¿Qué le dejó al país la polarización entre el Sí y el No?

Octubre 02, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Manuela Rubio Sarria | Reportera de El País
¿Qué le dejó al país la polarización entre el Sí y el No?

Los ciudadanos que van por el Sí y los que van por el NO en el plebiscito por la paz se tomaron las calles de diferentes ciudades de Colombia para hacer campaña.

La polarización y la poca tolerancia marcó la campaña del plebiscito que agitó a toda Colombia. Análisis.

Desde la Asamblea Departamental del Valle del Cauca, en Cali, Jorge Eduardo Barajas, un ecologista y abogado santandereano, emprendió el pasado 12 de septiembre un recorrido a pie y en bicicleta hasta Bogotá con un objetivo: promover el Sí en el plebiscito del 2 de octubre. Justo ayer, después de 20 días, llegó a la capital: salió a las 8:30 a.m. desde Soacha hasta la Plaza de Bolívar. 

En su trayecto pasó por 11 municipios de Colombia. Por sus parques principales, interrumpiendo charlas para hablar del Sí, acercándose a eventos y reuniones políticas con la esperanza de que la gente que asistiera encontrara en él a un ejemplo. “Si un hombre decidió caminar casi 500 kilómetros para votar Sí, es porque debe tener razones de peso”, reafirma él por teléfono enfatizando en las razones que lo han llevado a caminar y caminar haciéndole su propia campaña al Sí: “Primero esto es una coyuntura histórica para redireccionar el destino de Colombia. Segundo, nadie tiene el derecho de negarle a un niño un país en paz. Y por último, aunque parezca obvio, es mejor la paz que la guerra”.

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Aunque en el recorrido no tuvo altercados graves y nadie le pegó por defender la postura que iba defendiendo, cuando llegó a Armenia sí se encontró con cosas como por ejemplo la que le escuchó decir a un señor que juraba que después del 2 de octubre, “si un policía o un soldado mataba a un exguerrillero, a ese soldado o policía le van a dar pena de muerte…” Cosas así escuchó en este país que, en la sinrazón, de arriba hasta abajo llega polarizado a las urnas. Y no solo a través de caminatas solitarias. Los noticieros y periódicos de los últimos días ya han ido contado la historia.

Christian Garcés Aljure, por ejemplo, representante legal del Comité Ciudadanos del Valle por el No, ha viajado por la región en compañía de activistas independientes y ciudadanos convencidos de esa opción, con quienes ha hecho campaña y presencia en distintivas actividades y reuniones. Han estado en universidades, foros, en conversatorios y han hecho debates. “Estamos haciendo una promoción respetuosa. Cuando los ciudadanos tuvieron la oportunidad de conocer los detalles negativos del acuerdo, tomaban la decisión del No”, asegura Garcés.

Rafael Silva Vega, director de la Maestría en Estudios Sociales y Políticos de la Universidad Icesi, dice que si bien la confrontación de ideas y la oposición política es algo natural en la democracia, lo grave de este caso es que la polarización actual está marcada por el dogmatismo en la defensa de las ideas: no poder asumirlas de manera crítica y reflexiva. El fanatismo moral. “La gente no aguanta más. Y ese mismo hastío puede llevar a la gente a rechazar a otros muy vehemente”, explica Silva.

Todos los días en Twitter se enfrentan etiquetas entre el Sí y el No, que abre  el debate en redes con argumentos y en ocasiones con insultos y fanatismo. Lea también: Twitter, polarizado con la firma de la paz con las Farc

Por estos días, dando vueltas por internet, hay decenas y decenas de videos publicitarios respaldando uno y otro lado de la vida en plataformas como YouTube. En Twitter, mientras tanto, hay una ‘guerra’ constante de etiquetas como #QuieroLaPazVotoNo #LaFeliSIdad #Este2deOctubreVotoSí o #PlebiscitoConRespeto. Facebook, a su turno, va plagado de FanPage a favor del sí y el no, imágenes, frases y videos que abren debates sin fin entre usuarios que de amigos pueden pasar a enemigos a punta de likes.

Germán Ayala Osorio, comunicador social, politólogo y docente de la Universidad Autónoma de Occidente, explica estas reacciones como “el empobrecido sentido de la democracia que existe, es decir, el no considerar la opinión ajena, no respetar el argumento distinto, aquel que tiene una opinión diferente y que seguramente nos pone en crisis nuestras certezas, ahí está el sentido de la polarización”

La polarización sobre el plebiscito dio vida a un nuevo debate sobre las mentiras creadas por ambos lados de la campaña para buscar votos.

El director de la maestría en Estudios Sociales del Icesi, Rafael Silva, dice que en toda esta polarización los medios de comunicación también llevan buena parte de responsabilidad: “Algunos medios no han sido capaces de llamar a los ciudadanos a mirar los fenómenos políticos de manera crítica sino de manera dogmática y esto trae efectos negativos: la exacerbación de la violencia simbólica y a veces hasta física”.

Para Héctor Alonso Moreno, doctor en Ciencias Políticas y docente de la Universidad del Valle, la polarización no tiene fin, y va a continuar “porque el acuerdo tiene dos temas complicados: tierra y justicia transicional, por la expropiación de millón y medio de tierras adquiridas de manera ilícita, cosas que tocan intereses particulares. Todos los actores que han incidido en el conflicto, tendrán que ir a presentarse al Tribunal...”

 El profesor Silva termina de reflexionar a partir de una escena que para él representa el signo más evidente de la polarización:  el momento en que un ciudadano se sube a un taxi, o está en el supermercado o la cafetería, o se encuentra con alguien –incluso un familiar- y recibe la alerta verbal: “si vamos a hablar, que no sea de política ni de religión, porque no nos vamos a entender y vamos a terminar enojados”. 

¿Cómo es posible –se pregunta el profesor universitario- que en una democracia, un ciudadano se niegue a hablar con su conciudadano sobre política? 

La semana pasada, en una entrevista que le concedió a este periódico, Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral, MOE, ya lo había dicho con claridad: “Estamos viendo con muchísima tristeza los niveles de polarización e intolerancia en que estamos dando la discusión sobre un tema que pone de telón de fondo la palabra paz...  Nuestra incapacidad de argumentar verbalmente se traduce en el argumento de las armas, es decir, de la eliminación del pensamiento contrario...”.

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