Ahora ella está en la Unidad Nacional, pero si lo sucedido marca un distancimiento grande con el Gobierno es posible que llegue al uribismo”, señala Cristian Rojas, a lo que suma que el exprocurador Ordóñez, pese a ser católico, también estaría haciendo acercamientos con varios líderes cristianos.

En Cali

“Estoy de acuerdo con que el voto de las iglesias fue determinante, pero desde el punto de vista humano no hay explicación:  fue un milagro de la oración”, dice el pastor José Braun, líder de la iglesia Cristo el Rey, de Cali, sobre el triunfo del No.

Y asegura que, en la gran mayoría se trató de “un voto muy personal y muy a conciencia”.

Según él, en la ciudad hay entre 500 y 800 iglesias que congregan a  200 o 300 cristianos cada una.

Asegura que ni él ni su iglesia tienen filiación política, pero reconoce   que de la mano de la Constitución del 91 surgieron varios movimientos políticos cristianos.

“Uno de los líderes significativos de Cali es José Fernando Gil, que milita en una iglesia evangélica. Él sale ahora del Concejo y lo reemplaza otro gran creyente, Henry Peláez”, dice al rechazar que a quienes votaron por el No se los identifique con el expresidente Uribe.

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